Javiera Me salen gotas de sudor por el nacimiento del cabello mientras finjo caminar despreocupadamente por el pasillo del supermercado que hay cerca de casa. Mamá está trabajando -siempre está trabajando-, así que ¿por qué estoy tan preocupada de que se acercará por detrás y verá lo que estoy haciendo? Trago saliva para superar el nudo de miedo que se me hace en la garganta y llevo mi cesta por el pasillo de higiene femenina. Echo un vistazo a todas las toallas higiénicas y tampones, sabiendo perfectamente que no he necesitado ninguno de los dos desde que me mudé. Han cambiado tantas cosas en los últimos meses. Mi teléfono zumba en el bolsillo. Lo saco y veo un mensaje de mi padrastro. Date prisa, papá te necesita, dice. Me aprietan los muslos al ver cómo me hacen sentir esas palabras

