POV LENA La tarde se estira como una cuerda demasiado tensa. Una cuerda que sé que tarde o temprano va a romperse, pero no pienso permitir que sea sobre mí. No otra vez. No después de lo que pasó en esa sala hace una semana. No después de escucharlo negar lo que vivimos, negar lo que dijo, negar lo que sentí. No después de verlo convertirse en alguien que no conozco. O peor: tal vez esa es la versión real, y yo fui la ingenua que se enamoró de un espejismo. Sí. Enamorarse de Rio Dirztan fue mi error. Abrirle el corazón fue mi error. Abrirle las piernas… bueno, eso fue una estupidez aún más grande. Y no voy a repetirla. Jamás. Pero aun con esa determinación férrea perforándome el pecho, el dolor sigue ahí. Lento. Profundo. Sordo. Como un moretón interno que no puedes masajear ni igno

