Alessia Rhys
La cabeza me da vueltas y siento como si mi cuerpo no me perteneciera, me resulta imposible mover cualquier parte de mi cuerpo.
Lo último que recuerdo es estar en aquella fiesta bebiendo una cerveza, recuerdo haberla bebido mucho más rápido de lo normal por lo molesta que estaba de ver a Caesar hablando con esa mujer.
Me comencé a sentir mareada y Liam me ofreció llevarme a otro lugar hasta que me sintiera mejor, después de eso todo se volvió oscuro y ahora esto, estoy en un lugar desconocido.
— ¿Cómo te sientes? — Pregunta Caesar, está sentado a mi lado, su rostro se ve algo borroso, pero sin duda reconozco su voz y su aroma.
— ¿Que suce...ouch. — Me quejo al sentir un pinchazo de una aguja en mi mano, hasta ahora me doy cuenta de que estoy en un hospital con una bolsa de suero conectada a mi cuerpo. — ¿Que sucedió?
— No necesitas recordarlo, todo está bien ahora. — Acaricia mi cabello con delicadeza.
Los recuerdos llegan a mi mente de forma desordenada, había un gran escándalo, Caesar golpeando a un tipo, recuerdo a Liam llevándome a una habitación, por más que intente pedirle que no lo hiciera las palabras no salían de mi boca, después, su cuerpo pegado al mío, su boca sobre la mía, mi estómago se revuelve de solo recordar la importancia que sentí en ese momento, quería gritar y defenderme pero mi cuerpo no respondía.
Las lágrimas comienzan a brotar de mis ojos, cubro mi rostro con los brazos,me siento avergonzada ante Caesar.
— Todo está bien ahora, me quedaré contigo, no te dejare sola.
— El.... él y yo..
— NO. — Responde rotundo. — Ni siquiera lo digas, nada de lo que estas pensando paso.
Guarda mis manos entre las suyas, hasta ahora me doy cuenta de que tiene sangre en los nudillos y algunas heridas abiertas.
— Tus manos. — Intento cambiar de posición pero aún no tengo suficiente fuerza.
— Estoy bien, no tienes que preocuparte, no es mi sangre.
— Estás herido, tienes que atenderte.
— Ahora lo más importante eres tú, se que esto es difícil pero, tienes que poner una denuncia.
— Caesar yo..no
— Ese imbécil te drogo para después intentar violarte, no puedes dejarlo así.
— No quiero que nadie se entere de esto, tu más que nadie tienes que prometerme que no le dirás nada a papá, a nadie.
Se que está molesto por mi decisión y por obligarlo a mentir, pero estoy tan avergonzada que no creo ser capaz de ver el rostro de las personas si se enteran de lo que pasó.
Nos quedamos en silencio, solo siento sus manos acariciando las mías, el llanto se detuvo pero la vergüenza continúa.
La puerta se abre de golpe y Melissa entra corriendo con el rostro horrorizado.
— No puedo creer que no me avisarás que Alessia estaba en el hospital. — Reclama a Caesar mientras camina en dirección a la cama donde me encuentro. — ¿Estás bien linda? — Aleja a Caesar de mi lado y acaricia mi cabello.
Si Meli no sabe lo que sucedió probablemente nadie más en la fiesta lo sepa.
— Ella está bien, pusieron algo en su bebida y comenzó a sentirse mal, es todo. — Explica Caesar a medias, porque la verdad es mucho peor.
— Esos bastardos, perdón linda tendría que haberse dicho que no aceptes bebidas de ellos. — Se disculpa.
— Y tu, ¿en qué carajos estabas pensando al golpear a ese tipo de esa forma? ahora mismo está en el hospital debatiéndose entre la vida y la muerte, es de lo único que se habla ahora.
Mi corazón se acelera, si ese tipo muere Caesar estará en problemas, no importa si el tío Mike es el mejor abogado, Caesar tendrá que cargar con la muerte de una persona y todo por mi culpa.
— No tienes que gritar, lo hizo por mi. — Explico intentando defender a Caesar de las acusaciones de Melissa.
— ¿Él fue el tipo que puso la droga en tu bebida? me imaginé que se debía a la rivalidad que hay entre ambos desde que Caesar le robó el puesto en el equipo.
— No quiero que ninguna de ustedes dos se meta en esto. — Sentencia Caesar con rudeza. — ¿Entendido? — Exige una respuesta.
Ambas asentimos con la cabeza, ver a Caesar molesto es algo que sin duda te deja sin palabras.
— Queda con ella. — Pide a Melissa. — voy a llamar a la enfermera.
Después de unos largos minutos la enfermera aparece seguida de Caesar.
— Voy a retirar el catéter para que puedas irte a casa. — Explica la enfermera. — Puedes sentir un ligero pinchazo, asegúrate de tomar muchos líquidos en casa. — Me acerca una silla de ruedas para llevarme hasta la puerta del hospital, lo cual agradezco aún me siento demasiado devil como para caminar.
Intento ponerme de pie una vez en la puerta pero Caesar me lo impide, me cubre con su chaqueta, me rodea con los brazos y me levanta casi sin hacer esfuerzo.
— Puedo caminar, no tienes que....— me callo cuando noto su mirada rígida, no importa lo que diga ahora no lo podré convencer.
Nunca antes había estado en brazos de Caesar, pero es una sensación cálida y reconfortante, mi cuerpo se amolda perfectamente entre sus músculos, hasta cierto punto me siento culpable por disfrutarlo, no debería sentirme así, un leve recuerdo viene a mi mente, de Caesar sacándome en brazos de la fiesta entre luces y gritos, su voz llamándome y apretándome a su pecho.
El auto de su amigo espera en el estacionamiento del hospital.
Pensé que entrando al auto se alejaría de mi pero no lo hizo, me sento a su lado y me ofreció su hombro para recostarme.