Le sonrío. —Está bien. Ten un buen día, Bastian. Asiente volviendo a adosar sus labios con los míos, un apogeo sincero, cargado de deseo. Nos separamos buscando con impetuosa necesidad el aire extenuado en nuestras bocas. —Te veo a la noche —es lo último que dice antes de besar el dorso de mi mano y retirarse del despacho. Ando en nubes esponjosas, vuelo en el espacio y no quiero despertar de este sueño tan cercano a la realidad. Es real. Ahora soy la novia de Ivanov y tengo la certeza que ya no es una aventura, significo algo en su vida. Pasamos del filo a formalizar nuestra relación. Cuando vuelvo al living, ya Lena y Luca se han ido. Ludmila está en el comedor, devorando unas tostadas de pan centeno y toma de su batido verde musgo. Me da náuseas, eso no apetece en absoluto. —¿

