La maternidad es difícil, muy difícil, demasiado diría yo, por eso eso odio las propagandas de detergente para ropa donde muestran a las mamás con una enorme sonrisa fingiendo que las manchas en las ropas de sus hijos no les provocan tremendos dolores de cabeza ¿y es que a quién no? ¿saben lo difícil que es sacar una maldita mancha de chocolate seco? por eso y muchas cosas más es que odio las propagandas donde dan un estereotipo único de como deberían de ser las madres y eso, y porque la verdad es que yo prefiero regalar la ropa antes de sacarle la mancha.
Lo sé, sé lo que dirán las personas de mí y sí, soy todo eso y más, soy floja, odio los quehaceres de la casa y no sé cocinar, merezco una demanda, pero lejos de eso, me gusta el orden y pasar tiempo con mi pequeñito Kai, a veces tenemos que hacer cosas que no nos gustan y ya yo lo acepté, excepto por salir con una persona que no me gusta, eso no lo hago.
Regresando al tema de mi odio por las propagandas de detergente, odio mucho las manchas y más sí son de chocolate.
- vamos Kai, estas ensuciando toda tu ropa - me quejo como una niña pequeña al ver que literalmente se está restregando el maldito helado por la camisa - no, no hagas eso.
Chasqueo mi lengua cansada de estar limpiando su camisa y dejo que haga lo que quiera con su helado, algún día aprenderá a comer bien... espero.
- qué lindo bebé - dice una señora a mi lado con una sonrisa amable - ¿cómo se llama?
- Kaleth - miro a hijo con una sonrisa. Así es, no sabía que nombre ponerle a mi hijo y le puse el nombre de superman, también porque mi papá quería ponerle David ¿Quién le pone a así a su hijo?
- oh, que pequeño tan encantador ¿se parece a su padre? - dice y la miro atónita sin saber qué responderle. Relájate, Claudine, la señora no te conoce ni sabe nada de tu vida.
- sí, es idéntico - respondo y luego susurro - desgraciadamente.
- su padre debe de ser muy guapo para dar un hijo así de hermoso.
Tranquila, señora, también el papá lo llevó nueve meses en la barriga y se embarazó a él mismo para tener a Kai, todo el crédito lo tiene él ¿yo? no hice nada así es, solo observé.
- sí, lo que tiene de guapo lo tiene de irresponsable y estúpido - digo con sarcasmo, pero ella no lo nota por estar jugando con Kai.
- ¿Qué edad tienes? - pregunta de la nada.
- veinte - respondo de forma seca.
¿por qué las personas últimamente andan de metiches preguntando por la vida de los demás?
Ella parece sorprendida y realmente quiero entenderla.
- esta juventud de hoy en día - dice con un tono decepcionado.
¿ah? Jamás me había sentido tan juzgada desde que mi mamá me preguntó que si había subido de peso, comí ensalada con pechuga de pollo por un mes entero hasta que mi mamá se disculpó conmigo y me llevó a un nutricionista para que viera que no estaba gorda, a la final estaba cuatro tallas más abajo de la mía y me recetaron subir de peso.
Miro hacia el frente ignorando el comentario de la señora y suspiro, en otros tiempos me hubiera puesto a llorar, pero ahora no me importa lo que piensen de mí, es parte de crecer, aceptar que las personas siempre hablarán porque sí y porque no.
- mami - me llama Kai.
- ay carajo - maldigo por lo bajo al ver el estado de mi hijo.
- qué lenguaje - regaña la señora - no debería de estar diciendo esas palabras delante del niño.
- ¿sus hijos son los que están en la resbaladilla? - la señora asiente sin entender mi punto - el niño de cabello rubio está intentando tirar a su hermano desde que usted se sentó ahí.
- ¡¿Qué?! - exclama de forma dramática y mira en dirección de a los niños - ¡ay carajo! - la señora comienza a correr en dirección a los niños gritando amenazas que todos en el parque pueden escuchar.
Qué lenguaje.
- nos vemos - susurro para mí misma mientras tomo a Kai en mis brazos con su olor dulce a chocolate y su camisa blanca manchada en cada rincón.
Ambos caminamos hacia el edificio y cuando digo que ambos caminamos me refiero a que yo fue la que caminé mientras que Kai balbuceaba cosas sin sentido y señalaba a cada animalito que veía en la calle.
- ¡Qué calor! - escucho a Maikel quejarse apenas entro al edificio.
- ni que lo digas - él voltea a mirarme, su mirada se dirige a Kai y sonríe.
- ¿salida al parque? - asiento con mi cabeza.
- odiando a las propagandas de detergentes más que ayer - bromeo y él ríe entre dientes.
- ¿la camisa con la que salió no era blanca?
- exacto - lo veo volver a reír y siento a Kai en el recibidor mientras que busco las toallitas húmedas y otra camisa para ponerle en su bolsito de provisiones como suelo decirle.
- ¿otra vez lo dejaste comer helado solo?
- le gusta comer helado solo, así que lo dejo, algún día tendrá que aprender. Voy a quitarte la camisa para limpiarte ¿está bien? - él asiente y levanta los brazos dándome permiso.
Siempre me ha gustado hablar con Kai, enseñarle de su cuerpo y decirle que no deje que nadie lo toque sin su permiso, algunas personas dicen que es una manera especial de criar, pero yo creo que es muy normal, mi mamá me crió así, siempre diciéndome que nunca dejara que nadie tocara mi cuerpo sin mi consentimiento.
- ¿por qué siempre le preguntas?
- quiero que aprenda que las personas no tienen el derecho a tocarlo sin su consentimiento.
- ¿por eso no lo obligas a hacer nada? - levanta una ceja - la vez pasada lo saludé y me ignoró.
- le tocaste la mejilla sin su permiso, claro que te ignoró, no confía en ti.
- que niño más complicado estas criando - sonrío con la boca cerrada y le coloco la camisa limpia.
- ¿estuvo bien?
- bien - repite.
- ¡Dios, que tierno! - exclama Maikel y manoteo su mano cuando intenta tocar su mejilla - qué agresiva.
- preguntale - recuerdo. Él gruñe, pero asiente.
- pequeño Kai - llama con cuidado. Kai deja de jugar con su juguete de Hoshi y voltea a mirarlo - ¿puedo apretar tu mejilla?
- no fuelsa - exige con seguridad y sonrío orgullosa.
- está bien, no la apretaré con fuerza - dice Maikel con una sonrisa y como dice no aprieta con fuerza su mejilla. Kai suelta una pequeña risa y escucho el colapso de Maikel del otro lado del mostrador - ¡es muy tierno!
Hace el amago de tocar su mejilla otra vez, pero Kai se aparta rápidamente.
- no pelmizo - dice en forma de regaño y Maikel ríe por lo tierno que es.
- disculpa, ¿me dejas tocar tu mejilla otra vez? - Kai achica sus ojos aún sin confiar mucho en él y asiente dejando que vuelva a tocar su mejilla otra vez.
Por esto me sorprendí cuando lo encontré en los brazos de Alex, a Kai no le gusta el contacto físico con personas que no conoce.
- en tres meses será su cumpleaños ¿tienes pensado eso?
- mi mamá me dijo que lo pasara con ella allá donde vive, aún no estoy segura.
- ¿por el papá? - no quiero asentir, pero lo hago. En esos tiempos las universidades salen de vacaciones y cabe la enorme posibilidad de encontrarme con él.
- por un lado quiero que conozca a Kai, pero por otro lado quiero golpear su cabeza contra el sanitario hasta cansarme - Maikel me mira con miedo - hipotéticamente hablando.
Lo veo negar con su cabeza con una sonrisa en la boca, Maikel se ha convertido en un gran amigo mío desde que su hija cumplió dos añitos e invitó a Kai, desde ese día ambos nos volvimos más cercanos, además de que su esposa hace un pavo con una salsa de mora riquísima.
- deberías de pensarlo y aceptar la idea de que si vas a celebrar el cumpleaños de Kai en la casa de tus padres hay mucha probabilidad de encontrarte con él.
- ay que complicada es la vida ¿por qué no le hice caso a los rumores que habían en los pasillos de él?
- porque eras joven, inexperta y no tenías amor propio - dice y deja un toquecito con su dedo índice en mi frente.
- Auch, un puñetazo dolía menos.
- la vida es así, un círculo vicioso que todos repetimos gracias a las malas decisiones de nuestros antepasados.
- wow, cuanta sabiduría - bromeo.
- tonta.
- ¡chin mallas palablaz! - exclama Kai.
- ya lo oíste - señalo a mi hijo con orgullo.
- lo que diga jefe - bromea.
- no yefe, Lai - corrige de forma tierna haciendo un lindo puchero en su boca ¡Dios, qué hermoso es mi hijo!
- lo siento, Kai - corrige y mi pequeño sonríe satisfecho - ni mi hija me corrige tanto.
- es el rey - Maikel golpea mi cabeza y suelto una risita baja.