La Noche de las Luciérnagas

2947 Words
Comenzamos a caminar, adentrándonos más en el bosque. El chico del arete camina con total destreza, como si estuviese acostumbrado a caminar por entre los árboles y debe de ser así, ha vivido toda su vida en este lugar. Camino con cuidado de no tropezarme con ninguna raíz e intentando mantenerle el paso. No puedo creer todo lo que Derek acaba de contarme, es como si me estuviese contando la historia de otras personas. Conozco a los Darlington desde el día que nací, crecí con Lorcan y sus hermanos, Magnus y Cadmus son como hermanos mayores para mí también, siempre me protegían de todo. Recuerdo una vez, estábamos en el palacio de verano en la provincia de Mathia, yo estaba jugando con mi primera bicicleta y de pronto me vi a mí misma en el suelo, fue Magnus quien me auxilio y me llevó en brazos hasta el interior del palacio y me puso una bandita de la Barbie en mi raspón. En otra ocasión, los perros de mi abuelo se pusieron histéricos luego de escuchar fuegos artificiales por el jubileo de mi padre, esas bestias iban a comerme, pero Magnus y Cadmus se pusieron delante de mí, sus brazos están llenos de cicatrices debido a aquel incidente. He crecido con ellos dos como mis amigos y mis hermanos mayores, tengo cientos de fotografías con ellos a mi lado en mi cumpleaños, en vacaciones de verano, en Navidad. Son mi familia, algún día realmente seremos familia; así que escuchar esto me hace sentir… engañada… — ¿Esta es? Pregunto, estamos a unos metros de un cobertizo con un par de ventanas y una puerta de madera con muchos remaches. — Sí… — saca una enorme llave de su bolsillo — Sube a mi espalda — ¿Qué…? Le miro sin entender. — Sube a mi espalda a menos que quieras quedarte sin pierna Abro al máximo los ojos, mirando hacia el suelo en busca de alguna trampa. — Pero dijiste que… — Después de todo lo que te acabo de contar, es obvio que necesitaría una forma letal para defender mis pocas pertenencias ¿Verdad? — Supongo que tienes razón… — Sube… — se agacha delante de mí, dándome la espalda, obedezco — Estás pesada… — ¿Quieres que te golpee? El chico del arete suelta una risita, saltando con destreza a través de los pocos metros hasta su puerta. — Sea bienvenida, su Alteza… Le miro con sorpresa, aún en su espalda. — Me llamaste “su Alteza” — Sí… bueno… — mete la llave en un cerrojo — Eres la primera persona que traigo aquí, así que supongo que podía hacer especial el momento — Gracias… — De nada… — nos miramos, entramos en el cobertizo — Bienvenida… — vuelve a decir, depositándome en el suelo — Este es mi cubil… — enciende una lampara de querosene — Esto… esto es todo lo que tengo… — miro a todos lados — Esto es lo que soy… — Wow… Es lo único que puedo decir, pues apoyada en la pared hay cuadros, preciosos cuadros dignos de estar en un museo. Hay latas de pintura a un lado, pinceles regados en una mesa, cientos de cuadernos de dibujo, y un peculiar aroma a tíner. Miro al chico del arete, este se ha atado el cabello en su habitual moño desordenado, toda la habitación luce igual de desordenada, pero tiene un peculiar atractivo, como su rostro. — Sí… disculpa el desorden… — quita unos cuadernos de encima de su cama — Toma asiento — Gracias — nos miramos fijamente — Entonces… — Derek se ve tenso — ¿Cuál era la novatada…? — Cada nuevo alumno de Charles Dickens… — comienza a decir — Cada nuevo alumno tenía que cumplir con una tarea para ser digno y si se negaban, Magnus y Cadmus lo apalearían… — abre y cierra los puños — ¿En serio quieres saber? — Sí… Le miro fijamente, sintiendo el corazón latir con dolorosa velocidad. — Bien… solo… no te asustes… — Ya estoy asustada — el chico me mira a los ojos, los suyos lucen avergonzados — Magnus es como mi hermano mayor, siempre cuidándome… — mis ojos se llenan de lágrimas — Cadmus es un payaso, lo más malo que le he visto hacer fue empujar a Lorcan de un flotador en forma de pato cuando estábamos en el palacio de verano… — las lágrimas comienzan a caer — Estás acabando con la imagen que tenía de ellos y… de cierta forma… — me acerco a él — Me duele… — Entiendo… — Pero de todas formas quiero saber la verdad… — doy otro paso hacia él — Derek, te creo… — ¿Lo haces? — asiento con la cabeza, derramando más lágrimas — Bien… — se separa unos pasos de mí — Lo que estás a punto de ver… es algo que hasta el día de hoy me afecta y… — me da la espalda — Y me avergüenza… — Oh por dios… Me cubro la boca con ambas manos, el chico del arete se acaba de quitar la camiseta, dejando al descubierto su espalda llena de cicatrices. — Esta era la novatada… — se gira a verme — Ya que te gusta tanto pintar, usaremos tu espalda como lienzo… — se me acerca — Esas fueron las palabras de Cadmus cuando cogió una navaja, la misma navaja con la que yo lo atacaría años después, y me hizo el primer corte — suelta un suspiro — Se burlaron de mí, diciendo que no podría hacer nada y que nada les pasaría porque su padrino era el mismísimo rey de Isteris — niega con la cabeza — Y como efectivamente nadie hizo nada, Vilma Wildingham me ofreció una beca completa, porque lo único que sí podría hacer sería exponer las atrocidades que los alumnos de Cordelia cometían y cómo la directora no hacía nada para defender a un niño… — No puede ser… — estiro la mano, en su pecho también tiene algunas cicatrices — ¿Cómo es que permitieron todo esto? — ¿En serio lo preguntas? — niega con la cabeza, alejándose de mí — Los Darlington están blindados, sus conexiones los hacen inmunes a todo, incluso tasajear a un niño de diez años — se vuelve a colocar la camiseta — Y ahora todo es mucho peor… — suelta una muy amarga risa — Porque ahora serán de la realeza, ya que sales con uno de ellos — mi estómago se revuelve — Y supongo que harán todo lo posible para que ustedes terminen casados o algo peor… — nos contesto — j***r… — suelta una risita — ¿Es así? — niega con la cabeza — ¿Te casarás con él…? — Aún no nos comprometemos oficialmente… — contesto — Pero sí… lo haremos en algún momento… — Pues lo lamento por ti… — Pero Lorcan no es igual a sus hermanos — avanzo hacia él — Él es más calmado y sensible y… — ¡Y está igual de loco! Grita, arrojando una lata vacía de pintura contra la pared, pego un grito. — ¡No es así! — mis ojos derraman nuevas lágrimas — ¡Lorcan no es así! ¡Le conozco! — ¡Él vive en la residencia Charles Dickens! — me toma por los hombros, pego otro grito — ¡¿En serio eres así de idiota?! — Acaso él… — niego con la cabeza — Dijiste que él había cometido una atrocidad… — el chico del arete no me suelta — ¿Qué te hizo? — Sucedió el año pasado, en Halloween, él y un grupo de imbéciles de Charles Dickens tenían que cumplir con su novatada… — comienzo a temblar — Yo no iba a ir a la fiesta… pero tuve que ayudar a mi padre a mover unos troncos para hacer leña para las chimeneas… — se deja caer en su cama — Y entonces me atraparon… me arrastraron por un pasillo mientras otros imbéciles de Charles Dickens vitoreaban — respira hondo — Me ataron una soga al cuello y me lanzaron por un balcón para asustar a las taradas del Jane Austen, un chico de la residencia García Márquez hasta se meó encima… — respira hondo — No contesto con eso, cortó la soga cuando mi rostro estuvo lo suficientemente morado, caí, rompiéndome dos dedos — me alza su mano con dos dedos ligeramente chuecos — Y entonces, como no había más espacio para cortes en mi espalda, me los imbéciles me cortaron el pecho — me mira — Pero tu novio… — niega con la cabeza — Él me clavó un estilete en la oreja… — señala su oreja izquierda con un arete — Una chica del Jane Austen comenzó a gritar que había habido un asesinato, pero tu novio solo rio, mirándome fijamente, y me dijo que no podría hacerle nada porque él era el novio de la mismísima princesa heredera de Isteris… — No puede ser… — Lamento romper tu burbuja… — No… — niego con la cabeza — Lo lamento, Derek… — mis ojos comienzan a derramar más lágrimas — Lamento que te haya pasado todo esto… — Gracias… supongo… — Yo… — me siento a su lado — Me siento en deuda, otra vez — No quiero que hagas nada por mí… — nos miramos fijamente — Solo mantente lejos de mí… — No me puedes pedir eso — ¿Por qué? — Porque no quiero que me alejes… — No quiero que ese lunático te haga daño por estar empecinada en ser mi amiga — Él no me haría daño, sin mí él no tendría poder… — Supongo que en eso tienes razón — Entonces… — me levanto de la cama y me paro delante de él — ¿Amigos? — Eres irritante — me mira, sonriendo — Amigos… — Amigos Repito, estrechando su mano, su tacto es cálido. — Creo que te ganaste un pastelito… — sonrío de oreja a oreja — Y es bueno ver que puedes sonreír con libertad — Oh… Cubro mi rostro con mi mano. — No te escondas, no reprimas tu alegría, eso te podría matar Nos miramos fijamente. — De acuerdo… — Tome… — me extiende un pastelito — Su “Niñatez” — Gracias… — le doy una mordía — Está delicioso — Emily hace muy buenos postres… — ¿Tú pintaste su cabaña? — el chico del arete asiente con la cabeza — Wow… en serio eres talentoso — Lo sé… — sonríe — Algún día me iré de este lugar y me iré a recorrer el mundo — me sonríe — Venderé mi arte en las calles y con eso pagaré mis gastos… — Pues espero que lo logres y me mandes fotografías de todos los lugares que visites — Hecho… — ríe — Wow… nunca creí que la mismísima princesa heredera del trono de Isteris sería mi amiga… — niega con la cabeza — Debo de haber enloquecido — No… — nos miramos — Debes de estar sanando… — Quizá es eso… — sus ojos cafés ya no se ven tan tristes — Gracias por todo, niñata — sonrío, mi teléfono comienza a sonar — ¿Es el lunático? — Lunática — contesto, soltando una risita — Es Lyn, me pregunta si estoy viva o si me comió un hombre lobo en mi camino al Virginia Woolf — Pues sigues viva, pese a que estás con el lunático busca problemas capaz de sacarte un ojo y quizá, dispararles a ancianos — no puedo evitar reír a carcajadas, él también comienza a reír — Vamos, te llevo a tu residencia, no creo que seas capaz de salir del bosque sin verdaderamente terminar en las fauces de un lobo — Gracias… Salimos de su cabaña, nuevamente me subo a su espalda y él cierra la puerta con su enorme llave. — Mira… — ¿Qué cosa? — Luciérnagas… — alzo la mirada, es cierto, el bosque está decorado por pequeñas luces amarillas, luciérnagas — Al final sí pudiste verlas — Y con un amigo… — sonrío, abrazándome a su cuello — Es bellísimo… — Lo sé… — seguimos caminando por entre los árboles — Creo que es lo único bueno de vivir aquí, que siempre puede ver este tipo de cosas — Ahora podrás pintar un cuadro, uno de esta noche, la noche de las luciérnagas — Definitivamente lo haré Sonrío, realmente me siento feliz, este momento ha sido perfecto. — Y deja de comer tanto, pesas — Bobo… Reímos. — No te muevas tanto, harás que caigamos — Lo siento… Seguimos avanzando por entre los árboles. — Además, por qué sigues en mi espalda, debiste de bajar hace un kilómetro — Nunca te detuviste y yo estoy muy cómoda… Volvemos a reír. — Ahí está el castillo… Derek se detiene, me deposita en el suelo. — Gracias por hacer de mi noche algo muy agradable — Opino lo mismo Sonreímos. — Bueno… supongo que ya me voy… — Te acompaño — ¿En serio? — Eres propensa a las caídas, mejor me aseguro que llegues en una pieza a tu habitación — De acuerdo… — acepto — Una pregunta… — Dime… — ¿Este año también hubo novatadas? Le miro, él no me mira. — No… — contesta — Supongo que tu novio y todos los imbéciles de Charles Dickens no son tan idiotas como pensé, porque no se atreverían a hacer este tipo de cosas contigo en el castillo pudiendo verlo todo… — En pocas palabras, Lorcan me engaña… — No creo que a eso se le pueda denominar como engaño, él solo omite mostrarte su otra cara para que así no te espantes de su horripilante ser… — Eso me hace sentir como una idiota que está cegada por el cariño que le tengo y… — Carajo Oigo susurrar a Derek, delante de nosotros, escondidos detrás de un pilar, están Lorcan y Christiana, besándose… — Oh… Es lo único que logro decir. — ¡Ey! — grita Derek, los adolescentes se separan al instante — ¡¿Qué carajos crees que haces?! — Derek, no… Susurro. — Evangelina… — Lorcan me mira, abriendo y cerrando la boca — Yo… — Creo que mejor me voy… Es lo único que digo, sintiéndome impactada y muy avergonzada. — Espera… Evangelina… — Déjala en paz Escucho decir a Derek. — ¡¿Y tú quién mierda te crees?! — me detengo, Lorcan empuja a Derek — ¡Este no es tu problema, Ravenswood! — ¡Lorcan! — corro hacia los chicos — Ya basta, los dos… — Evangelina, tenemos que hablar… Miro a la persona que ha sido mi compañero de toda la vida, no le reconozco… — No tienes que hacerlo… Miro a Derek. — No te metas, no es tu asunto… Le pido, no quiero que provoque a Lorcan y termine dañado. — Bien… tienes razón… — el chico del arete mete las manos en sus bolsillos, mira a Lorcan y entonces se da media vuelta — Adiós, niñata… — Yo… — Christiana me mira — Su Alteza, perdone… yo… — Largo Es lo único que se me ocurre decir, ella obedece sin chistar, corriendo lejos de nosotros. — Evangelina, yo… — Calla — miro fijamente a Lorcan — ¿Usted cree que soy una tonta? — No… — Exacto, porque no lo soy — siento enojo — ¿Usted cree que no me había dado cuenta de que le gusta tu amiguita esa? — Evangelina, yo… — Cállese — vuelvo a mirarle — No me interesa lo que hagas, Lorcan — le apunto con un dedo — Puedes hacer lo que se te antoje con esa chica o con cualquiera — le miro a los ojos — Pero te recuerdo que tenemos un pacto que honrar, un pacto que beneficia a tu familia y a la mía — su rostro cambia a uno de seriedad — Ambos sabemos que este show de la pareja adolescente es solo teatro, pero no voy a permitir que me dejes en ridículo — presiono mi dedo contra su pecho — No permitiré que conviertas mi nombre en un chiste al “Engañarme” con Betty la Fea — No la llames así — Te recuerdo que ustedes están obligados a cumplir con el trato a menos que quieras ver a tu familia exiliada y quien sabe qué más — Lorcan traga hondo — No puedo creer que seas tan tonto… — Y yo no puedo creer que seas tan vacía — ¿Qué…? — Lo único que te importa es tu imagen de princesa y ser perfecta y llegar a ser reina y que todos te respeten y veneren — niega con la cabeza — Pero no te importa nada más ni nadie más que tú misma y ese objetivo — me mira con enojo — No te importa condenarme a una vida infeliz, porque lo que te importa es que el mundo siga pendiente de tu linda historia de romance adolescente y que nadie diga que te pusieron los cuernos, no quieres esa vergüenza, y terminar conmigo públicamente no es una opción para ti porque todo en tu vida debe de ser perfecto y llegar al matrimonio con tu primer y único novio como tus padres, porque no vas a dejar que la prensa ponga en tela de juicio tu honra y pureza y todas esas estupideces que te importan… — niega con la cabeza — Espero que nunca te enamores de verdad Evangelina, porque ese día todo en tu mundo se desestabilizará…
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