La sala de mi casa estaba completamente destrozada, esos vándalos habían golpeado a Rick hasta dejarlo inconsciente y voltearon mis pertenecias patas arriba para intimidar. Luego de irse, mi esposo despertaría quejándose de el dolor en sus costillas mientras tose un poco abrazándose a sí mismo. Levantarse, le costaría una barbaridad, pero lo lograría apoyando su espalda contra la pared imitando a una oruga hasta conseguir ponerse de pie observando todo el desastre que esos sujetos ocasionaron en la casa.
— ¿Y ahora, que le diré a Julieta? — se preguntó preocupado tapándose la boca con la palma de su mano — Ya se me ocurrirá algo, necesito dormir un poco más.
Continuó su camino tambaleándose en todo el trayecto hasta su cama. El muy descarado tuvo el cinismo de irse a dormir como si nada mientras mí sala estaba totalmente destrozada, cuando eran mis cosas las que yacían rotas en el piso, todos los electrodomésticos de la casa los había comprado yo con mucho esfuerzo y sacrificio esclavizada semana tras semana tras una computadora en esta empresa en la que trabajo.
Al mismo tiempo yo veía directamente el reloj en la pared esperando que marcara la hora de el almuerzo, estaba muriendo de hambre deseando ir cuanto antes al comedor para saborear esa exquisita comida de la cocinera Gissel, esos ricos canelones con queso mozzarella que tanto me gustan. Sola falta un minuto para tener mi merecido descanso diario, la manecilla de el reloj parecía no tener prisa en llegar al número doce, era como si esa pequeña aguja de acero pesara una tonelada. Es muy extraño como el tiempo parece correr mucho mas lento cuando miramos los segundos pasar, es todo un misterio de la vida. Así como todo lo que podemos hacer en un minuto.
— ¡Vamos tú puedes! — le digo mentalmente al minutero dándole ánimos para llegar a la hora tan esperada.
Finalmente llegó, eran las doce del mediodía y mi apetito debía ser saciada por una sobredosis de comida italiana. Me gusta acompañar mis almuerzos con los chismes más destacados de el día, por eso, mi amiga Patty es indispensable en todas mis jornadas con las actualizaciones de el día. Es por eso que siempre me espera para comenzar nuestra acostumbrada sesión informativa.
Repentinamente llega a mí, el recuerdo que olvidé mi monedero con todo mi dinero, tarjetas y divisas. Eso cayó sobre mí como un balde de agua fría, ese diminuto infarto fue muy parecido a el que nos da cuando tocamos nuestro bolsillo y no sentimos el teléfono celular, pero en este caso era peor porque mi mayor miedo se hacía realidad. Desesperada, reviso todas las gavetas de mi escritorio, al igual que todos los orificios existentes en mi cartera. Lamentablemente era cierto, me había quedado sin dinero para comprar el almuerzo ¿ahora qué haré? Seguramente moriré de hambre, y antes muerta que pedir fiado en el comedor, o prestado a mis compañeros de trabajo, eso seria verdaderamente vergonzoso para mí. Así que opto por quedarme encerrada en mi oficina, luego les diré que tuve demasiado trabajo y no me alcanzó el tiempo para salir a comer. Pobre de mi estómago, hace muchos ruidos extraños, es como si me reclamara por no darle lo que quería, pero lo siento pequeño, así es la vida. Bienvenido al mundo real. Bueno no queda de otra, supongo que aprovecharé el tiempo para adelantar todo el trabajo que tengo atrasado. De momento mi jefe irrumpe nuevamente en mi oficina inesperadamente sorprendiéndose mucho al verme aún laborando mientras todos los demás se encuentran almorzando.
— ¡Julieta! Yo la suponía en el comedor de la empresa — cerró la puerta y continuó.
— Si jefe, es solo que tengo demasiado trabajo y quería aprovechar el tiempo para entregar todo perfectamente — mi interior lloraba al recordar lo desafortunada que era realmente.
— Eso me encanta, y te admiro muchísimo. Eres la asistente perfecta — con eso provocó que me sonrojara hasta en los lugares más recónditos de mí ser — pero no todo puede ser trabajo, muchas veces nos merecemos también un buen descanso, nuestra paz mental es muy importante.
— La constancia hace la excelencia, querido jefe — le dije mientras fingía escribir en la computadora.
— Necesito recompensar esa entrega tuya para con nosotros, mmm ... Ya sé, te invitaré a almorzar ¿qué dices?
— ¡Dile que si! ¡Dile mil veces que si! — decía mi cerebro en complicidad con cada parte de mi cuerpo que palpitaba de emoción sin poder creer lo que estaba sucediendo.
— Lo siento señor Beliar, como le dije, estoy muy ocupada con mi trabajo atrasado. De verdad me encantaría, pero me temo que no puedo — respondí, ganando el desprecio contra mí misma.
— Por favor Julieta, insisto. Te prometo que será solamente media hora — colocó sus imponentes brazos sobre mi escritorio ¿qué mujer en su sano juicio podría resistirse a eso? ¡Qué injusta desventaja!
— Está bien señor Beliar, ya que lo coloca de ese modo — me levanté de el asiento disimulando el temblor en mis piernas y caminé hacia la puerta que él mismo abría para mí.
— Después de usted — extendió caballerosamente su brazo señalando el exterior. No tienen la más mínima idea de cuanto me costó no comérmelo a besos en ese instante.
Una vez fuera, él marcaba la ruta caminando con paso seguro mientras que yo no tenía idea a dónde iba, pero les juro que ese aroma me hubiera podido llevar al fin del mundo si lo quisiera. Pasamos justamente frente al comedor, y allí justamente estaba mi amiga Patty quién me miraba atónita con la boca abierta en su totalidad, disimuladamente yo le hice la universal señal de "¡Yes!" gozando profundamente mi éxito. Creo que lo más difícil de una primera cita siempre es tener que fingir que eres una persona normal, que no estás completamente loca, y que no jodes por todo, eso sin duda es lo más difícil. Llegamos al estacionamiento dónde él hizo parpadear las luces de su elegante automóvil, tal vez para alardear e impresionarme ¿cómo que si eso hiciera falta? Ya estaba totalmente seducida solamente con mirarlo abrir la puerta de su vehículo para mí, no lo podía creer, todo era un sueño, seguramente una de mis recurrentes fantasías para escapar de la realidad, pero un golpe en la cabeza al inclinarme para abordar el coche, me haría saber que todo era muy real.
— ¿Estás bien Julieta? — se acercó a mí un poco preocupado.
— Estoy bien, no se preocupe jefe. No fue nada — dije aguantando las ganas de llorar sintiendo mi cráneo fracturado.
— Perfecto, entonces... ¡Allá vamos! — el automóvil comenzó a moverse haciéndome sentir en las nubes.
Recorrimos cuatro cuadras, hasta llegar a un extravagante restaurante repleto de personas muy elegantes en un ambiente muy relajado y refrescante. Los cubiertos plateados, los pulcros manteles adornando las mesas, las tenues luces a medio brillo, y esa hermosa fuente justo en el medio de el salón, hacían un estupendo trabajo llenando de esplendor mi mirada fascinada con tanta belleza, incluso la pecera con luces led, era perfecta para darle al lugar un toque único de distinción.
— Buenas tardes, señor Beliar ¿mesa para dos? — preguntó un refinando mesonero parado firmemente frente a mi jefe.
— Exactamente Julio, ya sabes cuales me gustan — sonrió dejando ver esa dentadura blanca y perfecta dentro de su boca preciosa.
— Perfecto, si son tan amables de seguirme por acá — caminó delante de nosotros indicándonos el lugar donde debíamos sentarnos.
Noah Beliar, siendo un completo caballero retraería la silla un poco para que me sentara, haciéndome sentir como toda una princesa. El también tomó asiento y abrió el menú que yacía sobre la mesa para saber que podíamos ordenar. Yo también abrí el menú para comenzar a ojear los platillos. La comida de los millonarios, es muy extraña, son pequeñas porciones de vegetales servidos estratégicamente para que el plato se vea elegante, y cuestan una verdadera fortuna. En mi mente solo podía pensar que ninguno de esos platos saciaría toda el hambre que sentía en ese momento, pero debía ser educada, ser lo más fina posible en ese lugar, después de todo, estaba viviendo la cita de mis sueños, debía aprovecharla al máximo, posiblemente esa sería la única oportunidad que tendría con Noah Beliar en toda mi vida.
— Te recomiendo el filet mignon, es espectacular. También el risotto que preparan en este lugar es exquisito, no, yo diría mejor, ambrosía de dioses — yo no entendía de que diablos hablaba, pero aún así, asentaba con la cabeza sonriendo hipócritamente.
— Si usted lo recomienda, es porque es muy bueno seguramente, jefe.
— Por favor Julieta, no estamos en la empresa. Aquí puedes llamarme Noah, con confianza — sugirió amigablemente.
— Muchísimas gracias entonces por la invitación... Noah — no se lo dije en ese momento, ni tampoco se lo diré jamás, pero mi corazón sintió una felicidad tan enorme, que pude sentir fuegos artificiales salir de mi pecho al mejor estilo de Katy Perry en su vídeo musical.
Increíblemente, puedes estar viviendo el mejor momento de tu vida al frente de un hombre, y este difícilmente lo notará. Supongo que es por su limitada forma de ver el cuerpo de una mujer, o su extraña simetría en la que están conectados su cerebro, corazón, y pene. No sé, solamente puedo asegurar que comenzaba a sentir que todo iba demasiado rápido.. Y eso me encantaba.
— Bueno Julieta, como te decía. Las acciones de la empresa han comenzado a subir un dos por ciento anualmente desde que decidimos incursionar en el mundo de los ataúdes modernos, siempre es importante para toda compañía mirar al futuro .... Bla bla bla — él comenzó a hablar de muchas cosas sobre la compañía para la cual trabajamos, las cuales sinceramente no me importaban. Yo solamente tenía atención para poner en sus hermosos labios que se movían tan ágilmente provocando que mi imaginación volara.
Comencé a hacerme preguntas como Si el doctor Christian Grey tenía cincuentas sombras ¿cuántas tenía Noah Beliar? Miraba sus abultados brazos y me preguntaba Si así son las ramas ¿como será el tronco? De esa manera comenzaba a dejarme llevar una vez más por mis pensamiento directamente a ese mundo de fantasía en el rincón más inhóspito de mi cabeza, imaginándome desnuda parada frente a él en una habitación oscura mientras tengo una venda tapando completamente mi visión, mi sexi y atractivo jefe comienza a darme nalgadas con manos duras como rocas porque fuí una niña muy mala, continua haciéndolas rebotar porque le encanta, comienzan a ponerse rojas con sus dedos marcados como si se tratara de su firma, su huella dejada en mí como evidencia de que soy suya, solamente suya. Su boca sensual se acerca a mí oído erizando cada vello de mi cuerpo al rozar la piel de mi mejilla con su varonil barba para pronunciar mi nombre con su dulce y atractiva voz... ¡Julieta! ¡Julieta! ¡Julieta!
— ¿Julieta? ¡Hey! — agita su mano frente a mí sin obtener ningún resultado, y es necesario un chasquido de sus dedos para hacerme volver de ese mundo mágico de fantasías.
— Si, jefe. ¿dígame?
— Dejaste caer tu tenedor al suelo, creo que cayó debajo de la mesa — dijo cuando finalmente reaccioné, agachándose debajo de la mesa para buscarlo — tranquila yo lo busco.
— ¡No! Tranquilo jefe, yo lo busco — me incliné al mismo tiempo que él para también buscar el tenedor.
Pero contrario a cualquier tenedor, me encontraria de frente con esos ojos azules tan imponentes mirándome fijamente a la cara, su mano había quedado sobre la mía por una cuestión de inercia, mi corazón latía aceleradamente con una revolución incontrolable como si tuviera un martillo eléctrico en el pecho taladrando para salir, todo empeoró cuando lo ví acercándose a mí levantando sus labios para besarme. No sabía que hacer, entré en pánico interno, e hice lo primero que se me ocurrió.
— ¡Aquí está el tenedor! — dije levantando el cubierto frente a él provocando que se detuviera inmediatamente.
— Si, si claro. Que bien — sonrió apenado subiendo nuevamente a la mesa.
Yo me quedaba allí odiándome a mí misma, mi cerebro le ordenaba a mí mano que me apuñalara en el pecho, no podía creer la maravillosa oportunidad que había desperdiciado sin tan siquiera saber porque, el corazón de una mujer es el rompecabezas más enigmático de la naturaleza, es un mar de secretos tan denso, que muchas veces a nosotras mismas nos cuesta trabajo entender la razón por la cual hacemos la cosas. Luego de eso el almuerzo continuó de manera normal, ambos fingimos que ese momento bajo la mesa nunca sucedió, y de ese mismo modo terminó.
Esa tarde después de el trabajo regresaría a mi casa odiando mi existencia, mis pies pesaban una tonelada y mi autoestima estaba por el suelo. Solamente pensaba en llegar para tomar una buena ducha con agua muy fría e irme a la cama para que este día finalmente terminara, pero al abrir la puerta casi escupo mi corazón debido al susto tan grande que me llevé, mi amada casa estaba hecha un despojo mientras mi esposo yacía sobre la cama muy golpeado ¿Qué diablos había sucedido aquí?