—Su comportamiento me tiene desconcertado, príncipe. —¡Te he dicho que no me llames así! —No me acostumbro. Además, la niña esa no está aquí. Keniel suspiró y lo miró con el ceño fruncido. —¿Dónde está Naomi? —¡Qué voy a saber yo! Salió temprano. —En fin, ¡qué me importa! —Ken se dirigió a su habitación. Necesitaba dormir, aunque sea un poco en su cama, puesto que pasar la noche entera encima de aquel árbol, le estaba cobrando factura. —Señor... —Afkar lo siguió. En seguida Ken se giró hasta él y enarcó una ceja—. Es decir..., Ken... —Necesito descansar, Af. —Lo dejaré descansar, pero debe saber que no estoy de acuerdo con lo que sea que esté haciendo. Estamos perdiendo tiempo valioso y nuestros enemigos toman ventaja. —Af... Ya te lo he dicho... —Lo sé. —Afkar lo interrumpió—.

