El amanecer en la ciudad era una mezcla de tonos dorados y grises que se filtraban a través de los enormes ventanales de la oficina de Sebastián. Había pasado la noche trabajando, revisando informes confidenciales que Santiago había entregado horas antes. Sebastián estaba decidido a descubrir cada detalle del movimiento de Nicolás Ferrer, pero lo que encontró lo dejó helado. — ¿Estás seguro de esto? —preguntó Sebastián, su voz firme, pero con una nota de incredulidad. Santiago, que permanecía de pie frente a él, asintió con cautela. — Todo está aquí, señor Montenegro. Nicolás Ferrer no es solo el rostro visible de Ferrer Industries; hay un entramado detrás de él. Es un inversor estratégico en varias empresas de tecnología y finanzas que, hasta ahora, habían pasado desapercibidas. Pe

