Me sorprendo cuando Damián se coloca frente a mí, impidiéndome la visión hacia el otro lado del jardín.
—Te ves hermosa —es lo primero que me dice.
—Soy tu hermosa —él ríe y se acerca más a mí, hasta mi oído.
—Mía y no sabes cuanto quiero quitarte esa falda ahora mismo —su voz es gruesa, cargada de deseo.
—Yo no quiero que la quites, quiero que la arranques —Damián vuelve a reír,
—Lo haré, soy el único que puede hacerlo.
—Todos me miran, ¿te diste cuenta? —me acerco hasta su oído y susurro—, no sé porque me pone tan caliente pensar que todos me desean, pero solo tú puedes cogerme.
—¡Carajo! ¿dónde está mi niñita tierna?
—Se ha ido, ahora estoy yo —le guiño un ojo y él toma mi mano.
—Quiero darte algo antes de que empiece todo este alboroto, bueno serán ustedes quienes se lo disfruten porque papá, Alex, los socios y yo, estaremos ocupados.
—¿Ya se llevarán la mercancía?
—Sí, así es —me contesta.
—¿Y qué es eso que quieres darme? —Damián emocionado saca una caja pequeña de su bolsillo. La abre y una cadenita hermosa y muy curiosa sale de allí. Al verla noto que brilla como le demonio.
—¡Dios, Damián! Es hermosa.
Me doy la vuelta para que él la coloque y así lo hace. Cuando cae en mi pecho noto que es…
—¿Es un rubí? —le pregunto.
—Tú eres mi rubí —lo atraigo hasta mí y lo beso, lo beso como si fuera el ultimo.
El camión con la mercancía se fue una hora después de que Damián me diera el regalo. En el asado tomamos fotografías y bebimos mucho alcohol. Es de madrugada, hace unas horas Damián vino al cuarto, estaba duro como roca, me tomó y me cogió como un animal; es lo que más me gusta de él, puede ser ambos, el romántico y el que te lleva la infierno. Ahora está rendido, supongo está cansado, pero yo no, yo sigo despierta, aun tomando y pensando mucho. Pensando en Alex, sobre todo. En su inmensa necesidad de fingir que no le gusto, que no daría cualquier cosa por ser él quien estuviera exhausto sobre esa cama. De hecho, una parte de mí quiere que sea él, sí, Damián puede ser ambos chicos, el malo y el bueno, pero Alex es solo el malo y eso jodidamente sexi.
Estoy medio desnuda, solo con mi tanga, así que me coloco la camisa de Damián, me ato el cabello en un moño despeinado y salgo sigilosamente de la habitación. Camino descalza por el pasillo hasta que estoy frente a la habitación de Alex Sé que está despierto, siempre está despierto; me observa, pero yo a él también, así que abro la puerta sin tocar. Él está tumbado sobre la cama, pero cuando escucha que alguien entró, que yo entré, levanta su cuerpo de la cama.
—Pero… ¿qué haces aquí?
Yo me quedo de pie frente a su cama, sin decirle nada, solo mirándolo, mientras él no entiende qué carajos está pasando, hasta que me ve, realmente me ve. Ve mi cabello despeinado y mis piernas largas, ve mis pezones a través de la tela y sonrío cuando noto que he dado en el blanco.
Pero Alex se levanta furioso, se acerca hasta mí, me toma de los brazos y me aleja de él.
—No entiendo por qué te rehúsas es decir yo sé que quieres cogerme. Sé que lo deseas, me he dado cuenta en cómo me miras, cuando estás a lo lejos y piensas que nadie te está viendo. Lo noto —deslizo mi mano por su pecho descubierto hasta llegar al inicio de su pantaloneta. Meto mis manos sintiendo el calor que de allí emana solo por un milisegundo antes de que él me aleje.
—¡Que te vayas, Jessica! —su voz es más fuerte y debo admitir que me calienta demasiado. Yo me río,
—Quiere cogerme, lo sé y ésta será tu única oportunidad. Estás duro y…
No me deja acabar porque me toma de brazo y me saca bruscamente de su cuarto, se fija que nadie esté viendo y me ve directamente a los ojos.
—¡No vuelvas a hacer eso, jamás! —toma la puerta y la cierra en mi cara, dejándome con una sonrisa.
Lo he comprobado; está loco por mí.