Una semana antes…
Justo como me dijo Alex aquel día en la parte trasera de a casa mientras ambos fumábamos. Una chica rubia y delgada se baja de una camioneta que ella misma maneja. Al bajarse, dos hombres se bajan de la parte de atrás con sus maletas. Ella se baja con una sonrisa reluciente, de esas que contagian enseguida. Es en realidad una chica muy bella.
En cuanto Alex sale de la casa ella corre hacia él como en las películas a lo que Alex la alza por los aires con una sonrisa. Es la primera vez que lo veo tan feliz y reluciente, la primera vez que lo veo con alegría real plasmada en su rostro. No esa mascara de sarcasmo que siempre lleva encima. Un par de segundos después la deja en el suelo de nuevo.
La chica se acerca a Damián y lo abraza fuertemente.
—¡Hola! ¿cómo has estado? —él se separa de ella y le sonríe.
—Hola, Betany, muy bien. Es genial que estés aquí. Te presento a Jessica, mi novia.
Betany, me observa con una sonrisa que devuelvo y luego me tiende la mano en donde descansa sobre sus uñas una bonita manicure. Yo le agarro su mano y le sonrío sin mostrar mis dientes.
—Hola, es un gusto —susurro.
—Soy Betany, soy la hermana de aquel grandulón de allá —señala a Alex a lo que yo me quedo de piedra al escuchar la palabra hermano. De inmediato miro a Alex que me sonríe con burla al ver mi cara. Me hizo creer que era su novia, su amante o su cogida fija, pero en realidad es su sangre, es su hermana.
—Betany se va a quedar aquí por unos días mientras se instala en Miami —Alex se acerca hasta nosotros pasándole el brazo a su hermana por la espalda.
Betany parece tener mi edad, aunque tal vez sea un año mayor que yo por el hecho que conduce. Es alegre y muy sofisticada. Al verla, noto que trae ropa de diseñador, uñas acrílicas, cabello arreglado, lo que me lleva a pensar que antes de todo esto, ellos siempre fueron de buena familia. Lo que me parece sumamente interesante.
—Puedes enseñarme la casa si quieres —me dice la rubia a lo que yo sonrío.
—Sí, claro, vamos.
Ella eufóricamente me toma de la mano a lo que yo le lanzo una mirada a Damián quien solo se burla. Ambas entramos a la casa, le enseño la planta baja, la cocina, el comedor, la sala de estar. Los cuadros, los estantes, a lo que ella solo observaba y me observaba. Hasta que parece no poder contenerse más y hace lo que probablemente había estado esperando.
—Lamento si suena un poco atrevido, pero ¿cómo te conociste con Damián?
—Nos cruzamos en Miami. Luego él me buscó.
—¡Claro! Eres muy bonita. Mi hermano me dijo que te fugaste, eso es… de locos.
Me contengo por no rodar los ojos en cuanto la escucho. Alex se ha encargado de hacerle saber a todo el mundo que soy una chiquilla mala por fugarme.
—¿De locos? Tú tienes un hermano que ya sabes… eso sí es de locos, sin ofender claro. Mi novio también lo es —Betany se ríe.
—Mmm… es complicado, no tenemos padres a los cuales rendirles cuentas. Solo abuelos, que ya están un poco viejos y no viven aquí.
—Lo siento, no debí…
—No, está bien —me interrumpe—. Damián y su padre tienen una casa muy hermosa.
—Lo es. Esta es la oficina de David, mi habitación y la de Damián y la verdad no sé dónde dormirás tú.
—Créeme, lo último que quiero es dormir.
Cuando estoy a punto de responderle, escuchamos un alboroto abajo, a lo que ambas nos asomamos por el balcón. Noto que la causante del bullicio es Regina, así que bajo rápidamente las escaleras y llego hasta ella. Ella abre sus brazos como si fuéramos amigas de toda la vida y me abraza.
—¡Creí que no vendrías nunca más! —ella niega con la cabeza.
—Arreglé las cosas con David. Volví —mueve sus hombros de manera coqueta hasta que alza su mirada hacia el balcón. Hago lo mismo notando que Betany nos mira desde arriba—. Y…. ¿ésa quién es?
—Es la hermana de Alex. Se quedará un par de días aquí mientras no sé, consigue algo en Miami o algo así —contesto.
—Me parece que la casa se está llenando de chicas jóvenes y bonitas —responde con evidente sarcasmo y enojo en su voz.
—No seas celosa, Regina. Es solo una chica —susurro.
—El burro hablando de orejas —me río—, no puedes negar que es una chica bonita.
—Acabas de reconciliarte con David, tranquilízate. Además… si alguien o algo te estorba, solo te deshaces de el —Regina toma mi barbilla y besa mi frente.
—Perra, eres mi alma gemela —me contesta para reírnos al segundo siguiente. Ambas volvemos a mirar al balcón, pero Betany ya se ha ido.