—Siento que la energía de la piedra se desvanece —mencionó Odiel mientras observaba su anillo brillar.
—¿Qué significa? —Jing inquirió confundido.
—No lo sé... Si alguien lo hubiese encontrado y manipulado, su energía no estuviera menguando, al contrario. Creo que quien sea que lo haya tratado de desenterrar, lo perdió. Probablemente haya caído en las profundidades de este mundo.
—Si así es, entonces nuestra misión terminó. ¿Acaso no vinimos a impedir que fuese manipulado?
—¿Eres Jing? No entiendo qué te sucede en estos días, pero tu lógica está muy mal. Recuerda que esas personas no descansarán hasta encontrarlo, debemos impedir que lo hagan. Estuve pensando en mandar una señal al maestro Chan para traer a Lían, él nos sería de gran ayuda para rastrear al Zafiro; además, una vez lo encontremos sería bueno que él lo guardase de inmediato y no arriesgarnos a llevarlo a Destello.
Jing se quedó pensativo un rato.
—Creo que ese Zafiro no debe salir de este mundo. Me parece que es más que una simple lágrima. Agregando el hecho de que tiene un dueño directo, un escogido. Es como la fuente de Destello o la montaña de Lucero Verde.
—Eso fue lo que dijo el maestro Chan, pero tengo mis dudas. Por ahora nuestro enfoque debe ser encontrarlo y que tú vuelvas a Destello, Lían y yo nos encargaríamos del resto.
—Ummm... —Jing lo miró con recelo—. No te preocupes por mí o Destello. John hará un buen trabajo como guardián...
—Vaya, a ti no puedo ocultarte mucho. —Odiel sonrió—. Me descubriste, pero mi preocupación tiene fundamento, Jing. Estás extraño y tus habilidades no están al cien por ciento.
Jing rascó su cabeza y posó su mirada al suelo. La tristeza que emanaban sus ojos era demasiado evidente.
—Estoy bien. De todas formas, no es sano que me derrumbe por estar lejos de ella un tiempo.
—No solo es que estás lejos de tu complemento, el problema es que las joyas deben estar juntas. Me preocupa la loca de tu esposa, ella es más dependiente que tú y sabes que necesita que alguien la frene. Ella sola es una bomba de tiempo.
—¡Qué exagerado! —Jing negó divertido—. Leela ha madurado mucho, además no está sola. Nuestros hijos no permitirán que haga tonterías.
Odiel lo observó conmovido al percatarse en el cambio de su semblante y el brillo en sus ojos al hablar sobre su esposa.
—Ummm... Mejor regresamos a la choza con la chiquilla rara. Esa es otra que me preocupa, he estado pensando incluirla en nuestra búsqueda, no me siento tranquilo dejándola sola allí.
—Vaya... Te has vuelto un poco paternal con la jovencita. ¿Cuándo me dirás lo que te traes con ella? —Jing cuestionó entrecerrando los ojos.
—Sabes que no diré nada aún, ¿para qué pierdes tu tiempo? Mejor regresemos a planear una estrategia. Buscar a ciegas no está resultando, tu joya no está al cien por ciento y mi anillo no encuentra mucho rastro. Debemos usar el espionaje para saber quiénes están detrás del Zafiro rojo y cuál es su propósito.
—Leela nos sería muy útil en este momento. No entiendo por qué el maestro Chan no quiso que viniera.
—Yo tampoco, pero sus razones él tendrá. No nos queda de otra que utilizar lo que tenemos a la mano mientras consigo la manera de enviar la señal. Sin el poder y autorización del Maestro Chan, traer a Lían sería arriesgado debido a que estamos en medio de Saprias y criaturas poderosas.
***
Amín observaba al joven que yacía sobre su cama con nerviosismo. Tenía horas de haberlo encontrado y, arrastrarlo hasta la choza, fue toda una odisea. No sabía qué más hacer por él y temía que Jing y Odiel regresaran y lo encontraran allí.
—¿Quién eres y por qué caíste del cielo? —Amín balbuceó mientras detallaba su rostro. Era un chico atractivo, pero que se veía rudo. Aún inconsciente su ceño se mantenía fruncido. Ella no encontró ninguna herida en él más que la sangre que estaba en sus oídos y que ella había limpiado.
—Mamá... —Amín se espantó al escuchar el balbuceo del chico, quien empezaba a abrir los ojos.
—Hola... —Ella apretó el rostro al percatarse de lo que dijo. Es que no sabía cómo abordarlo. El joven se incorporó de golpe y miraba a su alrededor con espanto y recelo.
—¿Dónde estoy? ¿Quién eres...? —Dejó de hablar al encontrarse con la mirada verde de Amín. El silencio llenó la habitación. Él, por su parte, la escudriñaba con incredulidad y fascinación, mientras que ella lo miraba aterrada—. ¿Cuál es tu nombre, pequeña?
El desconcierto se adueñó de Amín al ver el cambio en su mirada. Era impactante lo rápido que su semblante y tono de voz variaron.
—Soy Amín... —respondió mientras jugaba con sus dedos.
—Lindo nombre para una hermosa chica. —Amín se sonrojó enseguida—. Eres tierna, eso resalta tu belleza.
Ambos se miraron a los ojos sonrientes. No entendía aquella extraña conexión con ese chico, pero había algo en él que se sentía como en casa.
—¿Cuál es el tuyo? —preguntó con amabilidad.
—¿El mío? —dijo ido.
—Sí. Tu nombre.
—Soy Anuel, mucho gusto, pequeña.
—Ah... No soy tan pequeña —se quejó haciendo un puchero.
—¿Vives aquí sola? ¿Dónde estamos?
—Estamos en el centro, pero...
—¡¿Quién es él?! —Amín se levantó de golpe por la impresión. Su suerte no podía ser tan mala—. Te pregunto de nuevo: ¿Quién es el y qué demonio hace aquí? —Odiel apuntó hacia el chico de forma amenazante, este, por su parte, se incorporó desafiante y tomó la espada que yacía en el borde de la cama.
—¿Quiénes son ustedes? —le devolvió la pregunta alternando la mirada de Odiel a Jing.
—No, amigo. Yo pregunté primero. Eres...
—¡Soy Anuel! —El joven no lo dejó terminar—. Solo soy un guerrero, nada de dramas. Sin embargo, ustedes no son de este mundo, ¿cierto?
Amín agrandó los ojos ante las palabras de aquel extraño. ¿Acaso ese chico se había golpeado la cabeza?
—¡Qué tonterías dices! —Amín rio divertida—. Ellos son de este mundo, por cierto, no me han dicho de qué región.
El silencio de Jing y Odiel provocó que su sonrisa se desvaneciera.
—¿Qué es lo que buscas? —Jing se dirigió a Anuel ignorando a Amín.
—Nada, o... ¿acaso debería? —El chico respondió de forma provocativa—. ¿Qué buscan ustedes en este mundo?
—No es de tu incumbencia —respondió Odiel de mala gana.
—Pues tampoco es de su incumbencia lo que busco yo. —Sonrío con malicia—. ¿Por qué ustedes viven con ella? ¿Qué es lo que quieren?
—¿Perdón? —Odiel estaba perdiendo la paciencia—. ¿Eso a ti qué te importa? Amín, aléjate de ese extraño.
Amín estaba consternada. No entendía qué estaba sucediendo ni la razón de ellos tratarla como a un objeto.
—Ella se queda conmigo. —El joven la sostuvo de forma posesiva, acción que sorprendió a los chicos y a Amín.
—¿Quién te crees que eres? —Jing desenvainó su espada. La tensión llenó la habitación. Los tres hombres se miraban con odio y a la expectativa, mientras que la pelirroja los observaba abrumada y llena de confusión.
—¡Suéltala! —Odiel ordenó—. ¿Qué es lo que quieres con la chica? ¿A eso viniste? ¿Para qué la quieres?
—No tengo que darte respuestas, en especial, porque yo me pregunto exactamente lo mismo. ¿Para qué la retienen con ustedes? ¿Cómo fue que la encontraron? ¿Acaso ustedes se la robaron?
Odiel y Jing se miraron atónitos antes las palabras absurdas de aquel joven. ¿Acaso era un loco?
—¡Ya basta! —Amín se soltó del agarre del pelinegro—. No sé quién eres, pero no permitiré que me trates como a un objeto. ¿Acaso te golpeaste tan fuerte la cabeza? No me arrepiento de haberte socorrido y tampoco espero que lo agradezcas, así que, ya que estás consciente, mi trabajo contigo terminó. Espero que tomes tu camino y nos dejes en paz.
—Pequeña, siento haber sonado tan pesado, por supuesto que no eres un objeto, preciosa. Debes venir conmigo, es peligroso que estés con estos pervertidos.
—¿Disculpa? —Odiel se quejó lleno de rabia—. Amín, ¿por qué trajiste a un loco a la cabaña?
—Es que cayó del cielo. Solo lo ayudé porque estaba inconsciente.
—Eso fue noble de tu parte, pero muy arriesgado, jovencita —le reclamó Jing.
—Lo sé, lo siento. —Ella jugó con sus dedos.
—Bien, ¿qué buscas en estos territorios, demente? —Odiel interrogó con sorna.
—¡Eres un irrespetuoso! No soy ningún demente. Y soy yo quien pregunta aquí y ustedes responden.
Las carcajadas de Odiel llenaron la habitación.
—Eres muy gracioso, chiquillo —dijo mientras hacía movimientos con su anillo, un leve brillo desprendió de este y la espada del joven cayó al piso.
—¿Qué me estás haciendo? ¿Por qué no puedo moverme?
—Te dije, loco, que yo soy quién hace las preguntas aquí. Dime... —Odiel no terminó de decir la frase porque una luz verde cubrió al joven y lo desapareció de sus vistas.
Los tres se quedaron pasmados por unos segundos y en pleno mutismo.
***
—¡Madre! —Anuel miraba al cielo con ira e impotencia—. ¿Por qué me transportaste hasta aquí? —Apretó su cabello.
—¡Señor! —Un hombre delgado y de estatura baja con cabello oscuro se arrodilló frente a él, segundos después, un grupo de unos cien hombres imitaron su acción—. Su madre nos mandó una señal, ella presintió que estaba en peligro.
—Me imagino. El campo de energía que me puso me transportó a este lugar en el momento más inoportuno. ¡Rayos! Ni siquiera sé dónde estaba. Debemos ser cuidadosos e investigar quién más sabe del Zafiro, al parecer, no somos los únicos que lo estamos buscando.
***
—Y justo cuando lo íbamos a atrapar lo transportan. —Odiel se lamentó. Los tres estaban sentados en el comedor, con un mapa enorme frente a ellos que cubría toda la mesa.
—Parece ser que otra persona lo hizo —dijo Jing mientras estudiaba el mapa.
—Más bien la esencia de otra persona. Alguien de poderes protectores le puso un bloqueo que se activa cuando otro poder invade su cuerpo.
—Eso explica por qué fue transportado cuando le lanzaste el rayo paralizador —dedujo.
—Sí... —Odiel arrugó el rostro molesto.
—Oigan... —Amín mordió su labio inferior—. ¿A qué se refirió Anuel cuando dijo que ustedes no son de este mundo? ¿Acaso son Saprianos? ¿Y por qué de tu anillo salió esa luz blanca? Se supone que los hombres Saprias no tienen poderes.
—No somos Saprias. El chico que trajiste aquí sin nuestro permiso, sí lo es, o eso me parece, no estoy seguro. —Odiel refunfuñó.
—Por lo menos tenemos un nombre —pronunció Jing sonriente.
—Si es que ese es su verdadero nombre.
—Lo es. Es como nosotros, no necesita cambiarse el nombre porque no es de este mundo. No creo que lo conozcan en Fra y me parece que vino en secreto a buscar algo, deduzco que lo mismo que nosotros —respondió pensativo.
—Si no es conocido aquí, ¿de qué les sirve su nombre? —Amín preguntó mientras jugaba con sus cabellos.
—Créeme, lo será.
—Volviendo al tema inicial —ella los confrontó con la mirada—, si no son Saprianos... ¿De dónde vienen?
—Bien, chiquilla, es momento de que sepas quienes somos y qué estamos buscando en este mundo, pero, asimismo, esperamos que tú seas sincera con nosotros y nos digas quién eres en realidad —dijo Odiel mientras la miraba firmemente a los ojos. Amín tragó pesado ante su intenso e intimidante escrutinio. ¿Qué debía decirles exactamente? Ella era una chica regular que vivía con su madre y hermanos, pero su vida dio un giro tan extraño que ya no sabía quién era en realidad.
—No es que tenga mucho que decir... —masculló con tristeza—. No soy nadie especial, solo una chica que terminó el colegio y que debía encontrar un esposo para tener seguridad en la vida, dado que no tengo la manera de estudiar un oficio. Vengo de la región Kan y solía vivir con mi madre y hermanos mellizos... —Una lágrima rodó por su mejilla ante aquel doloroso recuerdo.
—He escuchado que esa región está siendo gobernada por un desgraciado que la está destruyendo y tiene Saprias poderosas y conquistadores a su servicio. ¿Acaso tu aldea fue atacada y escapaste? —Jing inquirió conmovido.
Ella asintió sin mirarlo. Era mejor que creyeran eso a tener que revelar aquel suceso tan vergonzoso y doloroso.
—Ve a dormir, nosotros seguiremos —le dijo indiferente.
—¿No me dirán de dónde vienen? —preguntó ella decepcionada.
—Demasiadas emociones por un día, mañana hablamos y aclaramos todas tus dudas —respondió Jing con amabilidad.
Amín se levantó de la silla y dejó salir un bufido, antes de desaparecer de sus vistas.
—No confías en ella —afirmó Odiel—. Y me hiciste sentir como un paranoico.
—Es que la chica es engañosa. Le di la oportunidad de demostrar sinceridad, sin embargo, me mintió de forma descarada. He aprendido a leer sus gestos y estoy seguro que no me dijo la verdad.
—Es obvio que algo oculta, no obstante, creo que podemos incluirla en la misión, es posible que solo se esté protegiendo a sí misma.
—Entiendo eso. De todas formas, debemos ser cautelosos, es por esto que quería discutirlo contigo antes de decirle sobre el Zafiro rojo.
—Lo sé, pero no te preocupes, Jing. Te aseguro que Amín no es una amenaza, por lo contrario, esa chiquilla nos será de mucha utilidad.