–Amiga estoy feliz por ti. –Manifiesta Maite a Anna cuando están acostada en su camarote. Maite ocupa la parte de abajo y Anna la de arriba, los pocos metros cuadrados del habitáculo donde conviven veintitrés horas al día está compuesto por la cama que ocupan, un váter, que no es ni siquiera baño, un pequeño armario divido para las dos y nada más, aquí ha vivido Anna más de tres años.
–Lo sé, pero no te pongas triste, porque yo voy a seguir siendo tu amiga, voy a venir a visitarte cada vez que haya visita y no tengas cita con tu abogado, digo por eso de no interrumpir… –Dice con mofa.
–Eso espero y hablando de abogado, Andrew se bebe los vientos por ti.
–Es mejor que no lo haga, yo no le he dado ninguna esperanza, mi único objetivo es salir de aquí, cuidar de mi hija, limpiar mi nombre, tengo que cazar a los verdaderos culpables, por mi hija lo tengo que hacer, si no lo hago nunca voy a poder empezar de nuevo.
–Lo sé Anna, pero recuerda que para eso se necesitas tiempo y sobre todo dinero, pero más que todo eso, astucia, recuerda que ellos tienen el poder, que no te vas a enfrentar a gente buena, son personas, que no le importa nada con tal de joderle la vida a los demás.
–Eso lo tengo claro, ya no soy aquella chica inocente y enamorada que un día le cambiaron su mundo perfecto por estos putos barrotes, esa no existe, y si algo le tengo que agradecer a la cárcel es eso, se llevó mi inocencia, me ha quitado casi cuatro años de mi vida, pero me ha hecho más fuerte.
–Esa es la actitud. Mi abogado está luchando también por una reducción de condena, Martin quiere verme libre, quiere tener una vida conmigo, pero yo no sé si pueda. –Dice Maite dubitativa.
–Tienes que intentarlo, se ve buena persona y cuando salgas de aquí merece tener una vida tranquila. –Responde Anna, pero ella no sabe qué vida tendrá dentro de tres meses cuando salga de este agujero, lo único que tiene claro es que tiene que trabajar, que necesita estar con su hija, que para planificar todo lo que tiene en su cabeza necesita pagar abogados y para eso tiene que tener dinero, tiene claro que piensa ir a por todas, su honor y su dignidad lo vale, y ahora mismo hay una ficha que dice que ella es una delincuente y no sabe lo que hará, pero jura por Dios que esa ficha un día será cambiada por el nombre de quienes la traicionaron.
¿Daniel? Daniel también tendrá que asumir su culpa, aparte de todos los sentimientos que guarda hacia él, el que más le puede es la decepción, Daniel la decepcionó como hombre, como persona, como amigo, sí, porque aparte de todo lo que sentían y hacían, ella pensaba que era su amigo y los amigos confían y el nunca creyó en ella, la juzgó sin preguntar nada, solo se valió de unas pruebas, tanto así, que la última vez que lo vio fue ese día en la oficina del señor Campbell cuando la policía se la llevó detenida.
A partir de ese momento todo fue oscuridad para Anna, la encerraron, la sometieron a un juicio, no sirvió de nada los testigos, que buscó su hermana diciendo que ella era una persona íntegra que nunca había robado ni siquiera una chocolatina, nada sirvió de nada, Andrew hizo bien su trabajo, pero las pruebas y las grabaciones de las cámaras donde se veía su imagen dentro del archivo y abriendo la caja fuerte la hundieron, fueron decisivos a la hora de dar un veredicto.
Daniel siempre será su historia inacabada, ojalá y se case y sea el hombre más infeliz del mundo, porque se lo merece, merece ser infeliz, por cobarde, por no quedarse y creer en ella, por juzgarla sin darle derecho a defenderse, mientras tanto ella tendrá lo mejor que le ha pasado en la vida, su hija, una hija que no fue planificada, pero que llegó para hacerla sentir un poquito mejor el drama que estaba viviendo, nunca se le olvidará el momento que fue concebida, lo recuerda perfectamente, aunque en ese momento le pasó por la cabeza que podría pasar, lo olvidó, porque estaba enamorada.
Era viernes, Daniel había pasado toda la semana fuera de Nueva York por trabajo, no se veían desde el fin de semana anterior, aunque la llamaba cada vez que tenía un momento libre, para ella fue una semana tranquila, cada día que pasaba se sentía a gusto en su trabajo de becaria, esto le abriría puertas para lo que quería hacer en un futuro.
No sabía a la hora que regresaría, tenía su coche en el aeropuerto, por lo que nadie lo recogería, hace un rato lo llamó, pero salto el buzón Anna se imaginó que estaba volando. Quizás hoy no lo vea, porque no han quedado en nada y ya es hora de irse a casa, recoge todo, agarra su bolso y sale de la oficina dirección al ascensor. Ya casi no queda nadie, la oficina donde trabaja está en la octavo piso, entra al ascensor que va parando en cada planta. Este es para los empleados el de los jefes es privado y está justo al lado, pero solo ellos tienen la llave, cuando llega a recepción está Daniel con cara de desesperación y el teléfono en las manos.
– ¡Hola! –No responde al saludo, la coge en volandas y la cambia al ascensor privado, Anna no entiende, se nota muy enfadado.
– ¿Dónde diablos estabas, por qué no coges el puto teléfono? –Pregunta muy cabreado, pasando sus manos por el pelo, lo tiene tan alborotado, de la cantidad de veces que lo ha hecho.
– ¿Qué te pasa? No me he movido de aquí en todo el día. –Responde sorprendida.
–Llevo dos horas llamándote y sale el buzón, no sabía qué hacer, donde buscarte estaba desesperado.
–Yo no tengo ninguna llamada Daniel –Responde mirando el teléfono –.Está muerto, lo siento, no me había dado cuenta.
– ¡Por Dios Anna, ha sido la sensación más rara que he sentido! –Infiere abrazándola fuerte y besándola de manera desesperada –.No sabía a quién llamar y que no sospecharan.
–Estoy aquí Daniel, ¡Mírame! ¡Soy tuya! –Anna le dice esta frase porque sabe que cuando la escucha se calma.
–Mía. –Responde quitándole la blusa y el sujetador. –Mía para siempre, te adoro. –Dice mientras agarra sus tetas con cada mano, las acaricia, las besas, chupa los pezones. Anna ha dejado de pensar, las cosas que Daniel le hace le nubla el pensamiento.
–Quiero hacerte el amor y tendrá que ser aquí, en este ascensor, solo eso me calma.
–Yo quiero que me lo hagas, quiero perderme en ti, en esa mirada. – Daniel sube su falda y baja las bragas no hay tiempo para más, en cualquier momento su padre puede llamar el ascensor.
Se desabrocha los pantalones y la coloca frente al espejo, él detrás, mientras se introduce despacito, quiere que la sensación de sentir su polla dentro de ella no termine nunca, con las manos en sus tetas empieza a moverse, empiezan una danza que no tiene límites, mientras Daniel mira el espejo viendo la cara de Anna.
–Esta imagen es un sueño mi amor, un sueño del que no quiero despertarme. –Anna está a punto, pero cuando Daniel deja una de sus tetas para tocar su clítoris es el golpe de gracia.
–Daniel me voy a…. Ahh….
–Yo también mi amor. –Responde él con la voz quebrada, empiezan a derramarse con fuerza, con pasión, pero sobre todo con amor.
– ¿Te he hecho daño? –Pregunta abrazándola.
–No. Estoy bien.
–Perdón mi amor, pero una semana sin ti es demasiado tiempo. –Dice ayudando a vestirla de nuevo y más calmado, recoge sus bragas, pero en vez de devolvérselas se las guarda en el bolsillo de su chaqueta, Anna no da crédito lo que está mirando,
–Lo siento, estas se quedan conmigo, tu olor me calma. –Dice muy tranquilo.
– ¿Eso no se llama perversión? –Pregunta Anna mirándolo con los brazos cruzados.
–No, eso se llama amor. –Difiere mirándola.
–Daniel no hemos usado preservativo, no creo que pase nada, pero… –Dice Anna cambiando de tema.
–Perdón mi amor, parezco el hombre de las cavernas. –Dice arrepentido.
–No lo parece, lo eres, eres mi hombre cavernícola, ahora vamos a salir de aquí antes que nos pillen.
–Toma, mi coche está en el parking –Dice entregándole las llaves–.Entra y espérame, tengo que ver un momento a mi padre. –Aclara dándole un beso.
Esa noche se fueron a casa de Daniel, el rato que estuvo allí hicieron muchas cosas, cosas imposibles de decir con palabras y de repetir ante oídos sensibles, Anna está segura de que su hija fue concebida en ese ascensor, pero el lugar es lo de menos, lo único que sabe es que es producto del amor más grande del mundo, porque aunque haya pasado todo esto, ella tiene claro que Daniel la amaba, en su momento la amó como a nadie y prefiere quedarse con eso.
–Maite, ¿Está dormida? –Pregunta con lágrimas en los ojos.
–Si. –Responde Maite con burla.
–Vale, entonces no te digo que sé el momento exacto que concebí a mi hija.
–Dicen que una mujer siempre sabe cuándo y de quien se embaraza. –Responde Maite con voz de sueño.
–Bueno yo siempre supe de quien, pero el justo momento nunca se me olvidará. Mi hija fue concebida en un ascensor, pero con el amor más grande del mundo.
–El lugar es lo de menos Anna, lo importante es eso que acabas de decir; el amor con el que esa niña fue creada, una niña tan perfecta solo puede ser producto de un amor así.
–De eso estoy segura, porque a pesar de todo, sé que Daniel me amó, quizás no suficiente para enfrentar la tormenta, pero me amó, yo prefiero pensar eso.
–Tú fuiste quien lo vivió Anna, fuiste quien estuvo ahí, tú más que nadie lo conociste, y la única que puede poner en duda ese amor eres tú, si no lo haces es porque así fue.
–Fueron solo ocho meses Maite, pero fue el tiempo más intenso de mi vida, me amó desesperadamente, creo que es la única forma que tiene de amar, muchas veces pienso si a esa la amará igual, pero no me mareo la cabeza para saberlo, porque si yo pude amarlo tanto siendo él la persona equivocada, quiero creer que algún día me enamoraré nuevamente y amaré igual o en más medida a la persona correcta.
– ¿Sabes qué? –Pregunta Maite –.Te escucho hablar y cada día que pasa estoy segura de que no me equivoqué eligiéndote como amiga, que no me equivoqué cuando elegí cuidarte en este infierno, porque llevo tres años escuchándote contar tu historia y ni una vez ha dudado del amor de ese hombre y eso dice mucho de ti.
–Es que así fue Maite, fueron ocho meses de entrega total, de pasión de amor, tanto… que aunque tratamos de ocultarlo, no pudimos y la prueba es este lugar donde estoy ahora, porque estoy segura de que todo lo que he vivido ha sido por ese amor.
–Pero tienes que olvidarlo Anna, Daniel ya no está en tu vida y para hacer lo que tienes pensado hacer, no debe albergar ningún sentimiento que te haga flaquear. –Dice Maite con toda la razón del mundo.
–Eso lo tengo claro, Daniel nunca más estará en mi vida, pero lo que viví a su lado está aquí clavado en mi alma y aunque intente sacarlo no puedo, eso no quiere decir que no lo siga intentando, acuérdate que soy fuerte, que este lugar nos hace fuerte y esa fortaleza, será la clave para todo lo que tengo planificado, pero paso a paso, aquí se aprende a vivir un día a la vez y eso es lo que haré cuando sea libre, me llenaré de esperanzas, de hechos, de razones para vivir, mi cuenta empieza ahora retrospectivamente y tempestivamente.