Jonatan Mi polla no baja ni siquiera con la botella de agua helada irradiando un frío glacial desde donde la tengo agarrada justo delante de mi entrepierna. Raquel dice algo, pero el pulso me late con fuerza en los oídos por haber estado a punto de quedar atrapado. No oigo lo que dice. Tuvimos suerte esta vez de tener la presencia de ánimo suficiente para oír a Raquel . Pero aunque estuvo cerca, sé que no podré esperar mucho más para volver a ponerle las manos encima a Javiera, para meterle la polla. —¿Jonatan?— Raquel pregunta. —¿Qué? Lo siento, ha sido una semana larga. Ella asiente. —Decía que me gustaría hablar contigo de algo. —¿Puede esperar?— Pregunto. —Literalmente acabo de entrar por la puerta. La idea de mantener una larga conversación con mi mujer hace lo que ni siquiera

