POV LENA Dejo el vaso sobre la mesa baja y me inclino apenas para tomar el encendedor. El gesto es mínimo, pero cuando regreso a mi lugar el sillón ya no es el mismo. Rio se ha acomodado de otra forma, más abierto, más relajado, y su brazo ahora descansa a lo largo del respaldo, justo detrás de mí. No me toca. No lo necesita. El calor está ahí, constante, como una pregunta que no exige respuesta inmediata. Enciendo el porro, inhalo despacio y siento cómo el aire se vuelve más blando, más amable, menos áspero en la cabeza. —Te juro que esta ciudad me cae mejor así —digo, soltando el humo de lado—. Sin agendas, sin teléfonos vibrando cada cinco minutos. Rio sonríe sin mostrar dientes. Es una sonrisa ladeada, tranquila, que no intenta ganar nada. —Ámsterdam tiene ese efecto. Te convence d

