Keniel se levantó y sacó su espada, al mismo tiempo, ocultaba a Amín detrás de él. Ella observaba a sus atacantes con temor y se preguntaba cómo saldrían vivos de allí. —Quédate aquí, Amín —dijo Ken con nerviosismo. Había dos grupos de guerreros que se miraron entre ellos con sorpresa, al parecer, eran de bandos contrarios. Sus nervios estaban disparados no por él, mas bien porque era obvio que habían ido por Amín y, lo que más temeroso lo ponía, era aquella Sapria. Keniel suspiró y decidió ir a la batalla. Por su parte, Amín se abrazó a sí misma cuando él se fue de su lado, ¿cómo vencería él solo a tantos guerreros? —Debo ayudarlo, pero no tengo un arma —se lamentó. Los ladridos de Bo captaron la atención de algunos de los guerreros de Anuel, quienes aún se debatían entre atacar a los

