—Bien, inhala y exhala. —Jing repetía mientras caminaba alrededor de ella—. Tú puedes, solo son cinco minutos más.
—No... aguanto... —Las lágrimas empañaban sus ojos, su cara se tornó roja y sentía que se iba a desmayar en cualquier momento. Sus piernas estaban estiradas por completo, reposando su peso sobre sus tobillos, que se encontraban encima de una pequeña lata cada uno mientras que su torso estaba erguido, con el abdomen adentro y los brazos flexionados en dirección a sus pies, como si intentara tocarlos. Todo su cuerpo dolía y la respiración le era irregular. ¡Se sentía tan cansada y abrumada! No sabía si podía seguir soportando su propio peso en esa posición tan incómoda.
—¡Tres minutos! —animó Jing con fuerza para motivarla; por otro lado, Odiel los observaba divertido con la expresión de Amín, quien parecía que explotaría en cualquier momento con lo roja que estaba y por la manera en que apretaba su rostro.
—¡No puedo más! —gritó antes de caer desplomada sobre el terroso suelo. Las carcajadas de Odiel no se hicieron esperar, en cambio Jing la ayudó a ponerse de pies.
—¿Estás bien? —Luchaba con las ganas de reír.
—Lo siento, no lo soporté. Perdón por no lograrlo. —Jing se conmovió al ver su expresión triste y cómo le esquivaba la mirada llena de decepción.
—¿Por qué dices que no lo lograste? Completaste el tiempo que te pedí, lo hiciste muy bien —Él le palmó el hombro con una sonrisa. Amín se estremeció por completo al imaginarse esa mano acariciando todo su cuerpo. ¿Qué rayos le estaba pasando? Sacudió su cabeza con violencia y se fue corriendo en dirección de la choza.
—Vaya, esa niña parece gata en celo —comentó Odiel con una sonrisita pícara, ganándose la mirada de desaprobación de parte de Jing.
—¿Qué tonterías estás diciendo?
—No son tonterías. Esa chiquilla está en celo.
—Hablas como si ella fuese un animal.
—No solo los animales pueden estar en celo. Además, sabes que hay muchos tipos de criaturas. Una parte de ellas son humanas, mientras que otra no tanto. Existen criaturas que se asemejan a las bestias de la selva, hacen algunas cosas por instinto y tienen comportamiento animal. Esa chiquilla no es una persona común y corriente, al principio pensé que era una Sapria, pero creo que me equivoqué. Espero descubrir pronto qué rayos es para poder utilizarlo a nuestro favor y saber a qué atenernos.
—Sabía que algo te traías con ella. Pero el asunto del celo, ¿es en serio?
—Ummm... Creo que sí. Aunque también está el hecho de que tú le gustas, si Leela supiera que hay una pelirroja que te quiere degustar, ya estuviera aquí.
Las carcajadas de Odiel irritaron a Jing. Tenía que ser una mala broma, sí había notado que la jovencita se ponía nerviosa con su presencia, pero era solo un deslumbramiento, nada de qué preocuparse.
—Odiel... —Jing masculló con expresión tristona—. ¿Podría transportarme hoy a Destello? Solo será esta vez, no habrá riesgos si tengo precaución.
—Lo siento, Jing. —Odiel lo miró con pesar—. Debes soportar, cualquier paso en falso puede ser peligroso. No somos los únicos detrás del Zafiro. Las Saprias son sensibles y muy perceptivas, ya fue difícil llegar aquí sin que ellas lo notasen, no creo que corramos con la misma suerte otra vez. Mejor concentremos nuestras energías en encontrar el Zafiro Rojo; llámame loco, pero tengo una corazonada de que Amín está relacionada con la piedra.
—Entiendo... —Jing suspiró.
—Sé que necesitas estar cerca de tu complemento y que la extrañas mucho, yo también extraño a mi esposa y a mi hijo, Jing. Pero es por ellos que debemos ser fuertes y encontrar ese zafiro, sabes que, si cae en las manos equivocadas, no solo Fra sufrirá las consecuencias.
—Entiendo. —Jing le palmó la rodilla y se levantó cabizbajo, entró a la choza con marcada tristeza.
***
—¡Bloqueo! ¡Patada! ¡Golpe! —Ken repetía a gran voz mientras caminaba alrededor de Naomi—. Aliviana el brazo, aprieta el estómago, respira...
La chica exhaló con fuerza, luego subió su antebrazo de forma brusca simulando proteger su rostro.
—Sua...ve... —Él se puso frente a ella y sostuvo su brazo para dirigirlo a un ritmo más calmado y enfocado. Ella no pudo evitar perderse en esa mirada negra que la llenaba de intriga—. ¿Estás prestando atención? —Él entrecerró los ojos mientras la miraba con reclamo.
—¡Claro que sí! Pero ya estoy cansada, este entrenamiento está terminado por hoy.
Él la enfrentó con incredulidad. ¿Cómo se atrevió a tomarse esas atribuciones?
—¿Disculpa? Aquí el maestro soy yo, por lo tanto, soy quien decide cuando terminamos. Harás cien sentadillas por insolente.
—¡¿Qué?! ¡No!
—¿Perdón? Bien, entonces serán cien sentadillas y cien lagartijas. ¿Contenta? —dijo mientras tomaba asiento sobre un tronco.
—¡Eres un sádico! —gritó la chica antes de empezar su castigo.
—Y tú una atrevida indisciplinada. Que sea la última vez que oses en decirme qué hacer —advirtió cruzando sus brazos.
Después del incómodo entrenamiento con la pelinegra, Ken se dirigió a una cabaña que tenían en los montes al límite de Kan. Era allí donde se estaban quedando esos días y el lugar que habían escogido para sus operaciones.
—Señor, encontramos... —El joven rubio hizo silencio al ver a Naomi—. No sabía que teníamos compañía... —dijo entre dientes.
Ken palmó su hombro y le guiñó un ojo al joven.
—Amigo, gracias por ayudarme con este trabajito, ¿qué haría sin tu amistad y tus relaciones? —masculló, haciendo ademanes para que lo siguiera. Una vez solos, Ken se sentó sobre la grama de aquel remoto lugar a la espera de la información de su sirviente.
—Príncipe Keniel, tenemos información acerca de lo que pasó con el Zafiro Rojo y, debe saber, que no somos los únicos que lo estamos buscando. Sin embargo, conseguimos información de dónde puede estar.
—¡Perfecto! Por fin mi familia tendrá lo que le pertenece y pronto tendremos el poder absoluto de Fra, como debe ser —celebró Ken victorioso.
***
—¿Quiénes son ustedes y qué hacen en nuestro territorio? —Un grupo de guerreros armados y con fuertes armaduras cuestionaron a aquellos hombres, que fueron sorprendidos en el Sur de Kan.
—Somos investigadores y estamos buscando una piedra —respondió uno de ellos. Al instante, sus compañeros lo miraron con expresión reprobatoria, ¿cómo pudo haberle dicho eso?
—¿Una piedra? —Una mujer de cabello corto y gris, con mirada del mismo color se acercó flotando a ellos.
—Una joya que pertenece a nuestro señor y que perdió en un viaje, unas semanas atrás.
—Ummm... —La mujer ladeó el rostro escudriñando su expresión. Mientras los demás hombres temblaban ante las palabras de su compañero, este se mantenía erguido y sin inmutarse.
La mujer miró a los demás acompañantes del extraño, percibiendo su nerviosismo. Le llamó la atención uno de ellos que temblaba del temor, entonces levantó sus dedos con gracia, al instante, el joven flotó por encima de ellos, quedando suspendido en el aire.
Ella movió sus dedos con rapidez provocando que este le quedara cara a cara y con una sonrisa maliciosa le ordenó:
—Dime la verdad...
Aquel hombre le contó todo sobre su misión. Sus compañeros, atónitos ante el suceso, decidieron luchar para evitar que aquella información se filtrara, como resultado a su ataque, los guerreros conquistadores arrasaron con casi todos. La mujer solo veía la acción con los brazos cruzados, era obvio que no había necesidad de intervenir. Sin embargo, un grupo de guerreros aparecieron de repente, entre ellos un joven con una energía diferente. Ella se quedó anonadada al ver a aquel joven y reconocer su esencia; si bien había notado que todos ellos pertenecían a su mundo, había algo en él que era diferente, era como si hubiera una mezcla de esencias en su interior.
Ella salió de su ensoñación al percatarse de que la mayoría de los conquistadores de su bando yacían en el suelo, entonces, decidió intervenir.
—Eres de esas Saprias traidoras que prefieren matar a su propia gente por un puñado de poder. —El joven de ojos verdes escupió con desagrado.
—La energía de este lugar es más deliciosa que la de nuestro mundo —respondió ella mientras atacaba con luces grises; ataques que él esquivaba con su espada dorada.
—Se supone que los fradianos les permitieron habitar aquí y alimentarse a cambio de protegerlos, no de destruirlos —argumentó el pelinegro, mientras trataba de acceder a ella, cosa que le era casi imposible.
—No eres un Sapriano común. Normalmente los hombres Sapria no son tan fuertes y carecen de poderes, sin embargo, tú eres muy poderoso. ¿Quién eres?
—Eso no es de tu incumbencia —dicho esto, giró alrededor de sí y de su espada salió una energía verde que golpeó el estómago de la Sapria, provocando que esta se encorve del dolor. Acto seguido, se apresuró a atacarla con el filo del arma, antes de que ella recupere la compostura, ese sería su único chance para acabar con su vida. Cuando estuvo a punto de lamerla con su espada, los ojos grises de ella se tornaron rojos y su boca se abrió dejando salir un grito aterrador que lo debilitó y lanzó por los aires, el impacto fue tan fuerte, que este se perdió en el horizonte.
***
Amín aprovechó la ausencia de Jing y Odiel para caminar dentro del bosque, era inevitable el querer perderse en la frescura de este. El estar entre las verdes plantas y robustos árboles la llenaba de una satisfacción indescriptible, era como si ella fuese parte de ellos, como si por sus venas corriera clorofila en vez de sangre.
Caminaba ida en sus pensamientos pasionales con aquel guerrero de ojos miel que protagonizaba todos sus sueños pecaminosos —sueños que eran muy comunes en esos días—, mientras tarareaba aquella canción sin letras que siempre estaba en su mente.
Un ruido brusco la sacó de su trance por lo que ella corrió en dirección de lo que sea que haya caído del cielo con tanta fuerza. Casi grita al ver a un joven allí tirado con sangre en sus oídos y una espada en manos.
—¿Estás bien? —inquirió ella mientras se acercaba al extraño con cara preocupada. Por su parte, aquel joven solo la observaba atónito, sin dar crédito a lo que sus ojos veían.
—Mamá... —balbuceó antes de perder el conocimiento.