Emily
La cena de fin de año resulta ser más agradable de lo esperado. Abi y Dany trajeron también a Grace para hacerle compañía a Jack; aunque durante la cena tuve que sentarme en la mesa de los ejecutivos, en cuanto terminamos de comer, fui directo con ellos para que nuestros bebés pudieran jugar juntos.
He decidido ignorar lo más posible a Octavio. Un simple "buenas noches" fueron las únicas palabras que salieron de mi boca para él, aunque él tampoco ha intentado nada extraño.
Después de un rato, Jack comienza a pedir de comer y un cambio de pañal, así que me levanto y voy en busca de un lugar donde pueda atender adecuadamente a mi bebé. Daniel me ayuda trayendo el cochecito del auto, mientras yo llevo a Jack a una pequeña estancia que está antes de llegar a los sanitarios.
—Si necesitas algo, solo envíanos un mensaje.
—Sí, Dany, muchas gracias —él se marcha mientras yo me acomodo en uno de los sillones.
Jack está inquieto y no deja de moverse mientras lo cambio. Le quito el pequeño traje que ya lo ha fastidiado, para después colocarle un mameluco de oso que usa para dormir calientito. Creo que ya es momento de ir a casa; solo terminaré de alimentarlo y después le diré al señor André que tengo que retirarme. Cuando Jack se queda dormido, lo coloco en su coche y me levanto para ir al sanitario.
*********
Octavio
La fiesta se ha vuelto algo aburrida y poco interesante desde que Emily desapareció de repente. No está en su asiento, ni tampoco con sus amigos, y no me atrevería a preguntar a nadie a dónde se fue. Me levanto de la silla; necesito estirar un poco las piernas. Camino por el lugar hasta que le pregunto a un mesero a dónde puedo salir a fumar.
—Pasando el área de descanso, señor.
—Muchas gracias.
Camino por el pasillo hasta llegar al área de descanso y, mientras atravieso aquel lugar, me percato de una presencia extraña: ¡es el pequeño intruso! Miro de un lado a otro pero no veo a su madre por ningún lado, así que me acerco hasta él. Está completamente dormido, luciendo adorable con un disfraz de oso. Duerme tan tranquilo...
—¿Necesitas algo? —escucho la voz de Emily, una voz cargada de desprecio.
No sé qué hacer en ese momento; no sabría cómo explicar que ese pequeño rubio y yo somos amigos, o algo así.
—Yo... ¡eh!, no, pensé... que estaba solo
—no logro formular una sola idea correctamente.
—Él no está solo, aquí estoy yo. Ya te puedes ir —no resisto su mirada. Sus palabras afiladas se clavan sobre mí... entiendo perfectamente lo que intenta decirme.
—Sí... me voy —jamás imaginé que me dolerían tanto las palabras de una mujer, y mucho menos la forma en como me mira. Pero bueno, yo me lo busqué; era lo que quería.
**********
Emily
Mis piernas tiemblan cuando salgo del sanitario y veo una figura grande parada justo frente al coche de Jack. Cuando me acerco, veo cómo Octavio tiene clavada su mirada en él. Podría pensar que lo mira con curiosidad, pero cuando recuerdo sus duras palabras, el enojo vuelve a mí.
Me dirijo a él de forma cortante; no quiero saber cuál es su intención o por qué mira con curiosidad a mi bebé. Solo quiero que se vaya y que no se vuelva a acercar a nosotros. Octavio se marcha sin decir mucho, mientras que yo tomo mis cosas, a mi bebé y salgo de aquel lugar. Me acerco hasta la mesa de Abigail y Daniel para despedirme de ellos y después voy con el señor André.
—Gracias por todo, señor, pero es momento de ir a casa.
—Entiendo, querida, no te preocupes. Me da gusto que hayan venido.
—Admito que me divertí más de lo esperado.
—Y me alegro por eso... Bien, te esperamos el lunes en el despacho.
—Por supuesto, señor.
—Cuídate, hija.
—Hasta el lunes, señor.
Esteban me ofrece su ayuda para acompañarme hasta mi auto, la cual acepto sin pensarlo mucho. Le agradezco y me despido de él con un beso en la mejilla, para después marcharme a casa. Al llegar, dejo todo en el vehículo; simplemente tomo a Jack entre mis brazos y entro con él a la casa. Lo llevo hasta mi cama y lo acuesto ahí. Me cambio de ropa, me desmaquillo y me acuesto junto a Jack. Quedo profundamente dormida a su lado.
*****
Octavio
Cuando le doy la última calada al cigarrillo, mi teléfono comienza a sonar; se trata de Santiago.
—¿Qué pasa? ¿Ya estás afuera?
—Sí, ¿quieres que entre?
—Mmm, no, la fiesta se ha puesto un tanto aburrida.
—Está bien, entonces espero afuera.
Entro al restaurante y voy directo con mi abuelo.
—Abuelo, ha venido Santiago y me iré con él
—¿Tú también te vas? Aún ni siquiera ha dado la medianoche.
—Lo siento, abuelo, me está doliendo la cabeza... sabes que no resisto los ruidos fuertes.
—Está bien, vete.
—Pero no te molestes, viejo. ¿Por qué no vienes con nosotros?
—No estoy molesto, no te preocupes. Ve con tu amigo, pero te quiero mañana temprano en mi casa.
—¿Para qué?
—Simplemente quiero pasar tiempo al lado de mi nieto.
—Está bien, abuelo, yo llego mañana a tu casa.
—Bien, pues vete.
—¿Sabes que te quiero mucho, verdad viejito?
—Sí, sí, ya vete.
Cuando salgo del restaurante voy caminando entre los autos cuando no muy lejos de mí, veo una escena que me rompe la cabeza, Emily besando la mejilla de Esteban y en ese momento no puedo evitar recordar el contacto de sus labios con los míos.
Mi concentración se pierde cuando el pitido de un claxon comienza a sonar, es Santiago que me llama desde su auto.