Cuando entro al que será el despacho en el que trabajaré siento la presión escapando de mi cuerpo y me veo necesariamente obligada a ponerme contra la mesa de madera oscura y cristal en ese encima. Abro las manos sobre el frío material y cierro los ojos inclinada y suspirando profundamente.
—¿Se encuentra bien, señorita Gloves?
La voz dulce y suave de la secretaria me devuelve a la realidad. Me incorporo y miro en derredor por todo el sitio analizando los muebles que me rodean y encuentro lo que busco. Por el camino asiento mintiendo. No estoy nada bien
—Si, gracias. ¿Cuál es tu nombre de pila?
Mientras espero a qué responda me acerco al minibar que tengo a mi disposición. Estiro la mano para tomar una copa y servirme agua cuando dice:
—Puede llamarme Megan.
—Precioso nombre. Tú llámame Lara —ordeno. Sospecho que de otra forma no lo haría —. Serás mi chica de confianza aquí. No quiero sentir que hay tanta distancia entre las dos. Siéntate, por favor.
Me bebo mi agua y cuando me doy la vuelta la veo indecisa entre obedecer, o ser espontánea y no sentarse.
—Es que cuando viene la señorita Noris se pone muy nerviosa si no le sirvo su agua tónica con hielo. Enseguida vuelvo, si me permite.
—Pues ya no será así, Megan —me siento sobre la esquina de mi mesa y la invito a sentarse otra vez. Esta ocasión obedece —. Eres mi secretaria, no la de... no la del señor Osborne —tartamudeo —. Si su novia quiere algo que se lo de él. ¿Cuánto tiempo llevan juntos?
Ya he hecho la pregunta cuando me quiero retractar. Tengo que disimular mi curiosidad parandome para irme a mi silla.
—Dos años y medio, señorita Lara.
—Solo, Lara —insisto. Ella asiente apenada.
—Él estaba muy triste cuando le propusieron ser novio de ella. La extrañaba mucho a usted.
Las dos nos quedamos calladas ante su confesión. Efectivamente como yo creía, ella sabe de mi pasado con Fernando. Me interesa mucho saber que más sabe y sobre todo que me cuente lo que sabe de él. Si vamos a trabajar juntos, hay cosas que tengo que tener claro.
—Lo sabes todo, ¿verdad? —ella asiente encogiendose de hombros.
Abre la boca para decir algo más sin que le tenga que preguntar y entonces la puerta se abre y Fernando se acerca a ella, la toma del brazo y la saca fuera sin decirle nada y cierra con seguro cuando estamos solos. Toma un control remoto del costado de la puerta y activa algo que hace que se escarchen los cristales de mi oficina y la privacidad peligrosa, nos rodee.
—Sal fuera —enfatizo y separa cada palabra mientras alzo mi índice con firmeza.
—¿Qué es eso de que vas a casarte?
Suelto una risa nerviosa y me levanto para dar la vuelta al escritorio, pongo los brazos en jarra y escupo:
—Punto número uno: no te metas en mi vida —él avanza y yo mantengo mi férrea postura —. Punto número dos: no tienes derecho a reclamar por algo en lo que estás en igualdad de condiciones —le tengo encima cuando continúo alzando el tercer dedo para enumerar —. Y punto número tres: ¡sal, fuera!
—Demasiado tarde, nena...voy a besarte. El punto número tres es que te calles.
—¡No te atreverías...!
Inmediatamente su boca impacta contra la mía y me resisto sin éxito. Hago fuerza para no abrir los labios pero él no se rinde. Me lleva contra la pared, nos pega cuerpo contra cuerpo y con una mao toma las mías para subirlas contra la pared y mantenerme firme mientras la otra me recorre el cuerpo vestido.
Abro la boca para quejarme cuando me pellizca un pecho y aprovecha para meter su lengua en ella y rozar la mía arrancandome un traicionero gemido. ¡Maldito sea!
Hace tanto que no le beso. Que no me besan así, que me olvido de todo y gruño al tiempo que empiezo a responder el beso sin poder detenerme. El muy canalla sonríe en el duro movimiento que hace en mi boca y le muerdo el labio con rabia. Los dos gemimos y una de mis piernas sube a su cintura y le rodea. Hemos dejado la cordura de lado y perdido la cabeza del todo. Esto es una locura.
Llevo años sin oírle llamarme nena. Años sin su boca pecaminosa contra la mía y años sin la sensación de abandono absoluto que solo ha podido provocar en mi: Fernando Osborne.
Pero entonces suelta mis manos poseído por la lujuria, con toda la intención de manosear mi cuerpo con ellas y es mi momento de apartarlo.
Lo empujo por el pecho con mis dos manos, se aparta y le abofeteo con rabia. Rabia con él por hacerme esto y rabia conmigo por dejarle hacerlo. Y por la humedad entre mis piernas.
—No vuelvas a besarme o te pongo una denuncia por acoso s****l.
—Eres mi mujer, solo tengo que gritarselo a todos y esa demanda no procede —se defiende recomponiendo su estado.
A mi sin embargo me salta el pecho, me falta el aire y me tiemblan los muslos de la fuerza con la que aprieto mis piernas.
—No soy nada tuyo, Fernando y también existen las demandas por intento de violación.
—¡Por Dios, Lara!¡Sabes que nunca haría algo así! —ruge enfadado. Tiene razón. Lo sé.
—¡Vete de aquí, por favor te lo pido! —señalo la puerta.
—No esperaba que fueras tú la que vendría a la empresa. Yo no me ocupo de esta filial. Es mi hermano que murió.
Su explicación me deja extrañada. Fernando no tiene un hermano. Son dos hijos en su familia y la otra es: Eva Osborne. No sabía de nadie más.
—Mi madre tuvo un affaire —me explica cuando ve que no entiendo de quien habla —, papá lo descubrió y tuvo que confesar todo. Ahora mi hermano Carlos —el secreto bastardo— ha muerto y me ha dejado sus empresas a mi. No sé por qué.
—Sí que ha pasado de todo en mi ausencia —ironizo más asombrada de lo que aparento.
Tengo que averiguar quién me trajo de regreso asumiendo que realmente él no esta al tanto. Para enmascarar el contrato, lo firmó el segundo al mando de la empresa y me sorprende que Fernando no sepa nada. Alguien me hizo una oferta irrechazable para que volviera;pero...¿quién? Y sobre todo, ¿para qué? Cualquiera que nos haya conocido juntos sabe la historia que vivimos y el amor que nos teníamos. No se arriesgarían a reunirnos otra vez cuando se nos hace tan difícil mantener las distancias entre los dos y a la vista está que así es.
—No me había dado cuenta de lo mucho que te he echado de menos este tiempo —murmura muy bajito. Tan bajito que es una caricia a mi alma entera.
—Eso es que no has pensando en mi.
—¿Eso es que lo esperabas? —contraataca y se acerca un poco de nuevo. Yo me encamino al bar huyendo. Soy cobarde cuando me habla así. Y quiero a Oscar, no puedo dejar que se me olvide.
—Eso es que no me importa nada de lo que digas...vete al demonio Fernando... —parezco enfadada y dolida —...y limitémonos a hacer nuestro trabajo. Cumpliré con mi contrato y me iré, tú —le señalo tomando más agua —,no eras lo que esperaba cuando acepte este trabajo.
—Yo tampoco sabía que vendrías tú —repite como si no lo hubiera oído la primera vez.
Se sienta en el brazo de un sillón frente a mi y no deja de mirar mi cuerpo entero con descaro.
—Entonces alguien está jugando con nosotros —expongo mi duda —. Tampoco fue contigo ni tu nombre aparecía en los contratos que firmé. Esta noche revisaré todo.
—Ya lo estoy investigando, no te preocupes.
—No si no me preocupo —refuto y me encamino a mi sillón detrás de la mesa —, solo me produce intriga quién quiere que estemos juntos bajo el mismo techo cuando hace tres años pedían mi cabeza en tu familia.
No me gusta hablar de ese pasado juntos. Quiero llorar cada vez que lo recuerdo y a su vez fustigarme por ser tan débil y regresar a él, en vez de salir corriendo ahora mismo.
—Y la mía en la tuya.
—Pues eso...que es extraño esto.
Quiero dejar este tema cuanto antes. No lo quiero hacer parte de mi presente y menos cuando tengo a su mayor activo a dos metros de mi.
—Estás preciosa —se pone seductor. Es su estilo cuando me enfadaba. Hacerme cumplidos para hacerme reír.
—Gracias pero no me hables así otra vez —respondo hosca. Ya no soy esa de antes.
—¿Por qué? —se levanta y viene a mi otra vez —¿...te pone nerviosa que evalúe tu belleza y celebre tu perfección? —pone una pierna sobre mi mesa y me recuesto alejándome de su espacio personal.
—No es prudente.
Mientras más debilidad o miedo le demuestre más interés pondrá en mi. Tengo que hacer que sienta que no queda nada entre los dos a pesar del beso que nos hemos dado antes que grita en vatios idiomas todo lo contrario.
—Cena conmigo esta noche.
—Ni en tus sueños. Estás con alguien y yo también —aprieta los puños apoyados en su mulos —. Voy a casarme Fernando...en tres meses. Estoy prometida. Y tú es más que evidente que también.
De pronto se ríe de forma escandalosa y me resulta grosero. Pongo los brazos cruzados bajo mis pechos, visiblemente enfadada. Trato intentando sin gran esfuerzo disipar las sensaciones que me produce su ataque de risa hasta que se acerca a mi y suelta...
—Pues suerte con tu boda. La vas a necesitar si pretendes casarte otra vez.
Se levanta y se marcha dejándome ahí tirada sobre mi sillón, confundida y ofuscada. No entendiendo nada de lo que dijo en medio de esa risa burlona pero consciente de que por lo menos he dejado claro que no estamos juntos y aunque tenerle cerca será una tortura complicada porque le conozco mucho y puedo ver las siguientes fichas con las que jugará, ambos nos casamos pronto...diga Fernando Osborne lo que quiera que diga. En clave o sin ella.