Narra Joanna
Hoy se supone que celebraríamos nuestro aniversario con invitados, se supone que es algo mas de parejas, pero fue a petición de Carlos hacerlo de esta manera.
El personal de la casa está yendo y viniendo de un ligar a otro con todos los preparativos y yo sólo me quedo observando, ya que mi esposo contrató a una
organizadora para este tipo de “eventos” y porque no confía mucho es mis gustos.
En los dos años anteriores no se oponía a que yo me ocupara de nuestros aniversarios.
—¡Vaya! Está quedando realmente hermoso. —Paty me sorprende con su presencia.
—¡Dios! Harás que se me detenga el corazón. —Digo y ella sólo bufa.
—No seas exagerada. —Me da unas palmaditas en la espalda.
—¿Qué te trae por aquí? —Prefiero cambiar de tema.
—Venía a ayudar, pero creo que todo lo tienes bajo control. —Dice mirando toda la decoración.
—Bueno… —Estaba por explicar, cuando aparece Amelia, la decoradora.
—Señora, ya todo está listo para esta noche. —Es una mujer poco más alta y delgada que yo, rubia y hermosa de ojos azules.
—Muchas gracias, Amelia. —Digo y ella asiente con seriedad.
Miro a mi amiga quien está molesta. ¿Por qué?
—Me retiro. —Se despido y asiento.
—¿Por qué contrataste a esa mujer? Tú tienes mejores gustos. —Me recrimina algo que ni yo hice.
—No fui yo. Fue… —Y otra vez la interrupción.
—Ya llegué. —Y ahí está mi esposo.
—Cariño, llegaste temprano. —Una sonrisa se dibuja en mi rostro.
—Si, ya que hoy celebraremos nuestro aniversario. —Me abraza y deja un casto beso en los labios, uno que fue interrumpido por un carraspeo.
—Bueno, los dejo. Debo ir a mi casa a prepárame para está noche. —Dice Paty y se va.
—Quería disculparme contigo por lo de la otra noche, cariño. Sé que fui grosero al rechazarte el reloj. —No puedo creer lo que estoy escuchando.
—No mi cielo, si ya tenías uno que aprecias mucho yo lo entiendo. —Se acerca nuevamente a mi y veo un brillo en su mirada.
Siento como me carga en sus brazos y nos lleva hasta nuestra habitación. ¡Dios! Me siento muy emocionada, sé lo que pasará…
…
La noche llega y los invitados han comenzado a llegar y yo sigo en la habitación sin decidirme o no por el vestido que Paty había elegido para mi y necesito ponerme algo ya, pues la celebración está a punto de comenzar.
En eso tocan a la puerta.
—Señora, Su esposo está preguntado por usted. —Me dice Denise desde el otro lado de la puerta.
—Ya bajo. Muchas gracias. —Dicho eso. Ella se va.
—¡Dios! No tengo mas remedio que usarlo. Además, combina con ese hermoso collar de esmeraldas que me había regalado Carlos en nuestro primer aniversario.
Una vez lista, me doy un ultimo vistazo y salgo de la habitación, bajo por las escaleras, y cuando llego al ultimo escalón, todos me miran y siento la vergüenza en mi rostro. No puede ser. Debí usar algo menos llamativo.
Sin embargo, hay una mirada que me hace quemar todo mi cuerpo, trato de buscarla con discreción, sólo que no logro dar con ella.
—Querida, ¡Estás hermosa! —¡¿Qué?! Acaso ¿Carlos me elogió?
—Gracias, cielo. Pensé que no me dejarías usar algo así. —Digo al mirarlo a los ojos, sólo que en su mirada se refleja lo contrario.
—Bueno… si me hubiese gustado que algo como esto lo usaras… tú sabes… estando solos. — No me da tiempo de reaccionar, cuando me ofrece su brazo y lo tomo con una sonrisa en mi rostro.
—Muchas felicidades por su tercer aniversario. —La primera en felicitarnos es mi suegro.
—Gracias, padre. —No sé por que siento una leve tensión entre ellos.
—Gracias, Alonso. —Lo miro con discreción y se ve… uf… guapísimo.
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—Les deseo que cumplan muchos años más. —Ahora se acerca Paty con una sonrisa que no logro descifrar.
Y así cada uno de los invitados que están aquí, no fueron felicitando por nuestro aniversario.
—Muchas gracias a todos por asistir en este día tan especial para mi esposa y para mí. Significa todo para nosotros. —Algo que bastante inusual para mi punto de vista.
Todos levantan sus copas al mismo tiempo que lo hace Carlos, sin embargo, en la mía sólo hay agua, me ha pedido no beber para no hacer el ridículo como en uno de sus cumpleaños. Algo que no logro recordar.
La música comienza a tocar y Carlos me invita a nuestro baile y escucho los aplausos de los demás.
—Realmente estás bellísima. —Dice ceca de mi oído y eso me hizo estremecer.
—Y tú estás muy guapo. —Digo y dejo un beso en sus labios. Y otra vez siento esa mirada, la vuelvo a buscar y nada.
…
El tiempo pasa y poco a poco se están yendo, mientras que estoy buscando a mi esposo a quien no he visto hace mas de una hora. Y con mi desesperación, comienzo a beber copa tras copa sin sentir que he comenzado a marearme un poco.
—Sandy, bella. ¿Has visto a Carlos? —Le digo a una de mis conocidas.
—Lo vi por su despacho. —Me dice con seriedad y no lo comprendo. Y antes de que pudiera agradecerle, se va.
No le doy importancia y voy hacia el despacho y la puerta está entre cerrada y al acercarme puedo escuchar unos gemidos, me asomo temiendo lo peor y sin abrirla en su totalidad, veo a mi esposo intimando con…
¿Paty? ¡No! Debe ser alucinaciones mías por el efecto del alcohol.
—¡Oh! ¡Carlos! ¡Mas! —Ok, no lo son.
Quiero abrir la maldit*a puerta y gritarles, sin embargo, no lo hago. Así que, por inercia, camino hacia la parte de arriba de la casa y cuando estaba a punto de entrar a mi habitación, veo a Alonso, tan atractivo como siempre, y se me cruza una loca idea por la cabeza.
Sin decir nada, lo tomo de la mano y lo llevo a una de las habitaciones de invitados, entro con él y cierro la puerta con llave.
—¿Qué ocurre? —Me mira sin comprender.
—¿Soy hermosa? —Digo y sigue con esa expresión.
—Claro que sí. ¿Por qué…? —No lo dejo hablar, porque pego mis labios a los suyos y Alonso no duda en corresponderme.
La traición de esos dos, me han hecho estar en los brazos de otro, y no de cualquier persona.