Narra Joanna
Hoy es mi 3er aniversario con Carlos y, a decir verdad, ya no me siento tan feliz como en los dos primeros años de casados. Él era muy cariñoso y atento y al principio hacíamos el amor hasta el amanecer, pero con el paso del tiempo han sido menos los días, hasta que ya no me toca, a veces pienso que me está engañando con alguien más, pero su asistente Marcus, me ha confirmado que se queda trabajando hasta tarde o hasta el amanecer, pero eso lo puede hacer aquí en casa. ¿Qué necesidad de estar solo en la oficina?
—Ya me voy. —Y ahí está nuevamente con sus prisas de salir temprano al trabajo.
—¿No vas a desayunar? —Le digo en el momento en que pongo los platos en la mesa.
—No tengo tiempo, Joanna. Tengo una reunión. —Me da un beso en la frente y sale de la casa casi corriendo.
—¡Dios!
No puedo creerlo, ha estado así los últimos meses, ni siquiera a recordado el día.
Me siento a comer sola nuevamente.
—Señora ¿necesita algo más? —Dice Denisse, el ama de llaves de la casa.
—No, Denisse, puede retirarse. —Digo fingiendo una sonrisa.
En eso tocan a la puerta y le digo que yo me encargo de ello, ella asiente y se va.
Abro la puerta y es mi mejor amiga, Paty.
—Hola, Joanna. ¿Cómo estás? —Me da un abrazo y un beso en la mejilla.
—Aburrida como siempre. —Digo con cansancio y ella bufa.
—Como siempre… —Dice con sarcasmo y yo giro los ojos.
—Y por eso he venido por ti. Sé que hoy es tu aniversario, y, sin embargo, lo celebraran el sábado, así que vámonos al centro comercial. —Toma mi bolso de mano y salimos de la casa.
…
—Mira este vestido, es perfecto para ti. —Tiene que ser una broma.
—Pero es muy revelador, no quiero llamar la atención de más. Sólo me interesa mi esposo. —Le digo y la veo girar los ojos.
—¿Te vestirás de monja? O ¿Qué? —A veces Paty puede ser un poco pesada.
—Claro que no. Es sólo que no quiero que otros hombres me miren. —Y es verdad.
—¡Por dios! Joanna, eres hermosa y deberías de mostrarlo y ser la envidia de muchas. —Se ve algo molesta.
—¡Está bien! —Digo rendida, porque con ella es imposible hablar como personas civilizadas.
Sonríe de manera triunfante y me entrega el vestido para que me lo pruebe.
—Algún día me desquitaré de esto. —Le digo y sólo la escucho reír.
Entro al vestidor y me despojo de la ropa para ponerme el dichoso vestido.
Una vez puesto, me miro al espejo y como lo decía, es bastante revelador, un escote muy pronunciado, tiene una abertura en la pierna derecha y la espalda descubierta.
—Y ¿Bien? —Pregunta Paty del otro lado de la puerta.
Tomo todo el aire que pueda, lo voy a necesitar. Salgo y veo un brillo en los ojos y una gran sonrisa.
—No lo sé. —Digo haciendo una mueca.
—Pero ¿Qué dices? Claro que no. Como te lo dije hace unos momentos, eres hermosa. —Asiento y regreso a quitármelo.
…
Pasamos a comer a un restaurante, y estaba a punto de pedir una hamburguesa, pero Paty no me lo permitió.
—No seas tonta, sino ese vestido no te quedará. —¡Dios! Es igual a mi madre.
Así que terminé pidiendo ensalada y agua natural.
—No seas infantil, me lo vas a agradecer, créeme. —Espero que no.
Estaban a punto de traernos la “comida” cuando recibió un mensaje.
—Lo siento, pero esto es urgente. —No se despide y se va. Al menos ya puedo respirar tranquila.
Llamé al mesero y le pedí mi hamburguesa.
—¿Joanna? —Esa voz. Miro y es nada más y nada menos…
—Suegro. —Lo miro y no puedo creer que sea el padre de mi esposo, es guapísimo, además de soltero.
—Te he dicho que no me digas así, me hace sentir viejo. —Finge seriedad.
—Lo siento. —Digo tímidamente y sonríe.
—¿Puedo hacerte compañía? —No sé por que este hombre me pone tan nerviosa, digo si es intimidante, pero es una buena persona.
—Claro que sí. —Toma asiento frente a mi y en eso el camarero con mi hamburguesa y más pena me dio.
—Quiero una igual, por favor. —¿Qué? ¿en serio?
—Come, por mi ni te preocupes. —Dice sin quitar esa sexy sonrisa. ¡Joanna! ¿Qué cosas pienso? Asiento y comienzo por comer.
—¿Estás nerviosa? —Dice sacándome de mis pensamientos.
—¿Disculpa? —Digo sin comprender.
—Por la fiesta de aniversario con Carlos. —Ah, eso.
—Bueno, sí. Digo, son 3 años y estoy feliz. —Trato de sonreír. La verdad no sé qué decir o sentir.
—Verás que todo saldrá bien. —¡Dios! ¡El vestido! ¿Qué va a pensar Alonso al verme con ese vestido que no deja nada a la imaginación?
—Espero que sí. —No se si tenga tiempo de cambiarlo o comprar una segunda opción, y la verdad no me importa si Paty se molesta conmigo.
—Te tengo que dejar. —Tomo mi bolso y cuando estaba por sacar el dinero para pagar, siento su mano sobre la mía y eso me hizo sentir una corriente eléctrica por todo mi ser.
—No te preocupes, yo invito. —Guiña un ojo de manera coqueta, lo que me hace pasar saliva de manera pesada y nerviosa.
—Gra… —Aclaro mi garganta para que no note mi nerviosismo. —Gracias. —Trato de sonreír.
—No te preocupes. —Me levanto de mi lugar y trato de evitar mirarlo más. Sin embargo, vuelvo a sentir su toque, se levanta y se agacha un poco para dejarme un beso en la mejilla.
Sin decir nada más, salgo casi corriendo del restaurante. Salgo de la plaza comercial directo a casa.
—¡Me lleva!
Olvidé por completo lo del vestido. Ni hablar, iré mañana. Con la aparición inesperada de mi suegro, me olvidé de ese detalle.
…
Tengo la cena lista, con velas y el regalo de Carlos. Me puse un vestido azul marino corto y de tirantes, zapatillas n****s y rocié un poco de perfume de flores.
Escucho el auto llegar y lo espero de pie frente a la puerta.
Entra Carlos y está muy serio.
—Hola, cariño. —Me acerco a él para darle un beso en los labios, sin embargo, me ignora. ¡Dios! ¿Por qué?
—Hola. —Pasa de largo.
Va y toma asiento en la mesa, así que hago lo mismo y le extiendo su regalo.
—¿Qué es esto? —Mira la caja con el ceño fruncido.
—Es tu regalo de aniversario, cielo. —Digo con una sonrisa y toma la caja y la abre.
—¿Un reloj? —¿En serio?
—¿Para qué quiero otro reloj? —Me mira sin comprender.
—Bueno, el que tienes ya tiene años y quería darte uno nuevo. — Digo cambiando mi expresión.
—No tiene nada de malo, además, fue un regalo de mi madre. —Deja el regalo sobre la mesa y se va a su despacho.
Eso fue muy decepcionante. No lo entiendo, como lo había dicho antes, él ha cambiado de un tiempo para acá y es como…
—¡No! Carlos me ama y estoy segura de que no me está engañando con alguien más.
Dejo el plato de un lado, no tiene caso cenar sola. Le pido a el ama de llaves que levante la mesa y guarde la comida. Apago las velas y me traigo conmigo el reloj. Me lo ha despreciado, por primera vez rechaza un regalo mío en un día como hoy.
¡Es más! Ni siquiera prestó atención a una fecha tan importante como lo es nuestro aniversario.