42

1088 Words

—Estás demente. —Debo agradecerle a Ana, la chica de enormes gafas por darme tu número ese día. Su confesión me hace rebobinar en el tiempo. —Buenos días, ¿Está el señor, Miller? —le pregunto con la esperanza de que diga que sí. —Oh, buenos días, April. El señor Miller no ha dejado de preguntar por ti —informa torciendo los labios, mirándome con lástima; Añade: —te está esperando en el despacho. Asiento dirigiendo mis pasos, casi a rastras, al hueco oscuro y escondido que está al final de un pequeño pasillo. Toco la puerta de madera de cerezo oscuro y enseguida escucho el pase, ronco y grueso de su parte. Apenas pongo un pie dentro de su oficina y llega su voz agria como un limón—. Estás despedida, aquí tienes tu salario del mes, es todo, April. No me extraña. Ya hasta me hice

Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD