**RICCARDO** La urgencia en la voz de Antonio resonaba en mi mente como un eco, recordándome que la calma que había disfrutado la noche anterior era un lujo que no podía permitirme. La vida que llevábamos no se regía por la serenidad, sino por la constante danza entre el peligro y la supervivencia. Sabía que cada decisión que tomáramos podría ser la diferencia entre mantener nuestro control o caer en el abismo que Salvatore había comenzado a cavar con cada movimiento que hacía en las sombras. Me vestí rápidamente, sintiendo la tela fría y ajustada contra mi piel, un recordatorio de la realidad que me esperaba. Mientras me abotonaba la camisa, miré a Antonio, que seguía de pie, ansioso, en la puerta. Su expresión era grave y decidida, y su presencia me infundía una energía que necesitaba

