Las cortinas revolotean con el viento, hay luces que titilan en mi cabeza, un dolor se extiende como si me he golpeado con un tronco. Me levanto tambaleando del suelo. “Él está en todos lados, April”. Abro mi mano, veo el trozo de papel en mi palma, recordándome la razón de la inconsciencia. “De él nunca podrás escapar… —¡Cállate! A este punto he enloquecido, me agarro el rostro entre las manos. La soledad es todo a mi alrededor, no tengo que temerle a un fantasma, se supone que aquí él no puede hacerme daño. Ya no me fío de ello. Se toma demasiado riesgos con tal de hacerme un infierno la vida. Gruño, con fiereza clavo las uñas a mis costados, no siento nada, pero luego el líquido carmesí me hace entrar en razón. La necesidad de huir se presenta con urgencia, presiona mi pecho

