15 minutos. 900 segundos. 730 pasos. Ese es el tiempo aproximado en donde todo debe estar listo y empacado en el carro—incluida yo—antes de que mi padre pise la esquina que da a la casa. Lo repito para no olvidarlo. 15 minutos. 900 segundos. 730 pasos. Como puedo llego al final de corredor, abro la primera puerta en diagonal al cuarto de mi padre y entro en lo que llamo habitación. Digo “Llamo” porque en verdad parece de todo menos una habitación. Camisas sucias, bolsas de dulces, libros desordenados, papeles arrugados y algunos olores misteriosos me saludan al entrar. Arrugo la nariz. Siempre que llego a esta parte de la historia me imagino a mi trazando el comienzo de la misma, sintiéndome tan libre como el protagonista de la película travel by road. Repitiendo en mi ment

