Mirarse

1333 Words
—Oh, mi fan número uno, ¿Cómo estás, me alegra verte?—El chico guapo se sonroja, Este es el mismo que se encontró a Marianela en el curso de finanzas. —¿Vas viajando?—Su pregunta siguiendo en el aire, con sinceridad Líah no quería que sus fans supieran sobre su paradero. Pero ahora tiene que decirle a él. —Voy a Toronto, allá haremos el lanzamiento del último libro—Explica algo nerviosa. Ella se siente algo fuera de sí cuando está en presencia de Hugo Sanders. Un joven y rico hijo de una familia prominente. La misma persona que habló con Sam. —Los libros, ¿Me lo devuelves, Sería bueno que plasmaras tu autógrafo? Me encantaría—Lía se pone algo nerviosa, cuestiona. —¿Libros, cuáles?—Hugo se pone algo incómodo, está algo nervioso también, se vuelve algo impaciente y vuelve a repetir. —Hace tres días dijiste que lo revisaría es porque tú editor iba a darle una revisión en sus páginas, Cómo no están a la venta aún, creí que si era, pero son mías, tú me los diste y aún no he leído me gustaría que me lo devolvieras. Ella le dice a Hugo, —está bien, no lo recordaba, ¿Quieres venir a Toronto conmigo? Te daré una colección nueva.—los ojos de Hugo brillaron con expresión alegre, Lia le estaba dando un espacio a su lado. —Lia, hoy no sientes que debas disfrazarte?—Lía frunce el ceño con sorpresa y hace gesto de What? —Tu cabello corto, ¿en serio crees que por tener un cabello corto no te reconoceré?—Lo que hace Lía al llegar al hotel es llamar a su Madre. —Madre, eras mi mejor madre y te amo, pero ¿no pudiste limpiar mi camino?—La inglesa Lauren Michel se pone muy consternada al oír estas palabras. —¿Por qué razón dices eso?—De qué camino limpio hablas?—Cuestiona Lauren Michel. —Cuando me adoptaste a mis dos años, ¿No pudiste percatar si tenía más hermanos?—Doña Lauren Michel está algo fuera de si con las insinuaciones de su hija adoptiva, ella no sabe hasta dónde llega los límites de su hija Lía, la conoce y sabe acerca de eso. Respira profundo y le habla con mesura. —Si te refieres a tu hermana, me di cuenta allí mismo, ustedes eran dos niñas preciosas, sin embargo a tu hermana ya la estaban adoptando otra familia, no pude llevarla con nosotros.—Le canturea sus pensamientos. —Nunca dije que quería tenerla conmigo. Investiga sobre ella.—Exige Lía. Da la vuelta y mira a Hugo que va llegando con un maletín de negocios. En un gesto cambia su semblante por una de encanto y felicidad. Se acuesta en la cama y mira a Hugo, éste se pone algo nervioso y dice: —Pueden malinterpretarnos, mejor será irme.—No te he pedido que te vayas. Resuena la voz de Lía, y el joven se congela. Claramente hace unos días en la ciudad donde se encontraron, ella parecía más dulce, más inocente, ¿Por qué ahora parece actuar muy calculadora, muy seductora? —Acuéstate Hugo, te gustan los libros que escribo o te gustó yo? —Se hace un largo silencio. Hugo solo tartamudea, él está pensando en que Lía siempre se insinúa, coquetea y luego se aleja, si es algo de su carácter, ¿Por qué la sintió algo diferente hace días atrás? Lía se recoge de la cama de mal humor y dice con exasperación. —¡Creí que te gustaba! —Hugo se sobresalta y dice con suma rapidez. —Me ....me..g...gus...tas. tú me gustas. —La mujer sonríe, le gusta ser el centro de atención de los hombres poderosos y fornidos, guapos atractivos, como los protagonistas de sus series. —Entonces, ¿Por qué no me desviste y me haces el amor como un loco?—Hugo traga gruesa saliva. Está algo anonadado, había soñado con hacerle el amor en más de una ocasión, pero nunca pensó que fuese alguna realidad, él vio en las noticias hace unos días que ella era casada. Tenía una familia muy hermosa, salió en la revista de las personas más influyentes del último, por lo cual cuando dijo en aquel pueblo que no tenía novio, era verdad, no tenía un novio, pero si un esposo. Lo peor era que su familia y la familia del esposo de Lía se conocían, habían hecho negocios y transacciones. —Tus empleados, el equipo de trabajo que anda contigo, no se enterarán?—Ella voltea los ojos hacia atrás y dice—Queria recrear a Mothawa mi héroe Asiático de la tercera saga, pero ya veo que debo buscar uno acorde al personaje, tú no tienes agallas. Entre dientes susurró para si misma, "Es igualito a Benjamín, todo lo quiere hacer correctamente, sin romper reglas, salir de uno así para conseguir otro igual de meticuloso" —Chasquea la lengua insatisfecha da la vuelta resuelta a irse. —¡Adonde vas!—Alguien la había detenido de forma brusca y sin cuidado. —Si, si, así me gusta, trátame como si fueras un tosco, rudo y yo una dama abusada! Yeah—Vocifera con emoción. Los fetiches de la gente así eran raras y locas, incomprensibles, ella se acostó boca arriba con cara de miedo, "¿estaba recreando a una damisela en apuros de sus historias?" Se rió emocionada. Mientras que Hugo, el hombre que probablemente estaba queriéndola sinceramente se sentía mal a la vez en gloria por que ahora mismo estaba tomándola para hacer el acto prohibido. Rompió la vestimenta de Lía, ella gritó con frenetismo, Hugo se detuvo por que se asustó de que llegaran el personal del hotel y lo culparan, pero ella le dijo : —¡Calma, solo estoy recreando un acto de sexo a fuerza! Todo tiene que ser así verídico. Y no te preocupes, mi equipo que trabaja conmigo ya sabe que así soy. La mente de Hugo se llenó de decepción, esto quería decir muchas cosas, primero que Lía, no era nada inocente, que estos fetiches de ella no eran ni las primeras, él si que era muy nuevo en esto. Debía parar e irse, pero la tentación era muy grande, Lía lo desvistió entre gemidos y gestos de cara, por ejemplo, ella se mordía su labio inferior, se volteaba sus ojos hacia atrás, se reía y hasta hacia gestos de lloros al ser embestida por la dureza de Hugo. Después de una candente sesión de sexo puro, de parte de Lía era eso nada mas, de parte de Hugo, aún no se sabía con qué venía cargada su acción, solo sabía algo él, que había brincado la barda que no debió cruzar. Hugo sentía dos cosas; decepción, a la vez ansiedad, ansioso de que se repitiera la intimidad con ella, a la ves confusión, ella lo confundía de gran manera. Lía Michel miró a Hugo como a un cachorrito, Hugo tenía 25 años, pero era hasta más inocente que la propia Lia Michel que solo tenía 22 años, ella dijo entre gemidos por que había tomado el pene de su amante Hugo y lo estaba masturbando con sus manos para poder tenerlo duro como hace un rato. Cuando este se erigió levantado listo "pa la guerra pa tras ni pa coger impulso" ella lo empezó a lamer su m*****o. Hugo quedó completamente absorto de placer, era la primera mamada que recibía, había pasado muchos años, no se había enamorado de alguien, solo una chica con la que perdió su primer vez en la escuela. Nada más. Cerró los ojos con sumo éxtasis y cuando miró para abajo, solo para ver los ojos juguetones de la mujer que tanto le había gustado, pero que se negaba a reconocerlo hasta que ella empezó a mandar señales de que quería algo así con él.
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