*VALERIA* Me entregó una pequeña caja de madera, sus manos temblorosas pero firmes. La observé, sin comprender del todo. La caja tenía un brillo suave, como si resguardara en su interior no solo objetos, sino recuerdos y fragmentos de una vida que había sido rica en amor y enseñanzas. —Aquí hay cosas que pertenecieron a tu padre. Son muy importantes. Prométeme que las cuidarás —dijo, sus ojos llenos de cariño y sabiduría, como si cada palabra que pronunciaba fuese un legado que debía ser preservado. Intenté aparentar que todo estaba bien, que ella viviría mucho tiempo, pero mi voz traicionó el dolor que sentía. —Claro, abuela. Prometo cuidarla. Pero tú… tú vas a estar bien, todavía te queda mucho tiempo con nosotros —dije, tratando de sonreír, aunque mis labios temblaban. Ella me miró

