Los días pasaron; Camila no se quedaba con los brazos cruzados y Sebastián la seguía cada vez más de cerca. La oportunidad llegó en una reunión familiar organizada por los Montenegro, un evento anual donde los socios y aliados de la empresa se reunían para celebrar los logros del año. Camila, vestida con un elegante traje sastre blanco que resaltaba su figura con gracia. Algo que le dio confianza. Caminó con la cabeza en alto entre los invitados. El aroma de perfumes caros llenaba el aire, y las risas contenidas resonaban en el amplio salón decorado con lámparas de cristal y arreglos florales exuberantes. Sebastián la observaba desde el otro lado del salón, claramente desconcertado por su actitud segura. En esta oportunidad no pudo evitar su presencia, estaban ambas familias y ante el

