La fragilidad del orgullo

1303 Words
Señor André La mano aún me duele, pero me duele más el corazón por todo lo que ha pasado, Octavio es mi único nieto y he sido un abuelo terrible. No pude protegerlo de niño y ahora que es adulto, tampoco lo he hecho bien. Está situación se ha salido por completo de mis manos. No sé si yo era el indicado para contarle a Octavio acerca de la vida de Emily, pero creo que en este punto era más que necesario que él entendiera su situación. Era obvio que Octavio no sabía de la existencia de Jack, ya que de lo contrario, jamás se habría involucrado con ella. Y no es que mi nieto sea malo o un simple patán... es un hombre herido que no ha tenido la oportunidad de sanar sus heridas. Por un momento pienso en advertirle a Emily de la tempestad que se ha desatado, pero no quiero avergonzarla, pero sin duda, voy a estar ahí para ella, para levantarla si es que llega a caer. Por ahora mi única esperanza es que no tienen mucho tiempo de conocerse, así que espero que ambos puedan superarlo pronto ********* Emily Salgo del estacionamiento con las manos aun temblando. Acabo de hacer dos cosas muy estúpidas: tirar a la basura un dinero que en verdad necesito y la segunda, arrojarle un cheque roto en el rostro a mi jefe. Mi yo responsable me dice que soy una tonta, que todo es mi culpa por haber cedido ante él desde un inicio, mientras mi orgullo me dice que fue lo correcto, ese hombre no puede querer solucionar los problemas con dinero, no mis problemas; mientras que la mujer apasionada que vive dentro de mí, tiene miedo de haber alejado a ese hombre para siempre... Pero de pronto vuelve a mí la Emily maternal, quien me golpea director en el rostro y me hace volver a poner los pies en la tierra —¡Emily! Deja de pensar en estupideces y concéntrate en lo que en realidad es importante. Jack y Karisa son tu única prioridad, déjate de romances ocultos y vuelve a la normalidad. Cuando en mi mente se escuchan esas últimas palabras, me doy cuenta de que me encuentro justo frente a la guardería. Estaciono el auto y bajo de inmediato, al llegar a la entrada veo a Jack que está en brazos de su maestra y en cuanto descubre que he llegado, extiende sus bracitos y comienza a llamarme. — ¡ma! ¡ma! —repite una y otra vez mientras abre y cierra sus gordas manitas. — Buenas tardes señora Emily, el día de hoy Jack se portó muy bien, terminó toda su comida y durmió su siesta compleja — me indica mientras me entrega a mi bebé. Una sonrisa se dibuja en el rostro de Jack, mostrándome sus pequeños dientecitos. — ¡qué buen bebé es Jack! —digo, mientras lo lleno de besos. — nos vemos el día lunes Jack — muchas gracias por todo El resto de la tarde lo paso junto a Jack, intentando borrar lo sucedido con Octavio.... pidiéndole a mi cuerpo que se olvide de él. ***** Octavio Salgo de la oficina molesto, aun con el golpe de mi abuelo marcado en el rostro. Al llegar a mi auto me siento ya más tranquilo. Había pensado en ir a un bar para ahogar las penas, pero esto no tiene por qué afectarme, Emily no es tan importante, no vale la pena sufrir por una mujer deshonesta. Admito que la pasé bien a su lado, fue un buen polvo, pero solo eso. El resto del fin de semana lo paso solo en casa, no tengo nada mejor que hacer. Mi abuelo ha decidido soltar su amarre, y me alegro, pues no tengo la cara para verlo después de esa discusión. Penélope ha estado insistente llamando, pero no deseo hablar con esa pequeña traidora, es obvio que ella sabía que Emily tenía un hijo y no me advirtió de ello, inclusive me pregunto si es que sabía que ella trabajaba en el despacho contable de mi abuelo ... ****** Emily Es lunes por la mañana. A pesar de que todo el fin de semana estuve intentando relajarme, no pude hacerlo. Al llegar al trabajo todo se ve normal. Abigail me regala una taza de café mientras yo le regalo un trozo de biscocho. — Buenos días, Emily, Abigail — saluda el señor André que va pasando frente a nuestros cubículos — buenos días, señor — respondemos al unísono .... Tras de este viene caminando Octavio, sin mirar a nadie, sin decir una sola palabra, un saludo. —parece que el mini jefe está molesto — comenta Abigail que también pudo notar la actitud de Octavio — mal día para que nos toque revisión de cuentas con él Mi corazón se acelera al escuchar las palabras de mi amiga .... será imposible evitar una confrontación con él. Lo he pensado bastante, tengo que hablarle de mis prioridades, que no puedo estar flirteando en la oficina con mi jefe, no puedo arriesgarme a perder mi trabajo... y quizá deba pedirle una disculpa por mi actitud del viernes, él ni siquiera entiende por qué me siento tan presionada — Emily, pasa a la oficina del jefe por favor — anuncia al fin su secretaria. Me levanto de la silla y camino con pasos firmes hasta la puerta de su oficina, Pero mi seguridad se desploma cuando estoy frente a él. Su mirada está clavada en los documentos en su escritorio — buenas tardes — digo con un tono débil — toma asiento — dice con un tono cortante — muéstrame tus archivos. — si ... — sin decir nada más, comienzo a trabajar en silencio. En momentos levanto la mirada para intentar encontrar la suya, pero él no muestra ni un poco de interés — pon atención en lo que estás haciendo — dice cuando lo miro con insistencia. Me agacho con vergüenza — eso es todo, puedes retirarte — dice cuando al fin terminamos de revisar todo. — Octavio, me gustaría que habláramos un momento, yo ..... — soy silenciada con una sola mirada, una de desprecio que se clava como un puñalen mi pecho — contadora. No tienes permitido hablarme con tanta informalidad, soy el jefe directo y debes hablarme con respeto ... — un nudo se forma en mi garganta, pero me trago mi orgullo para poder responder — lo siento señor, con permiso — digo antes de dar la media vuelta y caminar hacia la puerta. — una cosa más — dice mientras se acerca a mi — se te olvidaba esto — Octavio toma mi mano y pone un nuevo cheque en ella —¿o prefieres efectivo? — las lágrimas salen sin poderlo evitar, una furia genuina sale de dentro de mi, levanto mi mano decidida a golpear su rostro, pero soy detenida en seco por su mano — no te atrevas —dice con arrogancia — y si sigues en este trabajo es gracias a mi abuelo, pero será mejor que no tientes tu suerte, te lo advierto. ******* Octavio Escucho la puerta cerrarse, inclusive lo hace con delicadeza, a pesar de lo molesta que está .... el silencio que le sigue es tan pesado que me cuesta respirar. Me quedo de pie en medio de mi oficina, con la mano aún caliente por el contacto de su muñeca, la cual sentí tan frágil bajo mis dedos... Al bajar la vista, veo el cheque sobre la alfombra, me agacho y lo tomo entre mis manos para romperlo y tirarlo a la basura antes de volver a mi lugar. Acomodo mi corbata y mi cabello — llama al siguiente — le indico a Alina por teléfono. Aquí no ha pasado nada
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