7. ¿Feliz Navidad?

1649 Words
7. ¿Feliz Navidad? Camille Voy bajando las escaleras de prisa, pues tengo examen a primera hora y voy tarde. Ayer me quedé estudiando hasta muy noche y olvidé poner la alarma. Cuando estoy a punto de llegar al final, la voz de mi padre me detiene. —¡Camille! —Me giro para verlo y me da una ligera sonrisa. —Buenos días. —Le digo de manera amable, y solo asiente y me contesta con una especie de gruñido. —Mjm…Te quería avisar que mañana salgo para Inglaterra. Pasaremos la navidad allá. —Sus palabras me duelen un poquito, porque aunque no quiera, he ido blindando mi corazón con los años para no sentir dolor pero aún no funciona del todo; y a pesar de todo, siempre pasé las festividades en una familia. —Este sobre lo dejó tu madre, puedes comprar algo rico para cenar o ir a casa de tu amiga. No sé qué contestar, así que no digo nada, solo muevo mi cabeza afirmando. Al parecer, lo pasaré sola. —Está bien, gracias por avisarme. —Vuelve a soltar el gruñido y se da la vuelta para alejarse. De las dos personas que me adoptaron, él siempre ha sido quien menos ha tenido acercamientos conmigo y nunca he sabido por qué. No quiero que esto me afecte, así que hago como si no me hubiera dicho nada. El chofer me lleva a la escuela y se despide. Debido al continuo trato, al fin he logrado que me sonría y me trate con más confianza. —¡Apúrate Camille, llegaremos tarde! —Marcela me espera en la entrada y ambas corremos hacia el salón. Estoy en preparatoria y ya tengo dieciséis años. No dejé que lo que pasó hace rato en casa me afectara. Me estoy acostumbrando a estar sola en esa gran mansión y al menos Olga ya no me molesta, pues debido a su diabetes, le asignaron a una ayudante y ahora solo se encarga de manejar al personal y lo pasa encerrada en la cocina o en su habitación. Algunas veces viaja y sé que va a ver a su hija. Me gustaría mucho saber de Loreto, pero no me atrevo a preguntarle. Contesto rápidamente todas las preguntas y sé que me irá bien, pues no por nada me quedé despierta tanto tiempo estudiando. Este día solo tenemos esta clase y podemos irnos a casa. —¿Quieres que te dejemos de pasada? —Le pregunto a Marcela y ella niega. —No, voy a otro lugar y el transporte pasa por aquí. —Se queda callada unos momentos, como buscando las palabras a continuación. —Conseguí un empleo. —Volteo a verla para ponerle atención. ¿Un empleo? Aún somos menores de edad, así que no es tan fácil conseguir algo. —¿Vas a trabajar? ¿Siguen las cosas mal en tu casa? —Ellas pasan por momentos complicados, pues el padre las dejó para ir a iniciar una nueva relación. Hace poco me enteré que sus padres no estaban casados. El hombre nunca tuvo los pantalones suficientes para hacerse responsable y ahora se ha marchado. Aunque la señora debería haber exigido un poco más, pero nadie estamos en sus zapatos para juzgar. —Si, no completamos. Así que lo que gane será para poder terminar la escuela, no quiero ser una carga para mi madre. —Solo asiento. Me imagino que es difícil. —Bien, entonces, te acompaño a la parada del autobús. —Salimos y nos dirigimos a ese lugar. Cuando ella se marcha camino a dónde está el chofer para que me lleve a la academia de artes. Ese sitio es mi refugio. Solo ahí encuentro la paz que necesito y he aprendido mucho en estos años, sin embargo, cuando llego, me piden que me presente en dirección. —¡Hola Camille! Pasa por favor. —Entro en la oficina y con la mano me señala que puedo sentarme. —Buenos días. ¿Me necesita para algo? —La mujer está nerviosa, así que supongo no es algo bueno. —Si, quería comentarte que ya se venció el pago de este mes y no ha llegado la transferencia. ¿Sabes si tu madre tiene algún problema con los pagos? —Lo que me dice me sorprende mucho, así que niego. —No, no sé nada y mamá está viviendo en Inglaterra con mi hermana, pero si gusta, le enviaré un mensaje para preguntarle. —La mujer luce nerviosa y lo que me dice a continuación me hace contener el aire. —Lo siento mucho querida. Conoces bien el reglamento y lo estrictos que son los dueños de la academia. Me temo que si para mañana no te han resuelto, voy a tener que suspenderte. Sus palabras me dejan helada. Eso no es posible. Si me corren de aquí…¿Qué voy a hacer? Las ganas de llorar forman un nudo en mi garganta, así que batallo para poder responder. Pero después de unos minutos recupero el habla. —Mañana le tendré una respuesta. Si no me necesita para algo más, me retiro. —La mujer me mira con tristeza y le sonrío para calmarla. En cuanto cierro la puerta, me recargo en la pared cercana. No es posible. Durante estos años se ha pagado mi matrícula normal. ¿Qué está pasando? Voy al salón, pero no estoy concentrada. Mi lienzo está en blanco y no puedo ni siquiera trazar una línea. —¿Te pasa algo? ¿Te sientes mal? —El chico extraño es el primero que se acerca a mí. —No, solo que al parecer la inspiración no quiso acompañarme a clases hoy. —Le doy una mirada triste y me encojo de hombros. —¿Quieres ver que hice yo? —Su pregunta me causa curiosidad y me doy cuenta de que en verdad quiero ver su trabajo. Me levanto de mi lugar y camino hacia el suyo. Cuando levanta la manta que cubre lo que ha estado haciendo, me quedo sorprendida. —¿Soy yo? —Le pregunto y asiente. Observo los trazos y la hermosa imagen. Soy yo, pero cuando recién comencé a venir aquí. Es una Camille más joven y la tristeza en la mirada hace que mi corazón se encoja. —¿Así me veía? —Le pregunto con un hilo de voz. Solo mueve su cabeza de arriba a abajo. Volteo a mirar nuevamente el retrato. —Esa mirada ha ido cambiando con los años, pero el día de hoy, ahí está otra vez. No me gusta verte triste Camille. Me provocas dolor. Creo que por eso mucha gente no se acerca a tí, porque eres tan transparente que tienen miedo de contagiarse de tu tristeza. Entiendo lo que me quiere decir, pero no es agradable. Pero creo que tiene lógica. ¿Quién querría ser amigo de alguien tan deprimente? Solo la loca de Marcela tuvo el valor. —Eres muy talentoso. Te aseguro que serás muy famoso en el futuro, por cierto, creo que no conozco tu nombre verdadero. Sé que te llaman Goblin, pero no tengo idea de por qué. —El chico suelta una carcajada y se jala los ojos, haciendo que se rasguen un poco más. —Bueno, dicen que soy tan guapo como el actor coreano, así que alguien tuvo la brillante idea de ponerme ese apodo, pero en realidad me llamo Victor. Víctor Rogers, a sus pies señorita Camille Moore. —Sonrío ante la reverencia que me hace. —Mucho gusto señor Rogers. —Le sigo el juego y me inclino como lo hacen las damas de la realeza en las películas. —La verdad es que estoy preocupada porque en casa no han pagado la matrícula y si no lo hacen, tendrán que suspenderme. No supe que me dio valor para contarle algo tan íntimo, pero veo que se turba ante mis palabras. —Si ocupas dinero, con gusto puedo prestarte. No soy rico pero tengo algo guardado de lo que me dan mis padres. Con la moto no gasto mucho en combustible, y no soy glotón, así que como poco. Puedes decirme con confianza. No puedo contestarle de inmediato, pero no se imagina lo agradecida que estoy de que se ofrezca. —Gracias Goblin, yo te aviso. —Al chico le causa gracia que lo llame por su apodo, pero creo que le queda bien. Y veo que de esa forma firma sus cuadros, así que debe acostumbrarse a ser llamado con su nombre famoso. ***** —¿Estás bien Camille? —El viejo Edgar me hace una pregunta y me saca de mis pensamientos. —Si, estoy bien, no te preocupes. —Bajo del auto y me dirijo a la casa. Ya en mi habitación, marco el número de mamá, pero timbra varias veces y no contesta. Lo intento nuevamente y pasa lo mismo. Por mi cabeza pasa que no seguirá pagando mi escuela. ¿Qué podría hacer en ese caso? Me tiro en la cama de espaldas y ni siquiera tengo ganas de llorar. Mi teléfono vibra en ese momento y recibo varios mensajes. Lo tomo de inmediato y al desbloquearlo, veo que la feliz familia de tres está en muchas fotos por Francia. Mi dulce hermana se encarga de contarme las lindas vacaciones que están teniendo en Europa. En ese momento, siento gran frustración y quiero arrojar el teléfono pero si lo hago, no tendré para otro. «—¿Puedes preguntarle a mamá cuando va a pagar la mensualidad de la academia? » Envío el mensaje y espero respuesta. Después de casi media hora, al fin tengo una contestación. «—Dice que a partir de este momento te despidas de esas clases. Te falta un año para ingresar a la universidad y es lo último que va a pagar por tí. Adiooooss hermanita. Feliz Navidad.»
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