La tomé en mis brazos, ardía en fiebre por lo que me asusté enormemente, un hombre se acercó corriendo al ver cómo mi pequeña perdía el conocimiento
¿Dónde hay médico?— pregunté con lágrimas en los ojos— mi pequeña se ha desmayado
Allá— señaló— permítame ayudarla
Toqué la puerta del médico, se me hizo eterno, mire a mi pequeña, sus mejillas estaban rojas y su piel más pálida
¿Diga?— dijo una mujer abriendo la puerta, no hable solo vio a mi hija—pase, pasen y déjenla ahí en camilla
La doctora, tomo la temperatura de mi hija mientras que yo sentía mi mundo arder, estaba de pie aún lado de ella removiendo mis manos nerviosamente las lágrimas caían sin parar
¿Estará bien?— pregunté sintiendo un nudo en la garganta
Parece que solo es fiebre, el cambio de temperatura hace que los niños se enfermen mucho— guardo su estetoscopio— le pondré compresas frías para bajar la fiebre
Salió dejándome sola con aquel hombre
Gracias por ayudarme— dije limpiando las lágrimas— no tengo mucho pero acepte esto— saque un billete de doscientos euros y se lo entregué
No es ninguna molestia— me regreso el billete
Lo miré fijamente, su rostro se me hacía familiar, esas pestañas negras tupidas, ojos grises y esa sonrisa juraría que la había visto antes
Levana— dijo mirandome de arriba abajo— ¿No me reconoces?
Perdón— dije sorprendida— pero no te conozco
Estaba claro que te olvidarás de mí— suspiro pesadamente— tal y como yo lo hice en Tarragona hace diez años en mi boda
Abrí los ojos sorprendida, el corazón se me detuvo por un instante
Ma...Mateu— tartamudee— ¿Eres tú?
Si, soy yo y vengo por ti— dijo tomando mis manos las cuales al estar en contacto con sus manos recibieron una descarga eléctrica
No, no puedes buscarme como sin nada cuando me negaste ante tu esposa, me humillaste— dije decepcionada— ¿Sabes acaso lo que me costó tu traición?— lo empuje con ambas manos— fueron dos años de terapia, intenté acabar con mi vida en más de dos ocasiones— negué con la cabeza levantando los brazos para que no me tocara— No deseo tenerte cerca, tu sola presencia me repugna
Levana yo...— mi hija me llamo desde la camilla
Me di la media vuelta, tragué saliva y entre a ver a mi hija
Mi amor— tomé sus manos para besarlas— ¿Cómo te sientes?
Estoy bien, aún que— me miró con sus ojos cristalinos— ¿Dónde está papá?
Me quede mirándola, no le había marcado a Trevor ante todo esto se me había olvidado hacerlo
Ya le marqué— conteste rápido— no tarda en venir, descansa aún tienes algo de fiebre
Salí esperando no encontrar a Mateu, en verdad que solo tenerlo cerca me daban ganas de cometer homicidio y para mí sorpresa se había marchado, tomé el celular tenía varias llamadas perdidas de mi esposo , ya eran las ocho de la noche era obvio que estaría preocupado
Bueno— escuché su voz— Levana, ¿Dónde están?, ya es tarde por favor ya vuelvan a casa
Estoy con Valeska en un consultorio médico— dije frotando mi brazo— le dió fiebre repentina cuando íbamos camino a casa y se desmayo
¿¡Qué!?— exclamó alarmado— ¿Dónde estan?, voy de inmediato para allá, pásame tu ubicación precisa
No dije nada, y solo pase mi ubicación, Trevor corto la llamada no sabía cómo reaccionaría al ver a nuestra hija así
Señora— dijo la doctora saliendo del cuarto donde estaba mi hija— su hija ¿Se enferma con frecuencia?
No, es la primera vez que esto ocurre ¿Debo llevarla a qué me hagan análisis médicos?
No, ya le dije que es por ser invierno y es normal que los niños se enfermen— suspiró— no debe preocuparse
Gracias doctora, mi esposo está por llegar y el le pagará— sonreí mirando por la ventana
No sé preocupe, no le estoy pidiendo el dinero si lo desea pueden quedarse más tiempo, su pequeña es fuerte y valiente— sonrío alejándose
Trevor llegó lo más rápido posible en taxi, ya que yo traía mi coche al verlo quise saltar a sus brazos pero recordé el día anterior y seguí con mi mismo estado de ánimo
¿Cómo está nuestra hija?— preguntó tomando mis manos— ¿Dónde esta?, quiero ir a verla
Está allá— señale la puerta— me ha dicho la doctora que está mejor
Trevor exhaló aliviado, beso mi frente y entro a ver a nuestra hija, fui caminando detrás de el y me quedé en el marco de la puerta viendo como abrazaba y cuidaba de nuestra hija
Hola mi amor— dijo besando la frente de Valeska— ya estoy aquí— beso su frente de nuevo— no dejaré que nada malo te pase
Ya estoy mejor papá— contestó con una leve sonrisa
Que bueno mi niña, ya nos iremos a casa para que descanses mejor— sonrío para mirarme— ¿Cuánto le debemos a la doctora?
No lo se— negué con la cabeza— creo ya viene, puedes preguntarle a ella
Trevor salió para pagarle a la doctora mientras yo me quedé con Valeska, le acariciaba el rostro
Mamá, ¿Quién era ese hombre?— preguntó girando un poco la cabeza hacia mi
¿El hombre que me ayudó a cargarte?— pregunté mirandola de vuelta
Si, te escuché hablar con él— cerró sus ojos—¿Es tu amigo?
Suspiré negando con la cabeza
Es solo un conocido, no es algo importante— exhalé pesadamente— ya se ha marchado
¿De dónde lo conoces?— preguntó
Solo te diré que es de España, te había platicado que antes de venir a Londres yo vivía allá,¿Recuerdas?— la tomé en brazos
Ella recargo su cabeza en mi hombro y cerró los ojos para quedarse dormida rápidamente, salí del consultorio.
Trevor ya estaba recargado en el coche mirandome sin expresión, tragué saliva algo me decía que habría problemas, abrió la puerta donde estaba la silla de Valeska y después de acomodarla subí para manejar
Manéjare yo— dijo serio— siéntate de copiloto
Es mi coche— dije acomandome en el asiento— sube o vete en taxi
Trevor subió, podía sentir cuan molesto estaba pues para coronar azotó la puerta con fuerza, no hubo palabras ni murmullos íbamos en completo silencio
**
Levana— dijo Trevor tomando mi cara entre sus manos— es más que obvio que no me molestaría contigo, yo no podría hacer eso con la mujer que amo
¿Estás seguro?— pregunté mirándolo a los ojos
Claro, no podría estarlo— sonrío
**
Llegamos a casa, abrí la puerta para sacar a Valeska entre mis brazos a lo cual Trevor se me adelantó tomándola primero entró a la casa y la subió a su recámara, yo me dirigí a la cocina para prepararme un té de jazmín pues tenía los nervios hechos pedazos
¿Quién era el hombre del que hablaban tu y Valeska?— preguntó colocando las manos sobre la barra desayunador mirándome fijamente
Podía notar enojo en su mirada, cómo si un halo azul de formará alrededor de su cuerpo estando enojado
¿Te refieres al hombre que me ayudó con Valeska cuando se desmayo?— hablé sin mirarlo solo observaba como el humo blanco se desprendía e inundaba mis fosas nasales haciendo que una extraña sensación de paz tomara mi cerebro
¡Levana!— exclamó dando un fuerte golpe con la palma de la mano sobre el mármol blanco de la barra— te estoy hablando
Rodé los ojos para dejar la taza negra sobre la barra, respiré hondo para separar mis manos y mirarlo
¡No me vuelvas a gritar en tu vida!— grité apretando los dientes— solo era un transeúnte que estaba por ahí justo en ese momento
El pecho de Trevor subía y bajaba al instante que el mío, estaba muy enojada y por lo que veo mi esposo también, peino su cabello con desesperación
Por un momento pensé que...— no le permití terminar
¿Qué era mi amante?— pregunté perpleja— ¿Cómo carajos puedes pensar eso de mi?
Las lágrimas comenzaron a caer por mi rostro, sentía rabia la cual comenzaba a quemar mi interior
Trevor camino hacia mi, tomo mis manos
¡No!— exclamó con los ojos bien abiertos— ¡Jamás pensaría eso de ti!— limpió mis lágrimas con sus dedos pulgares— perdón, nunca pensé eso de ti
¡Si lo pensaste!— exclamé empujándolo— ¡Déjame tranquila!
Subí a toda prisa hacia la habitación de Valeska, me quedé sentada en la silla mecedora
¡Carajo, Mateu! regresaste para joderme la vida de nuevo y eso no lo pienso permitir— dije en susurró con lágrimas en los ojos y así me quedé dormida