Herón había regresado a Londres con el cuerpo marcado por la batalla que había librado en Francia. La adrenalina ya se había disipado, pero las heridas seguían recordándole los golpes, disparos y la mordida que había recibido. Sabía que debía evitar a su hermano mayor, Horus, al menos hasta que las marcas en su piel se atenuaran. Si lo veía en ese estado, lo sometería a un interrogatorio extenuante y, más que eso, lo haría sentir como un niño imprudente por haber intervenido en una situación como esa. Siendo mucho más comprometedora por ser en un país extranjero, con una diplomática oriental y con costumbres estrictas como las de Emiratos Árabes Unidos. Al entrar a su vecindario, sintió una familiar sensación de calma. Era un lugar tranquilo, con casas ordenadas y jardines bien cuidados.

