7. Él no debió traerte aquí.

871 Words
Decido acostarme intentando que mi cabeza no explote, que mis manos dejen de temblar y que mi mente solo se quede… estática por unos segundos. Cierro los ojos e intento respirar mejor, sin embargo, la sensación de disipa y sin verlo venir, solo me quedo dormida… Despierto por unos toquecitos en el hombro, al abrir bien los ojos me doy cuenta de que quien desea que despierte es Damián. Ya está bañado, e incluso algunas gotas de agua caen en mi rostro desde su cabello. Huele bien y trae ropa limpia. Intento acomodarme mejor en la cama, a lo que él también lo hace. —Lo siento, no quería despertarte, pero ya es un poco de noche. ¿Quieres cenar o quieres pedir algo? —Solo quiero que me digas qué paso con ese hombre, que me digas si está muerto o no. —No tienes que saber esas cosas horribles, no tienes que saber eso. No quiero que te comas la cabeza pensando en algo así. —Sí tengo que saberlo, porque son cosas que harás. Es que no... —Tú lo sabías, Jessica —me interrumpe—, sabías lo enfrentarías, lo que verías, lo que pasaría al salir de tu casa. Te lo dije, te lo dije muchas veces. —Ya sé lo que pasa. Me decías todo eso para alejarme, porque en el fondo, no creías que yo pudiera hacer eso. Que pudiera huir de mi vida por ti —él baja la cabeza—, ¿en serio? ¿lo hacías para alejarme? —Yo no quiero que te pasa nada, Jessica, no quiero. No quiero esto, no quiero que tengas que ver cosas así, que tengas que vivir así y este mundo cambia. No quiero que te pase eso a ti. —¿Cambia? ¿a las personas? —Sí, a las personas. ¿Crees que mi padre siempre fue así? ¿o Jordan? ¿O Regina? Todos fuimos a nuestra forma, niños como tú. —¡Es eso! Aun me sigues viendo como una niña y ¡No lo soy, Damián! —¡No es eso! Es una forma de decir que todos fuimos niños, todos fuimos inocentes antes de conocer este mundo. La vida así es oscura Jessica, es peligrosa, es viciosa, es una condena. —En toda regla, hay una excepción, Damián y yo no me convertiré en algo que no soy, te lo juro, así que si llego a cambiar en algo, al menos tendrás la certeza de que ese es mi verdadero ser —me levanto de la cama y me dirijo hacia la salida la habitación—. Al menos yo si quería estar contigo sobre todas las cosas. Incluso mi familia. Qué lástima que me digas que no te sentías de la misma forma —salgo y cierro la puerta fuertemente. Al salir bajo las escaleras rápidamente, me cruzo con varias mujeres del servicio y hombres armados que simplemente ni siquiera me ven. Me escabullo entre todas esas personas de las cuales no sé su nombre y probablemente ellos saben todo de mí. Salgo de la casa y llego hasta a un par de metros de la bodega, que está resguardada por dos hombres a la entrada. Noto que en la parte posterior hay una pequeña ventana así que me dirijo hacia allá asegurándome no ser vista. Una voz me grita que no vaya, que no me meta en esta, que simplemente lo olvide y haga como si nada, pero no puedo. No puedo dejar de pensar en aquel hombre y qué pudieron haberle hecho o qué puedo haber hecho él para recibir tal golpiza. Me acerco a la ventana y me asomo por ella silenciosamente. Al primero que veo es a Alex, está fumando mientras observa algo con burla, pero no logro fijarme qué es porque delante de la ventana hay un estante que solo me deja observar por en medio de las rejillas. —¿Está muerto? —pregunta luego de haber expulsado el humo. Admito que el mero hecho de escuchar la palabra me produce arcadas. —Sí, lleva muerto un par de horas. Damián… —al escuchar su nombre me pongo alerta que Alex detiene a la persona que habla. —Sí, entiendo. ¿No les dijo nada? —No —le contestan. —Okey. ¿Está todo listo? —al parecer asienten porque él también lo hace—, perfecto, háganlo. No quiero verlo más. Seguido Alex se hace a un lado al tiempo que comienzo a escuchar quejidos. Como si estuvieran alzando algo muy pesado hasta que noto como abren un contenedor que no había visto, descubro que la cosa pesada, en realidad era el cuerpo del hombre y lo lanzan allí. Los hombres observan el contenido y puedo notar de inmediato de lo que se trata; ácido. Las arcadas vuelven a mí, llevo las manos a mi boca para evitar que éstas se escuchen, pero Alex parece notarlo, a lo que rápidamente me escondo y corro lejos de allí. Al entrar de nuevo a la casa, me meto al primer baño de la planta baja que veo, quedándome solo el suficiente tiempo para abrir la tapa del baño y descargarlo todo.
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