Bastian regresó el lunes. Lena vino por el niño. Ni siquiera se despidió de mí, tampoco me dio las gracias. Sus ojos estaban hinchados, como si había llorado a mares. No me atreví a preguntarle la razón. Ella estaba extraña. Me bebo un té en el comedor, aguardando que Bastian se termine de duchar y venga a cenar conmigo. Entonces le diré lo de mi embarazo y le preguntaré por Lena. Acarició mi abdomen, me digo que todo estará bien. No estoy segura. —Estaremos bien, bebé. —¿Dónde demonios está Ludmila? —ruge atravesando el umbral. Doy un respingo. —Intenté detenerla, pero igual se fue a casa de una amiga. Lo siento. Bufa un par de veces. De mala gana ve la comida y niega con la cabeza —no tengo hambre. —Deberías comer Bastian… —¡Deberías callarte, April! Que sea la última v

