57. Solo Dios sabe Erick —¿Puedo pasar? —Escucho la voz de mi madre a través de la puerta. No respondo, pero ella no se ve afectada e ingresa de todos modos. —¿Quería saber si vas a cenar aquí o en el comedor? Desde el día que perdí a Camille, el trato con mi madre ha sido cada vez más frío. Ella logró que el respeto y amor que sentía por ella, se fueran de mi corazón. —No tengo hambre. Si quiero algo, se lo pediré a la empleada. ¿Algo más? —Veo que mi actitud la hace sentir mal, pero no es nada a lo que ella nos hizo a nosotros. —Hijo…sé que me odias, pero ya ha pasado mucho tiempo. Te pido por favor que ya no me guardes rencor. Yo te necesito y tu hijo te necesita. Al mencionar a ese niño, no puedo evitar sentir rechazo. —No me interesa si me necesitas. Camille tam

