Si había algo que no me agradaba era la mentira que salía de la boca de las personas, detesto a las personas que nunca dicen las cosas tal a cómo son.
Recuerdo todavía como si fuera ayer que abusaron de mi voluntad y de cuando lo hicieron con la que ahora es mi esposa, Lía Michel, sin embargo siento que hay muchas cosas que no cuadran en Lía Michel y ese evento, por ejemplo que ella no parece recordar ese evento que nos marcó y nos unió en el pasado.
Acababa de graduarme, había viajado a ese país, llamo confín del mundo a todo lo que no está aquí cerca de la gran Manzana, Nueva York.
Habiendo ocurrido aquel episodio, al día siguiente no encontré a la frágil y hermosa niña, supe que era aún adolescente, que no había cumplido sus 18 años, por eso me dolió mucho lo que pasó esa noche.
Esas personas que decían ser mis amigos, en quienes yo confié mucho, ellos me habían hecho hacer algo como esto, algo tan degradante.
Casi no utilizo las excusas, pero en esta ocasión si me declaro inocente en un 50/50.
Por qué digo mitad mi culpa, por que ya me había pasado una situación semejante en la que algo similar habían intentado hacer, yo tuve una fuerza de voluntad increíble y pude salvar mi reputación y mi conciencia para no caer en esa tentación.
Siendo ya un hombre de 29 años, y con un hijo con mi esposa, siempre he querido tocar este tema con ella, sin embargo ella lo evita, y yo simplemente no quiero intentar abrirle esas viejas heridas a Lia.
Siempre inculcado desde mi seno familiar, me enseñaron a respetar a las personas por igual, a defender las causas justas, a no ser grosero ni injusto con los demás.
Y justo sabiendo todo ello, esos supuestos amigos míos me hicieron cometer un gran delito a una jovencita, lo cual en los años siguentes, dos años para ser exactos, sufrí de culpa e insomnio, lo cierto es que pude dormir tranquilo hasta después de haberme reencontrado con quien ahora es mi bella esposa, una mujer inteligente, capaz, con una formación de valores ejemplar, carismática, bondadosa, no hay dos como ella, es única en el universo.
Cuando ocurrió ese fatídico momento, ( digo por eso que fuí la mitad de culpable, por que mi mente se llenó de ella ) la deseé por completo, la amé como nunca antes lo había hecho, disfruté de su cuerpo, y yo entre mis locuras sentí su aceptación, si, parece mentira, pero ella estaba también participando sexualmente, por que había parado de llorar para corresponder a mis besos, a mis caricias, algo que después de casarnos, no siguió ocurriendo, pero yo sigo esperando que en algún momento me perdone y seamos como aquella noche, como aquella vez.
Hoy llevé un caso en la corte, la mujer a quien estaba defendiendo de su agresor, un violador en potencia, solo pensé en mi situación.
Algo que siempre ha venido en mi mente, cada vez que estoy acusando a un pervertido, sé que mi caso no fue igual, pero no deja de molestar a mi conciencia en paz. Ya saben una conciencia tranquila y limpia es la mejor carta para un hombre.
Bajando de mi despacho al recibidor, encuentro a mi esposa Lía hablando con su editor, todos este tiempo ella ha estado tan ofuscada por el estrés que todo le salga muy bien con la publicación de su nueva colección de sus libros, algo que apoyo con todo el corazón.
Cuando acaba de entenderse con su editor, el señor Cinelli, ella entra y se sienta en el sofá, la veo rendida mentalmente, espero que todo le salga muy bien y al fin pueda olvidarse de la competencia de su libro con otro libro muy llamativo y singular.
Ella me ignora y se va a su pequeño estudio, nuestros desacuerdos son estos presisamente, que ella no acomoda cada cosa prioritariamente en su sitio, así puede salir favorecido cada aspecto de nuestras vidas.
Por ejemplo, la niñera de nuestro hijo es quién hace todo por nuestro hijo, a Lia no le ha importado más que su eficiente carrera en la publicación y éxito de cada libro que parecería que ella da a saltar al espacio através de un cohete espacial, por que sale alto, muy alto.
Y eso me alegra mucho, mucho, pero a qué punto podemos sacrificar a la familia por mantener nuestros éxitos muy altos. Uno de los dos lados terminaría por colapsar.
Realmente es algo que no deseo ni quiero, pero eventualmente lo veo llegar, y tal como si estuviera pagando mis pecados con ella, por lo que le hice, ella me está evitando, y lo está haciendo de poco en poco. Me está dejando a un lado a mi y a nuestro hijo de dos años, para poder solo enfocarse en sus prioridades, sus libros, que han sido los mejores.
En el aeropuerto Internacional John F Kennedy.
Una chica con un gorro tejido a mano puesta en su cabeza, baja de un enorme avión, ella es Marianela, viene siguiendo las huellas de su hermana, quiere verla aunque sea de lejos, no sabe que mientras más se acerque, mas se apegará a la vida de ella.
De lejos Líah Michel está casi escondida, pues no quiere ser vista ni por fans ni reporteros, ella anhela la vida sin tantos altibajos, su editor le había advertido que tenía un gran futuro como escritora, que la vida matrimonial le estaba arruinando todo el éxito que le venía encima.
De pronto Líah Michel pide a su asistente que vaya por un café en uno de los Starbucks de tiendas en el aeropuerto, allí cuando su asistente llega después de que ha pasado por el baño, ve a su jefa Liah Michel comprando un jugo de arándanos, no sabe ni remotamente que ella no es su jefa y bromea diciendo que algún reportero la va a atrapar infraganti, pero que no lo logrará con ese corto de cabello, le dice que por cierto, le queda mucho mejor que el cabello largo.
Por supuesto la chica no le escucha nada del comentario, ya que está escuchando su lista de música favorita, al tocar el turno al asistente, este se distrae y en un abrir y cerrar de ojos cuando vuelve, ya no la encuentra.
Al poco tiempo, al regresar encuentra a su jefa Liah Michel que está con su vestimenta original y con el cabello largo, cree que está mirando mal, que seguro es por que no ha descansado lo suficiente. Sin embargo no le comenta nada.