Julián le había pasado su número de teléfono para que ella le marque y así guardarlo.
Pero no sabía muy bien que poner, qué mensaje decirle.
¿Acaso tendría que ponerle: Hola?, o tal vez suene muy indiferente. Un Cómo estás, Tal vez no sea lo ideal. Y se le ponía que era ella directamente, tal vez una muy desesperada.
—No le escribiré.
Frustrada, dejó el teléfono a un lado de la mesita de luz, sus ojos comenzaron a cerrarse poco a poco. Hasta que el sueño le ganó y simplemente se quedó dormida.
***
Se había esmerado mucho en la vestimenta del día. Tenía puesto un jeans uno que le quedaba muy bien al cuerpo y un suéter ajustado.
El sol apenas salía, y sus bostezos también llegaron temprano.
Se sintió bien, siempre era de esas personas que usaba ropa holgada más bien sencillas.
Pero, había querido producirse un poco para él.
—Espero que te guste Julián.
Después de estar lista, corrió tomando una tostada de la mesa; mientras su madre la regañaba por no desayunar bien.
Unos minutos más tarde, ya finalmente estaba frente al salón. Ingresó.
Pudo sentirse un poco observada por los demás, pero no le importo. Lo único que puedo importarle, fue los ojos puestos de Julián en ella. Pero a diferencia de las veces anteriores, desvió la vista y miró hacia otro lado.
"¿Acaso tan cambiada estoy que no me reconoció?"
Lía, se sintió un poco confundida con la actitud de Julián. Sin embargo no dijo nada.
Se sentó en el lugar de siempre, y saludo a Karen.
—Siento un poco raro a Julián —confesó de repente, mientras que las dos estaban terminando un trabajo práctico.
Había pasado una hora, ni siquiera había volteado a verla como en otras ocasiones.
—¿Por qué? —preguntó Karen.
—No me ha visto ni una sola vez, además no me ha saludado —dijo un poco triste y añadió:— ¿acaso estoy fea..?
Apoyó su frente en la mesa.
—Estás preciosa; incluso los chicos están viéndote a cada rato. Puedes elegirte otro —murmuró con gracia
—Me siento mal —murmuró cob sinceridad —por favor mátame —suplicó.
—¡No exageres! Él tal vez tuvo un mal día y por eso no te mira, solo espera que te diga algo él.
Lía se enderezó en el asiento.
—No le mandé un mensaje, tal vez se haya ofendido por eso —señaló Lía preocupada.
—Puede ser, tal vez piense que no tienes interés en él.
—¡Soy una torpe!, tuve que haberle enviado un mensaje. Pero no sabía muy bien que mandarle. Así que después me quedé dormida y no le escribí nada.
—No te preocupes seguramente... se pasara.
—Sí, tienes razón.