Llevan allí adentro como una hora, no entiendo por qué se tardan tanto. En realidad, solo espero que Damián salga, para intentar que me diga algo, que me explique lo que sea. Estoy por levantarme del sillón de la sala de estar hacia la cocina cuando veo que todos los cuatro hombres bajan por las escaleras. Ezequiel y el otro no me dirigen la vista y solo se van, David, se pierde al entrar a la cocina y Damián viene de inmediato hacia mí.
—En serio lamento todo eso. No sabía que estabas con mi padre y mucho menos que ellos iban a llegar justo en ese instante.
—No te preocupes. Son animales, Damián. Parece que necesitan correa —ambos reímos.
—Bueno, parece que sí. En serio, no me gusta que te falten al respeto o te deseen con solo una mirada, aunque tal parece es inevitable, ¿cierto?
—Sí, lo sé.
—¿Qué sabes? ¿Qué no me gusta que sucedan ese tipo de cosas?
—No, que es inevitable —contesto. Damián ríe levemente.
—Aún así, odio que tengas que escuchar esas cosas.
—Tranquilo, está bien —le sonrío—. Ahora cuéntame, de qué hablaron tanto.
—Jess….
—Damián… —le hago pucheros—, en serio, ni siquiera voy a entender la mitad de lo que me digas y estoy aburrida. Solo cuéntame, lo que quieras, cualquier cosa, pero cuéntame.
—Está bien. Habrá un cargamento mucho más grande de lo usual; entre drogas y armas. La mitad es de mi padre y la otra mitad es de Alex. Ezequiel y el otro, en compañía de Brandon, harán la entrega. Es mucho dinero y clientes… excepcionales.
¿Quién carajos le confiaría dinero, armas y coca a un tipo que se ve cómo Ezequiel?
—¡Vaya! Entonces es algo muy importante y serio.
—¡Lo es! Sobre todo, para Alex. Ha estado un poco quieto —contesta.
—¿A qué te refieres?
—Sus finanzas no han estado del todo bien, de hecho, aun no lo están y es justo por eso que no había podido invertir más dinero, entonces esa mercancía lo es todo para él.
—¿Qué pasaría con él si algo sale mal? Bueno, con ambos, tu padre y él.
—Para cualquiera sería una perdida muy grande, un padre que mi padre podría reponer rápidamente, pero Alex no. Si eso no sale bien significaría mucho tiempo para él sin invertir.
—¡Vaya! Por eso siempre está tan de mal humor —Damián ríe a carcajadas.
—Él es así, es… difícil de conocer.
—¿Ustedes se llevan bien? Nunca los he visto, ya sabes, hablando en verdad.
—Como te digo, es complicado, pero no nos llevamos mal.
—Bueno, al menos me contaste una buena historia.
—No hemos hablado de cómo te has sentido aquí, ni si quieres cambiar algo o…
—Todo está bien. Estoy contigo, estoy feliz. Estoy para ti —él sonríe y me abraza y carajo, como amo sus abrazos.
Le he robado un cigarro a Damián de la mesa de noche y he salido a fumarlo, en la parte de atrás de la casa como aquel día. Cuando voy llegando al sitio noto que no soy la única que ha decidido salir a fumar. Me detengo junto a él y enciendo el cigarrillo.
—Te ves estresado, ¿lo estás? —él no responde nada y sigue fumando—. Creo que te comió la lengua el gato.
—¿Desde cuándo tú y yo hablamos? —contesta con una pregunta después de expulsar el aire.
—Desde que se te hace tan sencillo la empatía y comunicación con otras personas… ¡carajo! Eso no se te hace fácil, así que sí, tienes razón tú y yo no hablamos. De hecho no hablas nadie, eres tan solitario —Alex ríe antes de responderme.
—¿Qué sabes de la soledad? Oh bueno, tal vez si lo sabes, pasas más tiempo sola que con el chico por el cual te escapaste.
—¿Cuál es tu puto problema con que me haya escapado? Pareces tener algo en contra de eso. Fue mi decisión, mía. ¡Ni siquiera sabía de tu existencia cuando la tomé! ¡no seas tan putamente egocentrista! —Alex me mira, deja escapar el humo y vuelve a reír.
—Ya estás más respondona. Es lo que hace vivir aquí —yo ruedo los ojos y sigo fumando—. A todo eso… una chica de más o menos tu edad va a venir en un par de días. Es importante para mí y sería… perfecto que la ayudaras —ahora es mi turno de reír.
—¿Qué chica en su sano juicio se metería con alguien como tú? —Alex ríe.
—Todas —contesta mirándome intensamente de pie a cabeza. Lanza el cigarro al suelo, lo pisa y se va.