Dos meses pasaron desde que Nicolay y Dean me descubrieron en el viejo galpón. Respetaron mi decisión de seguir peleando clandestinamente, prometieron no decir nada a papá y lo más importante no se han metido. Por otro lado Dean con tan solo mirarme ya sabe lo que ocurre cada vez que tengo que concurrir a mi “segundo trabajo”, agradezco que no dijera nada. Sigue pensando en cómo puede ayudarme a zafar de las garras de Rossi. Ayer me consoló después de descubrir que tuve otro blanco. Lo que más bronca le dio fue cuando le conté que como forma de amenaza tomaron de rehén a mi hija, la apuntaban con un arma, obvio que yo no la vi porque estaba en otro lugar. La escuche por el audífono. Federico me obligaba apuntar para dispararle a una joven hija menor de un mafioso. Podía escuchar como Nan

