En la sala de estar de mi abuela, un espacio acogedor y lleno de recuerdos. Las paredes estaban adornadas con fotografías enmarcadas de momentos familiares, y el suave aroma del café recién hecho impregnaba el ambiente. Sin embargo, esa calidez habitual se había transformado en una atmósfera tensa y desconcertante. Mi abuela, sentada en su sillón favorito, parecía completamente a gusto conversando con Riccardo, un hombre que había irrumpido en mi vida de manera inesperada y que, en ese momento, me resultaba profundamente inquietante su presencia. —¿De qué le agradeces? —indagué, tratando de mantener la serenidad en mi voz, aunque esta temblaba ligeramente. La confusión y la desconfianza comenzaban a apoderarse de mí, y no podía evitar sentir que algo no encajaba. —Es algo entre tu abuela

