Lo primero que hago al llegar a casa es practicar la obra melódica que el profesor Marcus había encargado. Lo una, dos, tres veces. La repito sin parar. Solo en ese momento cuando las notas vibran y traspasan mi piel es que desconecto del mundo y me olvido de todo lo demás. Me adelanto a mis pensamientos, pongo en pausa mis decisiones y alejo a un lado mis preocupaciones. Solo soy yo, cuerdas y el sinfín de notas que juntos creamos a mi alrededor. Respiro hondo haciendo un último esfuerzo antes de terminar. Unos segundos más. Solo unos segundos más. Cuerdas resbala de mi mano cuando finalmente termino y dejo de tocar. Con una mano me aferro a su madera mientras con la otra me apoyo en la rodilla. Tiemblo. Mis brazos tiemblan, mi pecho tiembla y mi respiración es irregular cuando inten

