Levanté la vista, mis ojos enrojecidos, pero una pequeña chispa de esperanza se encendió en mi interior. La propuesta de él representaba un salvavidas para mí, una forma de no sentirme inútil, de seguir adelante a pesar del caos. Permanecí en sus brazos durante un largo tiempo, sintiendo su pecho ascender y descender, hasta que ambos nos quedamos dormidos sobre el sofá, abrazados en un silencio cómodo donde nuestros pensamientos desbordantes no encontraban espacio, pues eran ensombrecidos por la paz que experimentábamos. No sabía cuánto tiempo había transcurrido, pero la tranquilidad de la tarde se hizo añicos con el estridente sonido del celular de Nick. Ambos nos despertamos de golpe, buscando su teléfono, nuestras manos moviéndose frenéticamente en busca del dispositivo que sonaba insi

