Pastelitos de Terciopelo Rojo

4270 Words
Capítulo 7 Sábado 10 de setiembre de 2022 — Antes de ir a cenar Bien… me cuesta un poco admitir esto, pero supongo que debo de hacerlo. Yo, Evangelina Vaelgaeron, princesa heredera al trono de Isteris, debo de admitir que Derek Ravenswood hizo de mi día algo muy placentero ¡En el buen sentido de la palabra! Primero, me hizo pasar del terror extremo a no poder contener la risa cada vez que recordábamos cómo cada vez que nos vemos siempre uno termina tacleado por el otro. Sigo sosteniendo que no es mi culpa, cualquiera hubiera actuado de la misma forma si hubiese tenido la más mínima sospecha de que se iba a iniciar un tiroteo ¡Y menos mal me equivoqué! Porque prefiero mil veces el regañó que me gané por parte de Ana Rose por hacer que los ancianos obtengan el derecho de una ración extra de flan, a tener que presenciar una masacre. Segundo, también tengo que admitir que, una vez que convives con Derek Ravenswood, el chico del arete deja de ser tan atemorizante. Verle siendo tan paciente y amable con los ancianos mientras les hacía pintar cualquier cosa con pinturas al óleo ¡Incluso dejaba que le mancharan el rostro por diversión! ¡Y él sonreía! Ese ser humano es capaz de sonreír ¡¿Quién lo diría?! Pero es verdad. No puedo creer que el mismo chico que me insultaba cada dos por tres y me trataba como si yo fuese la persona más desagradable del mundo, sea el mismo chico que guiaba a ancianas noventonas para que pudieran pintar flores y las hacía sonreír. Durante lo que quedó del voluntariado, fui su asistenta, lo que significa que tuve que pasarle el material a cada uno de los viejitos quienes de vez en cuando me alagaban con palabras acerca de mi bonito rostro y Derek me sonreía cuando lograba escucharlos. No puedo creer que Derek Ravenswood haya hecho de mi día algo hermoso. Luego tomamos una pequeña merienda, él cargaba consigo un cuaderno y unos lápices, estuvo dibujando mientras comíamos flan y un par de sándwiches de huevos ¡Y de verdad me dio su flan! ¡Cumplió su promesa! Es como si Derek Ravenswood fuese dos personas en un solo cuerpo, uno es el chico que se pasea malhumorado por la escuela y el otro es aquel chico que sonríe e intenta que todos se le unan en su risa y que se le ve en todo el rostro lo mucho que disfruta lo que hace. Jamás había visto esa expresión en nadie que conozca, ha sido algo surrealista. Lastimosamente, después de que el voluntariado terminó, él no quiso acompañarme a almorzar junto con mis amigas y supongo que entiendo el por qué. Tan pronto como salí del acilo de ancianos, mientras cruzaba la plaza principal de Bellcliff, divisé a Lorcan y a Christiana, sentados en el pasto conversando amenamente. No quise interrumpirles, pero era inevitable que caminara delante de ellos, lo que provocó que Lorcan se levantara de forma apresurada, haciendo que Christiana rodase a un lado y terminara ensuciando su camiseta con salsa de tomate. Mi novio se ofreció a acompañarme al encuentro con mis amigas, disculpándose con su amiga por tener que dejarla sola y luego se fue conmigo y pasó el resto del día conmigo. Me gustó mucho poder pasar varias horas a su lado, me hizo recordar el pasado, esas bellas tardes que solíamos pasar en el Castillo de Pravalon. Así que supongo que, por ese momento, Derek no quiso acompañarme. Esto último me deja pensando en algo y es algo que me preocupa un poco. Este día no solo me ha hecho conocer un lado de Derek que al parecer no muestra con facilidad, sino que me ha dejado entrever que entre él y Lorcan sucede algo y es malo. Es decir, al principio Lorcan me quiso convencer de mantenerme lejos de Derek porque, según él, era peligroso y podía llegar a hacerme daño debido a que es partidario de una secta que acabo de confirmar que sí existe y que quizá siga activa. Derek no hizo mucho como para que esa imagen que tenía de él no le diera la razón a Lorcan, pero con lo que ha ocurrido en el último par de días entre nosotros, me hace dudar de sus palabras. Es decir, apenas llevamos unas cuantas semanas desde que inició el año escolar y apenas dos días de “Llevarnos medianamente bien”, es muy poco tiempo como para que confirme a cabalidad que Derek Ravenswood no es una persona mala o peligrosa, sin embargo, hay algo en él que me hace dudar de las palabras de Lorcan y eso mismo es lo que me hace darle vueltas a lo que Derek me dijo sobre Lorcan mientras caminábamos por los pasillos del acilo. El chico del arete dijo que no conozco a mi novio, que no sé de lo que es capaz y que ha cometido atrocidades. No me especificó qué atrocidades, pero después de las pocas cosas que Lyn me ha contado sobre Derek Ravenswood, sobre cómo fue acosado por algunos alumnos solo por ser pobre, me hace dudar de todo lo que sé. Es decir, Derek y Lorcan ya han pasado todo un año escolar juntos, compartieron aulas, pasillos ¡El castillo entero! Todo lo que haya sucedido en su primer año en Cordelia, sucedió en mi ausencia, así que no puedo afirmar qué es verdad y qué es mentira ¡Y eso me estresa! Soy menor que ellos por un año, un año entero de situaciones cuya información es escasa. Me estresa no saber si lo que Derek dijo es verdad ¿Lorcan sería capaz de acosarlo solo porque Derek es hijo del conserje? ¿Él sería capaz? ¿Él es esa clase de persona? No sé si sentirme triste al respecto o decepcionada, creo que ambas emociones las estoy sintiendo en este momento y me está carcomiendo por dentro. No puedo pensar en una realidad en donde Lorcan Darlington sea una mala persona, no puedo… *** — ¿Vamos ya a cenar, mi mejor amiga en todo este ancho mundo? — pregunta Lyn, haciéndome sobresaltar — ¿Qué tanto escribes? — Solo lo que me ha sucedido en el día — contesto, cerrando mi diario y guardándolo en mi cajón — Fue un buen día — ¿Lo dices porque pasaste toda la tarde al lado de ese dios griego? Lyn me dedica una sonrisa llena de picardía, ruedo los ojos. — No — me levanto de la mesa — Lo digo porque ha sido un buen día — Pero dime por qué — insiste, engarfiando su brazo al mío — Yo te conté todos los detalles de mi día, de cómo Mitsuki se encariñó con un caracol y lo dejó encima del árbol que plantó para que nadie lo pisara — salimos de nuestra habitación — Y de cómo Anja terminó rodando colina abajo y tumbó a varios chicos de último año, los cuales estaban muy guapos y ahora nos siguen por Snapchat — Oh… — ¿Entonces? — la miro, ella me devuelve la mirada con su enorme sonrisa — Cuéntame — miro al frente — Las mejores amigas del mundo se cuentan de todo — ¿Lo hacen? Pregunto, recordando por alguna extraña razón a Derek y cómo me dijo que tal vez algún día podríamos intentar ser amigos. — Sí, lo hacen — Lyn suelta una risita — ¿Es que nunca te enseñaron cómo tener amigos? — Sí lo hicieron — contesto, aunque en realidad es mentira y, sobre todo, dudo mucho que ese tipo de cosas se enseñen — Pero mis amistades y yo realizamos actividades totalmente diferentes para demostrarnos amistad — ¿Cómo qué? La miro, sintiéndome algo incómoda. — Lina… Lyn me dedica una mirada inquisidora. — Evangelina Le corrijo por enésima vez. — Nunca has tenido amigos ¿Verdad? — No he dicho tal cosa — No necesitas hacerlo, leo entre líneas — sonríe — Bueno, me alegra poder ostentar el título de tu primera amiga — ¿Existe un título para ello? — ¡Claro que sí! — se abraza a mi brazo, sonriendo como siempre — Ahí están Anja y Mitsuki ¡Chicas! — Al fin se aparecen Se queja Mitsuki, creo que es usual en ella el quejarse. — Suki estaba a punto de convertirse en caníbal Bromea Anja. — ¿Por qué siempre se demoran en aparecer? — pregunta Mitsuki, instintivamente miro mi teléfono para comprobar si es efectivamente tarde y no lo es — Hay que establecer un horario para ir al comedor — Secundo esa moción Intervengo, las demás me miran. — Gracias Lina — Evangelina Le corrijo. — Vamos o no encontraremos nada en el buffet — pide Anja, arrastrando a Mitsuki — Ojalá haya pato picante — Y pastel de manzana como postre — Lyn hace un puchero — Cualquier cosa menos ese amargo mouse de chocolate… — Estaba delicioso Mitsuki la mira con malos ojos. — A mí no me agradó Lyn se encoge de hombros. — Yo quisiera más del flan que me ofrecieron en el acilo de ancianos Recuerdo, intentando reprimir mi sonrisa. — Oh por Dios, chicas — comienza a decir Anja — ¡Lina está sonriendo! — Evangelina… Corrijo por enésima vez, frunciendo los labios con todas mis fuerzas. — No puedo creerlo, sí eres capaz de sonreír — bromea Mitsuki — ¿Por qué no lo haces con frecuencia? — Sí soy capaz de sonreír — vuelvo a poner los ojos en blanco, las chicas ríen — Y sí lo hago con frecuencia… Nadie dice nada más al respecto, Lyn cambia el tema hacia Bernardo el Caracol y cómo Mitsuki le colocó una calcomanía de carita feliz en el caparazón para reconocerlo el próximo sábado. Oír las historias de las chicas y verlas reír a carcajadas en nuestro camino hacia el comedor me hace sentir algo confundida, o más bien dicho: Incómoda, la verdad es que no sé cómo calificar la forma en la que me siento en este momento. Me hubiese gustado ser parte de esa anécdota, quisiera poder sentirme cien por ciento cómoda con ellas, pero no puedo y no es porque no quiera. Se supone que, como princesa heredera, debería de tener un comportamiento intachable, todo Isteris tiene sus ojos sobre mí, incluso ya salieron noticias sobre el voluntariado que escogí. No puedo darme el lujo de fracasar en algo como mantener mi imagen, y lamentablemente mis compañeras son un trío de chicas muy escandalosas. Quisiera poder sentir la libertad de reír a carcajadas como ellas, pero no se ve bien que una heredera al trono haga tanto ruido en público o se le muestre sonriendo con todos los dientes. Sí sonrío, una sonrisa gentil a las cámaras y a los presentes en algún evento público. Me educaron para tener un comportamiento ejemplar y mantendré esas enseñanzas en alto, no quiero ser un hazme reír como lo ha sido mi padre en muchas oportunidades. — Me encanta este risotto con trufas — Lyn engulle una cucharada de su platillo — Está muy bueno — El pato también Añade Mitsuki. — Recuérdenme que es mala idea tomar sopa cuando el clima aún es cálido — ríe Anja, secándose el sudor de la frente, las demás también ríen — Siento que mi interior se ha convertido en un sauna — Pues el pastel de papa está exquisito — asiento con la cabeza — Tiene el perfecto balance de ingredientes — En el Castillo de Pravalon debes de comer exquisiteces más exquisitas ¿Verdad? Pregunta Lyn, la miro con confusión. — ¿Exquisiteces exquisitas? — Valga la redundancia Suelta una risita, luciendo algo avergonzada. — Démonos prisa para terminar la tarea de biología — pide Mitsuki, dándole una cucharada a su postre — ¿Terminaste con la investigación? — Sí, la coloqué en mi bandeja — contesta Anja — Me voy a adelantar — se levanta de la mesa, dándole una última cucharada a su sopa — Nos vemos en la sala de Virginia Woolf — Sí, ve con cuidado Lyn agita la mano. — Nosotras también deberíamos de apresurarnos — termino mi pastel de papa — Tenemos mucha tarea que terminar — Quisiera que no dejaran tanta tarea — protesta Mitsuki — Esos chicos de último año que Anja derribó — Lyn suelta una risita — Dijeron que la noche del primer día de voluntariado, todos se adentran un poco en el bosque para ver luciérnagas y quería hacerlo — se cruza de brazos — Pero estamos hasta el cuello de tareas — ¿Y si mejor vamos al bosque? Propone Lyn. — Pero tenemos tarea Le recuerdo. — ¿Y…? — me dedica una sonrisa traviesa — Mañana es domingo, podemos tomarnos todo el día para estar encerradas en la biblioteca y acabar con todas las tareas pendientes — Además, ya tenemos adelantado el ensayo de literatura y la investigación de biología — Mitsuki coloca las manos en posición de rezo — Vamos, Lina, haz algo divertido por una vez en tu vida — Evangelina — le corrijo — Y sí hago actividades divertidas — Pues entonces hazlas con nosotras — Si tanto desean asistir al evento de las luciérnagas, háganlo — me levanto de la mesa — Yo iré a Virginia Woolf y terminaré mi tarea — A veces me desesperas Se queja la chica, cruzándose de brazos y esbozando un puchero. — Déjala… — pide Lyn, sonriendo con incomodidad — Podemos ir las tres sin Lina — me mira — Ve a terminar la tarea, nosotras pasaremos una divertida noche de sábado — sonríe con genuinidad — ¡Será una noche de sábado entre amigas! — Mitsuki también sonríe — ¡Noche de amigas! — celebra — Avísale a Anja — ambas se levantan de la mesa — Nos vemos Lina, nosotras iremos al bosque — Evangelina… Contesto en un susurro, sintiendo una punzada en el pecho, la misma que sentí hace unos instantes. Quisiera poder hacer lo mismo que ellas, pero tengo responsabilidades y ellas no tienen que cargar con ese peso. Momentos como estos son los que me hacen desear el ser como cualquier otra persona, una que no tenga que preocuparse por tener un historial de notas impecable, pero no puedo, no se puede, no existe magia alguna que me pueda librar de ser quien soy. Salgo del comedor, las chicas no están por ningún lado, quizá ya están en el bosque viendo luciérnagas al lado de guapos chicos de último año, pasándola genial, quizá comiendo alguna botana alrededor de alguna fogata como se ve en las películas. Salgo del castillo y continúo mi camino hacia la residencia Virginia Woolf, bordeando el bosque, cruzándome con muchas personas sonrientes yendo al encuentro de una celebración de la que no seré participe. Soñé por años con venir a esta escuela, debería de estar disfrutándolo y sí lo hago, pero creo que no estoy haciéndolo de la mejor manera. No obstante, no puedo hacer nada para cambiar aquello. Soy la princesa heredera al trono, algún día mi cabeza portará una corona que me convertirá en la persona más importante de este país y deberé de cumplir con el deber que se me fue asignado el día de mi nacimiento, no puedo ser menos que perfecta, debo de demostrarle a millones de personas que soy verdaderamente merecedora del puesto. Tal como dijo Derek en su momento, no puedo andar por la vida pensando que todo en mi vida será de cierta forma porque se supone que así debe de suceder porque seré reina; debo de ganarme el derecho a portar esa corona, demostrarle a cada uno de los isterianos que el nacer como heredera no significa nada, pues día a día me esfuerzo para ser un ejemplo para ellos, una persona intachable. Hoy sacaron una noticia sobre mi primer día de voluntariado ayudando ancianos y según mi institutriz, ha tenido muy buena aceptación, tal como lo supuse; la prensa publicará mis logros y mis fracasos, debo de hacer todo lo posible para que solo publiquen mis logros. Así que no puedo desperdiciar mi tiempo con luciérnagas o tonterías, debo de hacer todo lo posible por pasar a la historia como una princesa perfecta con un historial perfecto… — Niñata… niñata… ¡Cuidado, idiota! — ¡Ah! Pego un salto, chocando contra el pecho del chico del arete. — Creí que ya teníamos superado tu problema de caminar con la cabeza en las nubes Me mira con enojo. Lleva su cabello castaño rubio suelto, lo cual hace que se le perfile el rostro y le haga lucir muy atractivo. No puedo negar que Derek Ravenswood me parece atractivo, sacudo la cabeza para alejar esos pensamientos inapropiados. — Y yo creí que habíamos superado su problema de llamarme de formas poco respetuosas — No me digas — sonríe, cruzándose de brazos, tiene una bolsa de papel en una mano — Que yo recuerde, me dijiste que podía llamarte como desee — Eso no significa que me puede insultar — le miro cono enojo — ¿Quién se cree usted? — Derek — contesta con un encogimiento de hombros, mi enojo aumenta — En serio niñata, camina concentrada en este mundo, uno de estos días pisarás una trampa para osos y terminarás sin una pierna — ¿Trampa para oso? — el chico comienza a caminar, le sigo — ¿Hay trampas para oso en el bosque? — Hay animales carnívoros en el bosque — contesta — Y para nuestra mala suerte, la escuela está ubicada al lado de este extenso y frondoso bosque lleno de animales que podrían comerte… — ríe — ¿Te asusta? — No — contesto, intentando mantenerle el paso — Pero escuché que esta noche habría un evento en el bosque y mis compañeras de estudio han decidido ser partícipes de dicho evento — explico — No quiero que ninguna de ellas se quede sin pierna — Wow… sí les tienes algo de cariño — el chico del arete suelta una risita sarcástica — Creí que solo te juntabas con ellas porque no tenías de otra y que te importaban un comino — ¿Un comino? — le miro sin entender — No quiero que les pase nada malo… — Descuida — seguimos caminando, acercándonos al borde del bosque — Las trampas están lo suficientemente lejos, justo en el borde de la propiedad de Cordelia — Oh… — Sí, así que no te preocupes por tus amigas Nos adentramos un poco en el bosque. — ¿Usted no participará en el evento de las luciérnagas? — Oh… claro que lo haré — contesta con un asentimiento de la cabeza, su sarcasmo es palpable — Es más, traje pastelitos de la Tetera de Emily — alza la bolsa — Qué te parece si hacemos un festín entre los dos, podemos usar mi delantal como manta para que no ensucie su muy cara y fina ropa, su “Niñatez” — Su sarcasmo es filoso — el chico suelta una risita — Pero acepto lo del festín con pastelitos de la Tetera de Emily — suelto una risita, el chico niega con la cabeza — Pero no pienso sentarme en el suelo… — Solo bromeaba… — dice — ¿Planeas seguirme toda la noche? — Usted ofreció pastelitos — contesto con un encogimiento de hombros — Mis favoritos son los de vainilla con crema de malvavisco encima — Pues lo siento, solo tengo de terciopelo rojo y no planeaba repartirlos — Usted es poco generoso — No lo soy — Claro que sí, es egoísta — camino con cuidado por entre los árboles — No quiere ofrecerme ni uno solo de sus pastelitos — el chico me ignora — En serio quisiera uno, no comí mi postre porque me fui rápido del comedor para poder terminar mis tareas… — le miro — ¿En serio no me dará ni uno? — pregunto — No lo pido porque piense que deba de darme uno de sus pastelitos porque soy una princesa, sino porque… — me detengo — Dijiste que podíamos ser amigos — el chico se detiene — Y si algo he aprendido de Lyn en estos días, es que los amigos comparten — Tú en serio eres irritante — se gira a verme — Nuestra conversación de esta mañana no significa que quiera tenerte cerca todo el tiempo, deja de acosarme — No le estoy acosando — ¡Claro que lo haces! — pego un salto — ¿Crees que no me he dado cuenta de que la loca de tu amiga pelirroja me observa como si fuese una muy mala espía? — mi corazón comienza a latir a toda velocidad — Y ahora no dejas de seguirme ¡Déjame en paz! — ¡¿Qué le hice como para que me quiera lejos?! Me le acerco, sintiéndome nuevamente enojada. — ¡Nada! ¡No has hecho nada! — se lleva las manos a la cabeza — ¡Solo molestarme desde el primer día! ¡Maldición! — ¡Dijiste que no me odiabas! — ¡No te odio! — ¡¿Entonces por qué me tratas mal?! — ¡Porque por tu culpa terminé aquí! — abro al máximo los ojos — ¡¿Eso querías escuchar?! — ¿Qué…? — Antes de que vinieras a esta escuela, antes de que el imbécil de tu novio viniera a esta escuela, cuando los idiotas de sus hermanos aún estudiaban en Cordelia… — su rostro luce desencajado, incluso en la oscuridad puedo notar su expresión de profunda tristeza y odio — Yo… todos ellos… — mira a un lado — Era su víctima preferida — completa finalmente — El niño hijo del conserje que vivía en una cabaña al lado de la escuela y que de vez en cuando se encargaba de hacer mandados para los alumnos… — baja la mirada — Pero un día, unos imbéciles creyeron que sería muy divertido fastidiar al conserje y arrojar comida desde su ventana, justo encima de mi padre… — me mira — Al fin y al cabo él tendría que limpiarlo y sabían que él no podría hacer nada en su contra… — ¿Por qué? — Porque eran amigos de los reyes de Isteris… — contesta — El nombre de ese imbécil era Magnus Darlington, el mayor de los Darlington… — ¿En serio…? — Después de aquella vez, se propuso hacer de la vida de mi padre un infierno — respira hondo — Al principio eran bromas como derramar agua o ensuciar el piso cuando veía a mi padre limpiando los pasillos, luego comenzó a tratarlo como un esclavo, exigiéndole que pase una y otra vez el trapero por el suelo hasta que él decidiese que el suelo estaba lo suficientemente limpio — suelta un bufido — Luego comenzaron los insultos y si mi padre le decía con total amabilidad y respeto, que ya había limpiado, ese imbécil le propinaría una bofetada o le quitaría el trapero para lanzarlo lejos y gritarle por su atrevimiento — ríe con amargura — Porque cómo podía mi padre atreverse a contradecir a alguien como Magnus Darlington, un aristócrata que no perdía la oportunidad para presumir que algún día toda Isteris sería de su familia — mi interior comienza a temblar — Ese lunático convenció a todos los de la casa Charles Dickens de hostigar a mi padre… — respira hondo nuevamente — Y así lo hicieron — No puedo creerlo… — Pues créelo, mi padre tiene una cicatriz en la ceja provocada por uno de esos altercados, le golpearon con una escoba en la cabeza solo porque sí… — aprieta los puños con fuerza — Aparecieron de la nada y lo golpearon solo porque sí… porque podían… porque no los expulsarían, solo les darían una advertencia… porque a la perra de Vilma Wildingham solo le interesa el dinero y el estatus y expulsar al hijo del mejor amigo del rey, cuya familia ha sido elevada al nivel de aristócratas pese a no tener ningún título, no le dará ese estatus, así que mi padre debía de aguantar todo el maltrato — Pero tú no lo soportaste… Nos miramos fijamente. — Tenía siete años… — contesta — Magnus Darlington y sus compinches estaban empujando a mi padre, yo ya estaba harto de ver cómo maltrataban a mi padre y entonces… — respira hondo — Tomé una piedra y se la lancé a la cabeza, le impactó en la nariz, se le rompió, tengo buena puntería — suelta una risita — Magnus Darlington nunca me lo perdonó e hizo de mi vida un infierno desde entonces — comienzo a temblar — Puso a toda la residencia Charles Dickens en mi contra e infundió miedo en los demás alumnos, aquel que intentase ayudar tendría mi mismo destino, ser la víctima de ese lunático… — niega con la cabeza — Y todo empeoró cuando Cadmus Darlington ingresó a Cordelia, porque instauró las “Novatadas de Charles Dickens” — ¿Novatadas? — Los alumnos de primer año que terminen en esa residencia tienen que realizar una novatada… — ¿Cuál es la novatada…? — ¿En serio quieres saber? — Sí… Contesto, mirándolo fijamente a los ojos. — Bien… — se da media vuelta — Sígueme niñata… — ¿A dónde? — A mi cabaña — contesta — Lo que te mostraré debes de verlo a la luz de las velas…
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