“Te daré todo lo que has soñado, sólo déjame entrar.” En el avión, Leo cayó muerto. Durmió todo el trayecto hasta el transbordo donde todos aprovecharon para comer y charlar un rato. El ambiente estaba un poco deprimido, tenían sentimientos encontrados pues las maravillosas vacaciones habían llegado a su fin. Pasaron las horas entre tiendas comprando recuerdos para sus otros conocidos y familiares, tratando de alejar la sensación de quererse devolver al inicio de su travesía y detener el tiempo. Lo más desagradable fue llegar al aeropuerto en Venezuela, pues los empleados siempre andaban con mala cara y tratándote como si fuese tu culpa de que ellos estuviesen en trabajos que no les apasionaba. Al contrario de los otros países donde, por lo general, los trabajado

