Lo único que pudo escuchar después de todo, fue la palabra linda salir de los labios de Julián.
En ese momento, no puedo hacer otra cosa más que sentirse completamente avergonzada.
—Eso... es muy lindo de tu parte —dijo ella, sintiendo en cualquier momento se desmayaría de la vergüenza.
—Tú eres linda —dijo de repente, sorprendiéndola y no pudo evitar sonreír.
Lía levanto una ceja.
—¿Estás coqueteando conmigo..? —quiso saber ella.
—Puede ser —confesó él mientras se encogía de hombros y se alejaba hacia la salida.
Lía, tomó su billetera y corrió a paso torpe, detrás de Julián.
El mismo sonrío, para su sorpresa la esperó. Ambos comenzaron a caminar a través del campus. Lía, se pellizcaba los dedos un poco nerviosa sin saber muy bien.
¿De qué manera iniciaron la conversación?
—¿Cuál es la materia que menos te gusta? —preguntó de repente Julián.
—Creo que no lo sé.
—Alguna materia no te tiene que gustar.
—Es... que me gustan todas. Me gusta mucho la matemática y la física. Al igual que la química, obviamente estoy estudiando ingeniería química.
—Te ves inteligente, vas a ser de las pocas personas que van a pasar.
—Lo dudo. De igual forma...
—¿De igual forma qué? —quiso saber el.
—De igual forma me encantaría tener la oportunidad: de poder aunque sea recibirme al paso que yo pueda.
—Tienes razón, creo que lo más importante es ir al ritmo de uno mismo.
—Lo es. Pero bueno. A veces las personas de alrededor te presionan, mis padres me presionen para que pueda recibirme a tiempo. Pero es una carrera muy difícil. Ellos no entienden eso y tal vez piensen que no estoy dando lo mejor de mí; cuando lo esté dando todo.
—Tu ve a tu ritmo sin importar lo que digan los demás —dijo Julián.
Ella sintió un poco triste, sintiendo que a veces no era lo suficiente.
Al llegar al comedor, pudieron darse cuenta de que estaba repleto. El único lugar disponible, era una mesa en el que tenían que sentarse los dos muy pegados.
Algo apenada, se sentó para poder guardar lugar. Él se río divertido mientras se alejaba.
Sabía que tenía que sentarse al lado de él, en una esquina, y no había otro lugar. Estaba ansiosa de poder estar junto a él.
Sentir su perfume.
El volumen de su risa, y demás cosas que solamente podía sentir en él.
"¿Cómo se verá su rostro en la luz?"
Mientras más se enamoraba; más se da cuenta de todas las situaciones que podía llegar a experimentar.
El en cuanto se acercó, lo hizo con dos bandejas de comida.
En el día de hoy, iban a comer pollo con arroz.
—Se ve rica la comida.
—Sí, la verdad es que en este comedor dan buen alimento. Incluso tenemos dos postres.
—Sí, dos manzanas —dijo divertidas.
—Dos manzanas —repitió él.
Se sentó, Y dijo:
—Esto está muy bueno —mientras le da un bocado, con su tenedor.
—Es... un pollo rico —dijo ella sin saber muy bien qué decir.
—El rico pollo —dijo mientras daba otro bocado.
Lía procuraba que ningún trozo de pollo se saliera de su boca. Procuró usar los cubiertos, con ímpetu.
—Al diablo los cubiertos, este muslo hay que comerlo con la mano. Así sabe mejor ¿No crees? —propuso al ver que Lía, comía con preocupación.
—Ja, ja, tienes razón.
—Brindemos —dijo Julián de repente Mientras ella estaba por terminar su comida.
—Brindar —repitió y añadió:— ¿Por qué brindaremos..? —preguntó.
—Porque estamos comiendo juntos —dijo Julián.
—Y con la mano.
—Y con la mano.
Ella asintió divertida. Chocaron sus vasos; en ese momento se sintió feliz punto de conocer a alguien a un chico y que le presta atención de verdad.
En la noche, mientras sus padres se habían ido a dormir. Lía, tenía su teléfono enfrente.
—¿Le escribo o no le escribo?