El dolor en su cabeza era arrollador y le costó un siglo abrir los ojos pero cuando lo hizo pudo notar el ambiente que lo albergaba, era una habitación poco iluminada y sucia a más no poder, la única salida parecía ser una pequeña puerta y no poseía ventana alguna. Recordaba vagos momentos de lo último que habló con Cecily pero de ahí en más...nada, sabía perfectamente que todas sus sospechas acerca de aquella rubia eran ciertas, para su desgracia esa loca lo había golpeado y encerrado con fines, para él, desconocidos. Se levantó un poco, sólo para darse cuenta de que sus manos se hallaban firmemente atadas con una soga bastante gruesa que le apretaba demasiado las muñecas hasta llegar al punto del dolor, quiso intentar librarse de ellos pero solo logró lastimarse más. Se sentó en el

