POV LENA Han pasado casi dos meses desde que tomé esta maldita asignación, y empiezo a sospechar que no fue mi cerebro el que aceptó el trabajo… sino mi estupidez. Rio Dirztan es exactamente el tipo de hombre que mantiene a una mujer en guerra consigo misma: arrogante, provocador, imposible, y por alguna razón—que me niego a analizar—adictivamente desafiante. Y lo peor es que… funciona. Funciona cuando se cruza de brazos y me mira como si supiera algo que yo no sé. Funciona cuando se me acerca demasiado para corregirme algún detalle idiota. Funciona cuando su voz baja a ese tono insolente que me enciende los nervios. Funciona cuando se ríe de mis límites. Funciona cuando discutimos y sus ojos grises chispean como si disfrutara verme perder la paciencia. Y funciona, para mi desgracia, p

