La sonrisa burlona de Madison, siempre presente, parecía un recordatorio silencioso de todo lo que había perdido. Sin detenerse a decir una palabra, Ashlyn pasó de largo, decidida a no permitir que esa mujer viera su dolor. De vuelta en su oficina del hospital, guardó sus cosas apresuradamente, y después de dejar su trabajo a cargo de una colega, salió del edificio, caminando con la cabeza en alto, decidida a poner fin a aquella agonía. Subió a su auto, y antes de que el miedo pudiera detenerla, condujo directamente hasta la oficina gubernamental donde Zahir ejercía sus funciones. Al llegar, se dirigió al despacho sin detenerse en la recepción ni pedir permiso, ignorando la mirada sorprendida de la secretaria. Cuando abrió la puerta, Zahir estaba en plena conversación de negocios c

