Amín, después de bañarse, se fue al claro con el cachorro. Cada pequeño espacio de este le recordaba a Ken y ella se culpaba por eso. Era agotador hacerse la fuerte y reprimir sus sentimientos; le dolía sentirse avergonzada de ellos y de la sensación de que hacía algo malo cada vez que pensaba en él y en todos los momentos que vivieron juntos. Lo extrañaba. Amín sonrió al recordar lo mucho que peleaban. ¡Hasta eso era divertido! Secó las lágrimas que se le escurrieron de los ojos y suspiró. —¿Algún día superaré esto? Espero olvidarte pronto, tarado, duele mucho quererte y ni siquiera poder ver tu sonrisa de patán. —Río al recordar lo atrevido que era él. Amín salió de su ensoñación cuando notó que el cachorro ladró con marcada emoción y corrió lejos de ella. —¡Bo! —gritó mientras corrí

