Octavio
La imagen de una niña de pelo castaño, y ojos color chocolate, no salía de mi cabeza toda la noche, esa niña era Ana, se veía tierna con su nerviosismo parecía que la llevaba a su primer día de clase, esa imagen me produjo una ternura, que no pude resistirme en darle consuelo.
¡Que me pasaba!, esa reacción me saco de mi zona de confort.
La primera semana, la veía como una empleada que tenía un trabajo que cumplir, no voy a negar que me hizo gracia verla caer con esos tacos, o como se alegró de ver su habitación, y todo un día se puso a ver películas junto con su perro y gato y les hablaba como si esos animales le entendieran, ella no sabía que la observaba, porque cuando estaba en mi presencia se trasformaba a una chica tímida solo teníamos contacto en el desayuno y cena parece que le gustaba hacer las labores del hogar, aunque le ofrecí que contraria a alguien para que la atendiera, ella se reusó, solo Mirian va a ayudarle de vez en cuando.
—Ya deja de mirarla parece que te la quieres comer —dijo Edgar.
—¡No me la quiero comer!!! Solo veo como se comporte, esta noche es crucial
—Ok, pero no te has apartado ni un momento, si no te conociera diría que ella te interesa.
—No me hagas reír solo observo que no cometa errores.
—Digamos que te creó— dice con una sonrisa discreta— pero arreglada no se ve mal, podría servirme por una noche.
—Es que tus gustos amigo, no son tan refinados como los míos. — digo mientras bebo un wiski, pero tuve una leve molestia en su comentario.
Mis padres Thomas y Bárbara no le tomaron mucha atención, los saludamos y nada más ya mi padre sabía mi plan y de seguro se lo comunicó a mi madre, aunque su relación siempre fue fría siempre tenían una buena comunicación, frente a la sociedad eran la pareja perfecta, pero yo sé que sólo son compañeros.
Nunca los pude ver siendo cariñosos uno con el otro eso para mí es lo más cercano al amor. Al final de la noche, de ida a mi departamento, la note más tranquila. Cuando ya me dirigía a mi habitación, Ana me detiene jalando de mi saco.
—Mmmm Octavio tengo algo para ti mmm por tu cumpleaños —dijo con tanta dulzura en su voz que solo me hizo dar una pequeña sonrisa —Me lo dijo la señora Mirian— ya más relaja, se fue a la cocina trayendo consigo el famoso pastel, realmente parece una niña, ponía unas tres velas, las encendió con un fósforo no dejaba de sonreír, quería decirle que solo los niños hacen ese tipo de cosas, pero por alguna razón no quería estropear el momento.
—Listo, pide un deseo — sonríe.
—Primero tienes que cantarme el feliz cumpleaños —le digo de broma, pero de repente empieza a cantar.
Su voz era muy dulce, creo que realmente parece una niña, tiene 25 años, pero tiene el rostro de una niña, al principio pensé que mentía, pero al comprobar su acta de nacimiento no mentía.
Sin darme cuenta del tiempo, ya había soplado las velas, y comido un pedazo del pastel, cuando Ana se despidió, se dirigía a su habitación no pude evitar preguntarle.
—Y a ti ¿Qué te gustaría que te regale para tu cumpleaños? como te tomaste la molestia de prepararme esto— señalo el pedazo de pastel que todavía tengo en mi mano — es 25 de diciembre, así que tendré que darte doble regalo— digo un rápido parezco un adolescente que se está declarando por primera vez.
—En realidad ese día no es el día de mi nacimiento, lo pusieron porque ese día me encontraron en el orfanato, y la verdad no me gusta ese día —dice con tristeza en su mirada.
—¿Por qué?
—Porque es el día que me abandonaron.
—Pero ¿tienes otro día que te gustaría festejar? — digo, debería dejarlo así, pero tengo curiosidad.
—Si
—Bien, ese día lo festejamos ¿Qué fecha es?
—No te lo puedo decir, es secreto —sonríe como si estuviera recordando algo —gracias, pero no es necesario, buenas noches.
«Es una niña misteriosa».